Inicio ACT. COMUNITARIA Un ingenuo intervalo. Por Waldo Wolff

Un ingenuo intervalo. Por Waldo Wolff

Por Iton Gadol
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Siempre estuvimos en guerra. Nunca dejamos de estarlo. Así vivimos los judíos durante milenios.

El imperio babilónico destruyó el primer templo en siglo VI a.C, y los romanos el segundo templo en el I.

Los visigodos en España en el siglo VI, la Santa Inquisición en el XIII, los pogromos en Bielorrusia, Ucrania y Polonia en el XIX y los Nazis en el XX.

Algunos piden que los judíos expliquemos el porqué de las persecuciones. Pedirle a la víctima que argumente los motivos de la agresión de la que es objeto es exactamente encontrarle una “razón” al mismo. La racionalización que hacen los victimarios de sus atrocidades son la verdadera revelación de esta trama: son psicópatas sin ningún remordimiento que justifican sus crímenes.

Que alguien me muestre una sola escuela, club o templo musulmán o cristiano en el mundo con pilotes antibomba o seguridad privada para prevenirse de ataques judíos. No los hay, porque los judíos no atacamos a nadie, solo nos defendemos.

En un mundo que tiene 197 países que se formaron a sangre y fuego, los judíos son los únicos que tienen que acreditar un título de propiedad y lo hacen. De manera insólita las religiones que lo cuestionan nacieron milenios después que aquella que acredita su estancia en el lugar en discusión en uno de los libros más sagrados de la humanidad, el Antiguo testamento.

En 1948 se dio un quiebre. Yo llamo al periodo que fue de 1948 al 7 de octubre de 2023 “un ingenuo intervalo”. Fue cuando los judíos creímos que el holocausto había terminado con la racionalización de nuestro exterminio y que el nacimiento del Estado de Israel nos daría un lugar formal entre las naciones.

Aquella mañana del 7 de octubre de 2023 cuando los gazatíes de Hamás entraban al sur de Israel a secuestrar y asesinar civiles fue mucho más que un ataque. Se abrieron las puertas del antisemitismo que estuvo guardado 75 años y otra vez se les volvió a pedir explicaciones a las víctimas.

Quiero preguntarle a cada lector que está leyendo esta nota si le llevaría comida al secuestrador que tiene a su hijo en cautiverio. Sí, leyó bien: ¿Le daría de comer a su vecino que tiene secuestrado a su hijo en la casa de al lado? La respuesta racional, irracional, primitiva, instintiva siempre es NO. Pero Israel debe hacerlo y lo hace.

¿Por qué no les lleva también comida Egipto, Irán, Yemen o incluso la Francia que albergó a Vichy durante la Shoá o enjuició a Dreyfuss en 1896? ¿Por qué no lo hacen ninguno de los 27 países con religión oficial musulmana?

La respuesta es tan simple como perversa y tan dolorosa como necesaria: Porque el antisemitismo y su análogo a países (1/197) es una pasión irracional y nunca ninguna explicación alcanzará para desarmar ese átomo. Porque quieren demonizar al Estado judío, la misma arma que utilizaron para demonizar a los judíos a lo largo de la historia.

Por eso a reponerse de ese “ingenuo intervalo” y a no dar tantas explicaciones a quienes deberían darlas primero.

Si quieren ponerle punto final a Gaza, exíjanle a Hamás que devuelva a los secuestrados y no a sus víctimas que les den de comer a sus victimarios como además lo hacen.

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