Inicio COMUNIDAD EN ACCION Experta en estrés postraumático de Hadassah: «No creo que alguna vez el 7 de Octubre deje de ser parte de nuestras vidas»

Experta en estrés postraumático de Hadassah: «No creo que alguna vez el 7 de Octubre deje de ser parte de nuestras vidas»

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Itongadol/Agencia AJN.- Shiri Ben-David es la titular del Departamento de Psicología de la Organización Médica Hadassah y una voz autorizada para explicar en profundidad, en diálogo con la Agencia AJN, el fenómeno del trastorno de estrés postraumático (TEPT), que se generalizó a toda la sociedad israelí tras la Masacre del 7 de Octubre de 2023, perpetrada por terroristas palestinos de la Franja de Gaza liderados por Hamás.

— Este «ahora» es muy largo porque ya estamos viendo un proceso… Creo que siempre hemos tenido estrés postraumático aquí. Somos un país que ha conocido guerras e incidentes terroristas y siempre ha habido altas tasas de estrés postraumático. En Hadassah tenemos centros para la resiliencia y clínicas para el tratamiento de traumas, y la experiencia de muchos años. Solo acá, tenemos clínicas para trauma y resiliencia hace más de 20 años… Pero el 7 de Octubre nos sucedió algo que es muy diferente a lo que nos había sucedido antes, en varios sentidos. Uno es la cantidad. No habíamos experimentado tal cantidad de ciudadanos expuestos a un trauma en un solo día, el 7 de Octubre, y todos los meses de combate, sirenas y misiles que le siguieron. Por lo tanto, la cantidad de personas que están lidiando con el estrés postraumático también es mucho mayor a lo que habíamos experimentado… Lo segundo que es diferente es la naturaleza del trauma. En esta guerra, especialmente el 7 de Octubre, las personas estuvieron expuestas a acontecimientos tan extremos como no habíamos vivido antes. Las historias que la gente trajo consigo y sus experiencias y recuerdos no se habían experimentado desde la Shoá, y la amenaza existencial de que realmente pudiera ser posible que no lográramos sobrevivir a eso es algo que no habíamos experimentado desde la fundación del Estado. Y otra diferencia que es consecuencia de ambas es que se trata de traumas que afectan a todos. No hay un solo ciudadano en el país que no conozca a alguien que combata en la Reserva o haya resultado herido, asesinado, evacuado de su hogar o -D’s no lo permita- secuestrado, así que nos concierne a todos. Por eso, no tenemos, como terapeutas, esa distancia entre nosotros y los pacientes que me permita decir: «Bueno, al paciente le pasó algo muy, muy duro. Puedo estar con él y prestarle atención porque no me pasó», sino que nos encontramos en una realidad que a todos les recuerda algo. No solo los psicólogos, médicos, enfermeros y fisioterapeutas, sino todos los que tratan a los pacientes conocen a alguien, y todo es muy perturbador para todos. En este sentido, nos enfrentamos a algo que no habíamos experimentado antes….

— ¿Cuándo empezaron a comprender lo que había sucedido? ¿Qué pasó con los médicos desde el punto de vista psicológico? 

— En mi departamento trabajan 150 psicólogos, en Ein Kerem, (monte) Scopus y algunos en Beit Shemesh. Al comienzo de la guerra éramos 120… Aumentamos mucho porque era necesario, porque debíamos hacerlo… Así que trabajamos mucho juntos. Hicimos muchas capacitaciones nuevas para todos nuestros equipos, especialmente para los más jóvenes: cómo tratar un trauma agudo, cómo tratar un trauma infantil, cómo trabajar el duelo y la pérdida…. Muy rápidamente: el 17 de octubre del 23 se realizó la primera, después de 10 días. Una capacitación de tres días concentrados, en los que dije: «Nadie trabaja, todos se dedican a la capacitación de la mañana a la noche»… Nos ayudamos mucho entre nosotros, hablamos mucho y también les prestamos servicio a todos los empleados del hospital. Cada vez que hay una experiencia difícil en el departamento, nos invitan a hablar con el equipo para analizar lo sucedido. Si a algunos les cuesta más, recomendamos trasladarlos a otra unidad por un tiempo, para que se tomen un respiro… También vemos oleadas, como picos… Así, después del 7 de Octubre, por supuesto, hubo una oleada muy, muy grande de personas que consultaron, pero luego hubo un período en el que no vinieron tantos. Después de cuatro, cinco o seis meses, los reservistas empezaron a regresar a casa y entonces comenzaron sus reacciones. Porque cuando están en batalla, combaten, pero cuando están en casa, de repente ven que no duermen, tienen pesadillas, se enojan con sus hijos…

