Inicio COMUNIDAD EN ACCION Presidente del KKL-Argentina: «Lo que más necesitamos como comunidad es que la gente se involucre y se comprometa»

Presidente del KKL-Argentina: «Lo que más necesitamos como comunidad es que la gente se involucre y se comprometa»

Por IG
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Itongadol.- El Keren Kayemet LeIsrael (KKL) viene llevando a cabo diversas acciones y campañas recaudatorias, con especial énfasis a partir de la Masacre del 7 de Octubre, pero también tras la guerra con Irán, que dejó enormes daños en Israel. Al respecto conversó Itongadol con Diego Stern, presidente del KKL-Argentina.

– Cuando hay que ayudar al Estado de Israel, el KKL siempre está presente. ¿Cómo toma el KKL este último ataque de Irán?

– Desde hace 124 años que venimos trabajando para lo mismo. Cada vez que hay un hecho especial, renovamos con ímpetu el esfuerzo y la búsqueda de recursos para atender las necesidades puntuales. Eso hicimos después del 7 de Octubre, eso hicimos frente a los incendios forestales de los últimos dos veranos, y ahora, a partir del ataque de Irán, renovamos también nuestros esfuerzos para colaborar, cambiando según las necesidades el destino de la ayuda que podemos conseguir.

– ¿Dónde está el ADN en la institución cuando hace falta dar respuesta a situaciones como estas?

– Todos los que trabajamos en el KKL, tanto el personal contratado como los voluntarios, de una manera nos empapamos de esta acción que hizo el KKL casi desde 50 años previos a la declaración de la independencia del Estado de Israel. Es algo que está en nuestro ADN, tanto institucional como personalmente, en las personas que somos parte de KKL o de las que fueron parte. Es muy fuerte el mensaje de que casi 50 años antes de que hubiera un Estado de Israel, el KKL ya estaba recaudando para ese Estado. Primero fue a través de la compra de tierras, después fue a través del pushke (alcancía) y el arbolito, que es un símbolo, pero también es una realidad. La donación del arbolito por parte de nuestros abuelos o tíos es lo que permitió transformar un Estado semidesértico en un Estado fértil, con un desarrollo de la naturaleza que no tiene ningún otro Estado vecino. En un lugar totalmente inhóspito, ahora hay bosques, reservorios de agua, circuitos para hacer turismo-aventura, y también hay desarrollo agrícola, exportaciones, generación de empleo, generación de recursos económicos a partir de ese simple y pequeño hecho de donar para un arbolito. Uno más otro más otro, llegamos a 245 millones de árboles plantados. Eso complementariamente con todo el resto de lo que hicimos y hacemos: ambulancias, centros de excelencia y de capacitación, carros de bomberos, muchos refugios, reconstrucción de kibutzim, edificios dañados, ayuda terapéutica y muchísimas otras acciones que fueron financiadas por el KKL gracias al aporte de los donantes.

– ¿Cómo es vivir una institución que tiene ese doble camino del dar tanto y a veces solicitar algo?

– Son necesarias las dos, y son complementarias. No podemos hacer lo que hacemos sin recibir recursos de parte de nuestros donantes, y los recursos no son solo económicos, sino son también de apoyo. Nosotros le agradecemos a la gente y la gente nos dice gracias porque el acto de dar es un acto de generosidad y uno de los actos más bondadosos que existen en la humanidad. Inclusive, el hecho de plantar un árbol es un acto de generosidad porque generalmente no disfrutamos de la sombra ni los frutos de ese árbol. Pero también es cierto que disfrutamos de la sombra y los frutos del árbol que plantaron generaciones anteriores. Cuando uno da con el corazón abierto y el brazo extendido, y lo hace con alegría, eso nos retroalimenta. Eso nos permite lograr los objetivos de cumplimiento de los proyectos que tenemos y también nos retroalimenta en nuestra tarea cotidiana.

– ¿Cómo son las mesas de reconstrucción, por lo cual es tan imperativo ayudar, colaborar y reconstruir?

