Itongadol.- El presidente del Círculo Social Hebreo Argentino (CSHA), Maxi Srur, mantuvo una entrevista con ItonGadol para dialogar sobre el gran crecimiento que tuvo la institución en los últimos años.
“Hace 8 años atrás, estábamos en los 800 socios, hoy estamos prácticamente en los 2700. Ha crecido mucho con la oferta inmobiliaria del club como refugio de fin de semana y también por socios que nos buscan por lo deportivo. De a poco también vienen socios a los que el modelo Círculo les gusta, ya que pueden convivir lo recreativo con lo religioso y eso es parte de nuestra fortaleza”, destacó.
-¿Qué estuvo pasando en el club en los últimos meses?
-La verdad que desde el club venimos creciendo año a año, gracias a Dios. En este año pudimos concretar la compra y escritura de un terreno lindero para brindar más comodidad, más infraestructura deportiva, social y cultural en nuestra institución. Sumamos un puesto de director comunitario dentro del club, para nuclear todas las áreas de cultura y poder darle a todo lo que es educación un matiz más importante dentro de la institución.
-Está todo el mundo hablando bien de la institución porque aúna la particularidad, que no tienen otras socio-deportivas, de tener gente en su mayoría observante. ¿Cómo está compuesta la masa de socios?
-El club cumple una función dentro de la comunidad judía argentina muy importante, donde le da lugar a todos los judíos que, por Halajá, ortodoxa, se los considera para poder vivir un espacio de recreación, de deporte, de cultura, también en el ámbito religioso, con el Beit HaKneset que tenemos. Y más allá de lo que cada uno respete y el nivel de observancia de cada socio, en el club se vive el judaísmo de forma intensa, algunos más, otros menos, pero con un respeto que es envidiable. La verdad es que yo me sigo asombrando de la convivencia y de lo que uno puede lograr cuando se tienen los objetivos claros y los límites claros.
-Si vamos para atrás 5 años, fue creciendo obviamente la masa societaria. ¿De qué estamos hablando cuando hablamos de crecimiento?
-Hace probablemente 8 años atrás, estábamos en los 800 socios, hoy estamos prácticamente en los 2700 socios. Ha crecido mucho con la oferta inmobiliaria del club como refugio de fin de semana y también por socios que nos buscan por lo deportivo.
-Estamos hablando de una zona accesible…
-Canning, que es donde estamos exactamente nosotros, en Esteban Echeverría, es una zona que ha crecido mucho con shopping, propuesta gastronómica, servicios y demás. Esa es otra ventaja.
-¿Ha habido en los últimos años gente que se salió de su experiencia country para recalar en el Círculo?
-Yo creo que sí, de a poco también vienen socios que el modelo Círculo les gusta, les cierra, ya que pueden convivir lo recreativo con lo religioso y eso es parte de nuestra fortaleza.

-¿Cómo está la comisión directiva?
-Bien, la verdad que tengo una comisión directiva con una base hace bastante tiempo y se sumaron este año tres o cuatro muchachos nuevos, jóvenes, que están dando sus primeros pasos en la dirigencia. Eso nos llena también de aire nuevo. Y tenemos un grupo voluntario, que siempre va generando dirigentes nuevos.
-Hubo hechos culturales importantes…
-Inauguramos el año pasado tres obras de arte, que están puestas en el club, una por los secuestrados. Lo inauguramos la primera vez que vino Pilar Rahola al Círculo a dar una conferencia. Después inauguramos un monumento al atentado a la AMIA y a la embajada de Israel. Y renovamos e inauguramos el último Jánuca, una Janukiá importante, muy grande en el centro del club.
Hacemos actos comunitarios, ha estado el embajador hace unos años ya. Hemos realizado bastantes actividades con respecto a la situación en Israel, con Gabriel Ben Tasgal, con Sabrina Ajmechet, con Feller.
-¿El cargo de director comunitario tiene que ver con esto?
-Este cargo es el resultado de una intención que tenemos hace mucho tiempo. Estábamos en la búsqueda de un perfil que pueda identificar las necesidades y llevarlas a la práctica, más que nada para poner más énfasis en toda la actividad cultural y educativa del club.
-¿Tienen buena respuesta a las actividades?
-Tenemos muy buena respuesta. Se hacen en el Club House. Depende la actividad, se ha hecho en un anexo, un salón muy lindo al lado del templo. Ese tipo de actividades forman parte de la vida del club y queremos que se sigan incrementando.
-¿Las familias y los chicos, que no siempre están en la red escolar judía, reciben del Círculo una respuesta respecto al judaísmo?
-Más del 90% deben ser chicos que están en la red escolar judía. Igualmente, tenemos nuestro Departamento de Juventud, a través de los madrijim, que realizan la tarea de educación no formal dentro de la identidad que a través del club queremos transmitir. También estaría bueno poder captar gente no escolarizada para que pueda vivir su vivencia judía dentro de la institución. Porque más allá de lo que pase en la educación formal, yo creo que el Círculo tiene mucho para dar.
-¿Por qué sentís que hay algo que te queda por dar a gente no escolarizada?
-Parte de la misión del club es la continuidad judía y queremos acercar a esos chicos que no están escolarizados a una vida judía.
-Dijiste que hay gente joven que está en la comisión directiva, pero quiero aclarar que sos un hombre joven…
-Puedo ser joven en edad, pero no sé si tanto dentro de lo que es la dirigencia dentro del club. Porque a los 17 años formé parte de la primera Comisión Directiva, y de eso ya pasaron casi 30 años. Ya soy figurita repetida.