— ¿Todos los que sufren estrés postraumático lo saben?

— No. Muchas veces dicen: «Desde que fui a la guerra estoy más nervioso», «no duermo tan bien», «no tengo ganas de levantarme por la mañana», «no escucho tantas noticias», «no tengo ganas de hablar con la gente», pero no saben decir que es estrés postraumático.

— ¿Y cómo saben de repente que tienen un problema? 

— Hay varios grupos de síntomas de estrés postraumático. A un grupo lo llamamos «invasividad»: que los recuerdos del trauma me saltan a la mente sin que los invite. Digamos que en sueños o pesadillas por la noche, o de repente tengo un «flashback» y por un momento creo que estoy en el lugar del trauma, por un momento de repente no sé dónde estoy… A eso lo llamamos «invasividad», como que algo invade… Hay otro grupo de síntomas de elusión: no quiero hablar de lo que pasó, no quiero ir al lugar donde eso ocurrió, no quiero contar qué pasó, hay todo tipo de cosas que me recuerdan el acontecimiento, así que no uso uniforme porque eso me pasó cuando estaba de uniforme o no hablo con mis compañeros de batallón porque eso me pasó estando con ellos… Así que evito todo tipo de cosas… Y hay síntomas de excitación, como si el cuerpo estuviera en alerta. Digamos que reacciono por todo: hay ruido, reacciono; escucho una ambulancia, me pongo en alerta; cierran la puerta de golpe, me pongo tenso. Estoy más nervioso, más alterado… Son como reacciones del cuerpo… Y hay reacciones que están en la cognición: no estoy concentrado, me distraigo fácilmente, me cuesta tomar decisiones, me siento lento, como si todo fuera lento… Todos estos son síntomas de estrés postraumático… Puede haber personas que solo tengan algunos, así que no tienen un TEPT completo, pero tienen síntomas. Eso también se puede tratar… 

— ¿Se dan cuenta solos o alguien se los dice?

— A veces el entorno se lo dice… La esposa le dice: «Algo no anda bien, quizá deberías ir a que te revisen»… O vuelve a la Reserva y su comandante le dice: «No sos el mismo de antes, quizá deberíamos ir a que te revisen». A veces la gente, los buenos amigos, se lo dicen. A veces la misma persona no sabe decir que es estrés postraumático, pero sabe que algo no está bien, entonces va a preguntar. Y nosotros lo difundimos muchísimo en los medios y las redes sociales… También creo que algo bueno -si puede decirse así- que pasó desde la guerra es que la gente siente que es mucho más legítimo hablar de la salud mental. No ocultarlo, ni avergonzarse, ni pensar que «tengo que ser fuerte porque soy un combatiente y si esto me afectó, entonces algo anda mal conmigo»… Así que hablan mucho más… Cuando terminan su servicio, todos los reservistas tienen algunos días para procesar sus emociones antes de ir a casa. Deben hacerlo… El Ejército entiende que deben hablar y entonces profesionales ponen atención: «Aquí hay alguien que no habla mucho, hay factores externos»… Entonces lo ayudan…

— ¿Tienen una cifra de cuántas personas vinieron a atenderse?

