Itongadol/Agencia AJN.- Corría el año 1961. Ramat Gan era el hogar de muchos inmigrantes de Irak. En la calle Uziel, cerca del jardín Bar Ilan, Sabich Halabi, quien había emigrado desde Bagdad en la década de 1950, abrió un pequeño puesto de comida.
“Perdimos el derecho a lucrar con el nombre, pero lo que más me duele, más que el dinero, es que la gente no crea mi historia. Cuando les digo que el plato lleva el nombre de Sabich Halabi, algunos piensan que lo estoy inventando”, declaró uno de sus familiares a Ynet.
Las raíces del sabich se remontan a Irak. El desayuno tradicional de los judíos iraquíes en Shabat se componía de muchos de sus ingredientes, aunque en aquel entonces tenía el nombre mucho menos atractivo de «lafa (un tipo de pan como la pita, pero bastante más grande) con huevo y berenjena».
Halabi y su esposa Rina vendían inicialmente bebidas, golosinas, cigarrillos y aperitivos, pero para los choferes de la línea 63 de colectivos, cuya última parada estaba justo al lado, no era suficiente; querían una comida sustanciosa y se las pidieron.
Sabich recordó la mesa de Shabat de su infancia: huevos marrones cocinados durante la noche, berenjenas fritas, papas hervidas, humus, salsa amba, ensalada picada y un puñado de hierbas frescas.
En lugar de servirlo en un plato, metió todos esos ingredientes en un pan de pita. Para él y su esposa parecía una solución sencilla, sustanciosa y fácil de comer para choferes cansados y hambrientos que terminaban su turno.
Así nació este clásico de la comida israelí…

La noticia se esparció como la pólvora y se formó una larga fila alrededor del puesto.
Sabich no había planeado ponerle su nombre, simplemente sucedió.
“La gente hacía fila y pedía: ‘preparame un plato, Sabich’. Los demás creían que el plato se llamaba sabich y así se convirtió en ‘un plato de sabich’. Si le preguntas a cualquier iraquí qué es el ‘sabich’, no lo sabrá”, explicó el familiar.
“A principios de los 90 hubo una avalancha de puestos de sabich por todo el país. Vio eso y le dijo a su esposa que incluso después de su muerte, la familia no se libraría de él y dondequiera que fuera, vería su nombre. Sabich era muy trabajador y también redactor publicitario. Inventaba dichos y usaba frases ingeniosas. Por ejemplo, tenía algo llamado ‘mana beshvung’, por el cual cualquiera que ya hubiera comido una porción y quisiera una segunda, podía pedirla sin hacer la fila. Pelaba los huevos allí mismo, metía la mano en el agua hirviendo, los sacaba, los pelaba y los cortaba. La gente dice que perdió la sensibilidad en los dedos por culpa del agua hirviendo”, añadió.
“Tanto Sabich como su socio, Yaakov (Sasson), eran de la vieja escuela y no supieron sacarle provecho. En algún momento, sus hijos se involucraron, pero ya era demasiado tarde: sabich ya se había convertido en el nombre de un plato. En la década de 1980, la familia registró ‘sabich’ como marca comercial y pagó las tasas del Ministerio de Justicia durante años, pero todo el mundo ya lo llamaba así y no demandaron a nadie. Hoy en día se puede encontrar sabich en todo el mundo: Costa Rica, Budapest, Nueva York… Se ha internacionalizado”, concluyó el familiar.
En la década de 1960, Rina atravesó una crisis personal que obligó a Sabich a administrar el puesto solo. Decidió incorporar a su amigo íntimo Yaakov Sasson al negocio y ambos se convirtieron en socios. Hasta el día de hoy, las familias Halabi y Sasson están detrás del negocio.
Dejaron el puesto original en 1982 y se mudaron cerca, a un bar en una esquina donde todavía se vende el famoso sabich.
Halabi tuvo tres hijos, dos de los cuales siguen involucrados en el negocio. El lugar ahora lo gerencia el yerno de uno de ellos.
Sasson también tuvo tres hijos. Uno de ellos abrió un puesto de sabich hace 30 años y los otros dos trabajan en el negocio.
Durante 30 años, las familias han manejado el puesto en una rotación inusual: dos semanas cada una.
Halabi falleció en 2012 tras una valiente lucha contra la esclerosis lateral amiotrófica (ELA). Hasta sus últimos días insistió en seguir trabajando en el puesto.
Seis años después falleció Sasson.
El municipio de Ramat Gan honra su legado: hace tres años, inauguró la plaza Sabich cerca del puesto, en un homenaje al hombre que, sin proponérselo, convirtió un desayuno tradicional de Shabat de los judíos iraquíes en una de las comidas callejeras más queridas de Israel.