– Por un lado, las necesidades son cambiantes. Hasta hace dos semanas teníamos un objetivo, que era un camión de bomberos porque hace poco más de dos semanas hubo grandes incendios forestales y necesitábamos ocuparnos de esa solución. Ahora quizá cambiaron las prioridades. Ahora hacen falta ambulancias, hacen falta refugios nuevos, hace falta reparar refugios dañados y hacen falta un montón de otras cosas, que no todas están bajo la esfera del KKL. Obviamente hay muchos edificios destruidos, familias desplazadas… No podemos ocuparnos de todo, pero sí de muchas cosas. Muchas veces nos hablan desde Israel diciendo: «Necesitamos tal cosa para un proyecto específico». Y a veces es al revés: a veces hay gente aquí que se acerca y nos dice: «Me gustaría contribuir para tal situación», y tratamos de buscar un proyecto que se acomode a su deseo.

– ¿Qué pasa con la persona que siempre colaboró, la que nunca lo hizo y la que lo hizo hasta antes la guerra con Irán y tal vez ahora dice: «No, ya lo hice»?

– Desde nuestro lugar, lo que sentimos sobre el que dice “ya doné” es que obviamente somos agradecidos de todo lo que recibimos, pero lamentablemente las necesidades siguen, y aumentan en muchos casos. No es que una vez solucionado un hecho puntual, deja de haber necesidad… Lamentablemente, la guerra sigue, la necesidad de reconstrucción, de reparación, sigue. Para quien dice «ya ayudé”, la respuesta es: “Te agradezco, pero fíjate si podés volver a hacerlo porque el antisemitismo no terminó, la guerra no terminó, la necesidad de arreglar edificios no terminó”…

– ¿Y para el que nunca lo hizo?

– Hay gente que después del ataque de Irán por primera vez nos ha donado. Hay algo que es muy elocuente: cuando vamos a Israel, especialmente después del 7 de Octubre, y vamos con gente de la Argentina, donantes fuertes y no donantes, pero que nos acompañan en algunos de los viajes y ven lo que hacemos o lo que hicieron, la sensación de orgullo es indescriptible… Y quienes no lo hicieron se dan cuenta de que no es algo abstracto, no es algo imposible, porque no hay donación chica. Tenemos gente que dona con mucho esfuerzo económico. Hay gente que destina una suma que es representativa para su economía, y otros no. No juzgamos a nadie. Recibimos todas las donaciones, por más pequeñas que sean, porque además, en la donación no solo hay una entrega económica, también hay una entrega sentimental, emocional. Y esa es muy valiosa también…

– ¿Cuál es el mensaje, como presidente del KKL, para todos los jugadores que hacen a la vida judía en la Argentina: una docente que está al frente de un aula, una familia, un directivo de la comunidad…?

– Lo que más necesitamos como comunidad es que la gente se involucre y se comprometa. Y esto no es solo desde el punto de vista económico, es desde el punto de vista de la acción, de la presencia, de acompañar las convocatorias, los actos; transmitir lo que uno escucha y lo que uno aprendió en una reunión, y transmitírselo a sus hijos, a sus padres, a sus colegas de trabajo, inclusive y hasta más valioso, a gente que no es de la comunidad judía. No solo se trata de la entrega económica, sino de la entrega de tiempo, de corazón, de dedicación, y a partir de ahí es donde nos fortalecemos tanto en Israel como en la Diáspora.

– ¿Cómo se invita a ser parte a gente no judía que apoya al Estado de Israel, pero, tal vez por pudor, no lo hace?

– Hay que involucrarnos cada uno de nosotros, en la oportunidad que haya, para explicarles, invitarlos a un evento o compartir material con ellos. Uno puede hablar desde el impacto medioambiental que desarrolló el KKL, como la necesidad de reconstruir vidas, el esfuerzo que hace Israel como primera línea de batalla frente a un avance fanático religioso. Cualquiera que quiera apoyar al Estado de Israel lo puede hacer y el KKL es un camino para hacerlo. Hemos crecido mucho con gente no judía que, por temas de medio ambiente como por temas de acciones puntuales, algunos van a la iglesia, simpatizan con el Pueblo de Israel, con la causa, con el Estado y con los valores que transmitimos, y eso reconforta.

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