— En total, vimos a miles, pero algunos vinieron una única vez, otros para una internación psiquiátrica, otros vinieron porque tenían alguna lesión física, pero cuando los ingresamos, vimos que también necesitaban un tratamiento mental, y otros vinieron para recibir tratamiento durante seis meses, un año o un año y medio, así que el tipo de tratamiento que brindamos es muy, muy amplio y diverso. Días atrás hubo un enfrentamiento en el Líbano, cayeron varios soldados y otros tantos resultaron heridos. Ya en la sala de emergencias llamaron a un psicólogo para que viera a un soldado herido que había tenido una reacción muy dura. Esa intervención fue suficiente: se recuperó bien, le dieron herramientas y le dijeron que su reacción era normal. Regresó (al frente) unos días después porque no necesitaba nada más…

— ¿Trabajan individualmente o en grupo?

— Hay grupos de todo tipo. Digamos que puede haber un grupo muy general sobre habilidades de autorregulación: a gente que se enoja con mucha facilidad, reacciona fácilmente, muy ansiosa, se le enseñan todo tipo de herramientas para controlar sus reacciones. Asisten a cinco o seis encuentros grupales, aprenden juntos, practican juntos. Es genial… Y también hay grupos muy específicos. Por ejemplo, en Rehabilitación, en Monte Scopus, tuvimos un grupo solo para soldados heridos del servicio regular. Tenían 18, 19, 20 años… Necesitaban estar con sus compañeros… Un grupo para esposas y parejas de reservistas heridos porque lidian con muchas cosas… Hubo un grupo solo para comandantes, sobre la culpa… Realmente se requiere mucha reflexión y planificación… En Rehabilitación hay un grupo especial de preparación para Iom Hazicarón (Día de Recuerdo de los Caídos), que es un día muy traumático, para soldados que hayan perdido a alguien… Así que se trata de siempre pensar en qué se puede beneficiar más a un grupo.

— ¿El 7 de Octubre estaba en el hospital?

— El 7 de Octubre estaba de campamento, en el desierto. Era el final de la festividad de Sucot, Simjat Torá. Estábamos de vacaciones con los niños y el pronóstico del tiempo decía que llovería. Teníamos una carpa y había unas lonas  Le dije a mi esposo (el viernes) a la noche: «Pongamos la carpa debajo de la lona, si llueve, la necesitaremos en medio de la noche». Me dijo: «No, todo el equipo, todas las cosas…». Le dije: «No quiero levantarme por la noche bajo la lluvia». Así que movimos toda la carpa debajo de la lona… A las 6:30 de la mañana escuché trueno. Se los señalo y le digo: «¿Ves qué suerte tenemos de habernos movido a la lona? Hay truenos». Presta un poco de atención y me dice: «No son truenos, son misiles desde Gaza»…  

— ¿Dónde estaban exactamente?

— El cráter Ramón… No era cerca de nosotros, pero escuhamos: «¡Boom! ¡Boom!» … Empezó el lío… ¿Qué hacemos? Al principio dijimos: «Otra ronda en Gaza, pasa cada tantos años…». Pasó un tiempo hasta que entendimos lo que estaba pasando, y entonces, no sabíamos… «¿Nos quedamos aquí? Estamos en una carpa. No hay un refugio, no hay nada. Una carpa en medio del desierto… Pero tampoco podemos viajar a casa, todo el camino está lleno de misiles… ¿Qué hacemos?». Y entonces lo llamaron a mi esposo y le dijeron que lo habían llamado a la Reserva y que su Reserva era en Gaza. Así que dijimos: «No hay alternativa, debe llevarnos a casa para viajar»… Viajamos a casa bajo los misiles, él se fue a la Reserva y lo vi después de tres meses… El domingo llegué aquí   . Se sentía como si la guerra estuviera dentro del hospital. Por un lado, llegaron un montón de heridos y personas con ataques de pánico, y por el otro, muchos de nuestros empleados fueron llamados a la Reserva. No teníamos hombres… Muchos trabajaban en la Reserva y muchos eran esposos de trabajadoras de la Reserva y los niños no tenían escuela ni jardín de infantes por la guerra, así que estaban con ellos en casa. Yo también dejé a mis cuatro hijos en casa y vine aquí. Fue una sensación muy extrema de caos, la más extrema que he sentido en mi vida…

— ¿En qué momento está Israel ahora?  