-¿Podemos hablar del presente y del futuro?
-A nivel infraestructura, estamos desarrollando el predio que llamamos “Los Paraísos”. Es el que habíamos comprado ya hace unos años. Si Dios quiere, ya en unos meses la gente va a poder empezar a construir ahí sus viviendas. También comenzar con el masterplan y desarrollo de todo el terreno nuevo, que es lindero. El nuevo tiene dos partes: una que va a ser con fines de infraestructura deportiva y cultural, donde se va a construir un gimnasio, una cancha de fútbol de salón y de paddle, para completar toda la parte deportiva, y otro sector de lotes de viviendas. El gimnasio es una deuda que tenemos, es algo que si Dios quiere en los próximos años lo vamos a hacer realidad.
A nivel social, como lo venimos diciendo, es seguir creciendo primero en la parte deportiva, con nuevos deportes. Hoy estamos muy fuertes en hockey, en fútbol, pero queremos desarrollar mejor el básquet, la gimnasia, el fútbol femenino, etcétera.
En la parte cultural, afianzar lo que tenemos. Queremos empezar a tener otra visión de lo que es el club, no solo como una institución socio-deportiva, sino también como un centro comunitario.
Hoy el club va pasa ser para muchos de los socios su lugar de permanencia a nivel religioso, con el templo, a nivel deportivo, social, recreativo, y eso nos convierte no solo en un club, sino en un centro comunitario donde la gente elije hacer su bar mitzvá y más eventos. Y junto con eso trabajar muy fuertemente en lo que son adolescentes y jóvenes. Tenemos la idea de crear la Casa de la Juventud, que sea un espacio para para que los jóvenes puedan disfrutar el club el fin de semana, en la semana, nuclearse con chicos de la zona.
-El fenómeno del Rabino Sacca con los jóvenes está marcando algo respecto a esta cuestión que está creciendo, ¿no?
-Sí, incluso nosotros trabajamos mucho con Menorá. Nosotros desde hace ya varios años nos dimos cuenta de que la comunidad no se cierra en la institución y en nuestras paredes, sino que tenemos que trabajar en conjunto y fortalecernos mutuamente. Trabajamos con muchas escuelas, con Maimónides, con Bereshit, con Yeshurum, con Wolfsohn. Hace ya también 4 años con Menorá estamos trabajando mucho en lo que son jóvenes, incluso el curso de madrijim lo hacemos en conjunto con ellos. Y es un modelo que lo vemos exitoso.
También hicimos un trabajo junto a Joint durante muchos años en su acompañamiento muy interesante, donde hicimos planeamiento estratégico y muchas otras cosas que nos dio volumen y visión.
-Sentirse y hacer comunidad es una decisión realmente trascendente. ¿Sería comunidad solo en Canning o tiene una pata puesta también en la Capital?
-Hoy en día en Capital la mayor actividad que tenemos es deportiva o cultural, en el caso de grupo de tercera edad, que funciona todos los días con más de 50 personas. La idea es poder traer todo tipo de actividades culturales a la semana en Capital. No quiere decir en nuestra sede, sino ir haciendo alianzas con distintas instituciones para poder trabajar las actividades culturales en Capital.
-¿Ustedes dimensionan la importancia que tiene la institución?
-No sé si la dimensionamos. Yo sé y no tengo duda de que cumplimos una función primordial y casi única dentro de la comunidad, porque las características que tiene el Círculo como socio-deportiva, queriendo ser un centro comunitario, son únicas hoy dentro de la comunidad. Eso es lo que veo y tenemos por eso una gran responsabilidad de poder mantener ese camino que se generó en su fundación.
-¿Cómo estás viendo la vida comunitaria?
-Si bien yo no un adepto a la política, nosotros tenemos relación con todas las instituciones, de todo tipo. Por ser una socio-deportiva estamos bastante metidos en lo que es FACCMA, que yo creo que hoy está haciendo un muy buen trabajo. Hay un grupo de dirigentes dentro de todas las socio-deportivas bastante comprometido con la comunidad y con el crecimiento de las mismas. No obstante, hay un problema que es real, que no nos podemos hacer los distraídos, y es que hay muchas socio-deportivas, que a veces las mal llamamos las instituciones más chicas, que no la están pasando tan bien. Y me parece que comunitariamente tenemos que darle alguna respuesta, algún apoyo o, por lo menos, generar ámbitos donde podamos ayudarlos a desarrollarse.
-La directora de una escuela me comentó que, para que sea funcional, tenía que tener 1200 alumnos, que por debajo de ese número era como inviable. Se me ocurre que en las socio-deportivas también debe haber un patrón matemático, más una realidad en Argentina que no te la hace fácil tampoco…
-Eso me toca un poco lo emocional, no voy a ser muy objetivo, porque el Círculo viene de ser, hace 10 años, una institución más chica, rondando ese número de piso. A veces es difícil, cuando uno es parte de una institución y vivió su vida ahí, verlo de modo matemático. No es fácil decir “una institución si no tiene 1000 socios no es viable”. No es tan sencillo. No creo que si tenés menos de 500 socios, tenés que cerrar la puerta. No lo veo así, porque hay muchas cosas que pasan adentro y puede convertirse en una institución viable y en una respuesta a una problemática comunitaria. Son temas muy sensibles que tocan lo emocional.