— Estamos en un momento en el que todavía hay muchísima incertidumbre, y la incertidumbre es muy perjudicial para la salud mental. La gente necesita saber, necesita control sobre su vida… Entonces, por un lado, todo está más tranquilo, la mayoría del tiempo no hay sirenas, la mayoría de los reservistas ha regresado a casa… Así que, por un lado, ahora tenemos la oportunidad de tratar a la gente porque ya no está en una situación de supervivencia, por lo que puede tomarse tiempo para ocuparse de sí misma. Entonces, ahora tenemos muchas consultas en las clínicas de trauma porque de repente las personas tienen un poco de tiempo para pensar: «¿Qué me está pasando? Quiero volver a mi vida y de repente entiendo que no puedo»… Por otro lado, no ha terminado… La guerra no ha terminado: hay soldados en Gaza, hay soldados en el Líbano, hay soldados en Siria… A cada momento: «habrá guerra con Irán», «no habrá guerra con Irán», «hay acuerdo», «no hay acuerdo», «guerra de dos días», «guerra de un mes»… En la experiencia de la gente, todavía se está dentro de un trauma y para nosotros, una parte muy importante del tratamiento del estrés postraumático es decir: «El trauma ha terminado»… Siempre señalamos cuándo ha terminado el trauma para una persona porque «post» es «post», es después, y no se puede tratar el estrés postraumático cuando se está dentro del trauma. Puedo decirle a una persona: «Tu servicio en la Reserva ha terminado» o «El tiempo que estuviste en un refugio cerrado con terroristas afuera ha terminado» y sobre eso se puede trabajar en el tratamiento, pero es muy difícil señalar dónde termina cuando una parte aún continúa… Trabajo aquí hace 22 años, así que he estado en muchos períodos de actos terroristas y atentados, pero un atentado duró cinco minutos y terminó. A una persona que llega con estrés postraumático después de un atentado, le digo: «Se terminó. Podés volver a viajar en colectivo. Podés volver a dar vueltas por la calle. El acontecimiento terminó»… Este acontecimiento no ha terminado… Es muy, muy complicado tratar el estrés postraumático cuando el trauma aún persiste…

— ¿Cuántos años deberán pasar hasta que pueda decirse que una nueva generación no sufre este trauma? Cuando estos niños se conviertan en abuelos o padres, ¿se acabará?

— No estoy segura de tener una respuesta… Pienso en mis abuelos, que fueron sobrevivientes de la Shoá. Ambos llegaron de Ucrania. ¿Mis padres lo superaron? No, mis padres crecieron dentro del recuerdo de la Shoá. Yo, que nací 30 o 40 años después, ¿lo superé? No, sé que soy descendiente de sobrevivientes de la Shoá. Cuando ocurrió el 7 de Octubre, la gente decía: «Es una Shoá». Nunca nos abandonó… No hay generación de cuya vida ya no forme parte… Así que tampoco creo que el 7 de Octubre alguna vez deje de ser parte de nuestras vidas. No solo los niños que ahora incluso tienen un año, sino que los hijos que tendrán también tendrán el trauma en sus vidas. Creo que jamás lo superaremos. Creo que ocupará cada vez menos espacio con el paso del tiempo…

— ¿Puede alguien vivir mejor sabiendo que tiene estrés postraumático y trabajando en ello a futuro?

— Por supuesto que sí. Los tratamientos pueden ayudar mucho. Vemos a personas que llegaron con un estrés postraumático grave, se recuperaron y después están sanas. No todos, pero en la gran mayoría logramos una mejora muy significativa, para que tengan una buena vida.

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