Es común decir que cuando el mes hebreo de Adar comienza, aumentamos nuestro entusiasmo. En general esto está atribuido a nuestra victoria sobre el malvado Haman. En televisión vemos al primer ministro Benjamin Netanyahu y al ministro de defensa Ehud Barak susurrarse el uno al otro, sus manos sobre sus bocas como por accidente, para engañar a cualquier lector de labios que pudiera develar su tema de su conversación: ¿Yoav Galant? ¿Moshe Ya`alon? ¿Boaz Harpaz? Después de todo, debe haber un villano cuyo nombre es ahogado por gritos, aplausos y ruidos cada vez que es mencionado.
Uno puede adivinar que, además del chusmerío local, por ejemplo la anticipada presencia del almirante americano Mike Mullen, jefe de la Junta de Jefes de Personal, en una reunión de despedida de la semana que viene del jefe de la Fuerza de Defensa de Israel, Gabi Ashkenazi, los dos líderes estaban susurrando sobre el presidente Barak Obama a luz de las revueltas en Egipto, y lo que Barak dijo que es un viaje “urgente” a Washington, al que él mismo se invito. Como un lector de labios experto, asumo que les “explicará” la situación y cómo manejarla con su gran “modestia”.
Ni Estados Unidos ni la inteligencia israelí predijeron los recientes eventos de Egipto. De hecho, cuando las protestas comenzaron, el jefe de personal egipcio estaba por visitar el Pentágono. La administración de Obama entró en pánico y sin pensar dos veces dijo que el presidente Hosni Mubarak era un dictador que debía ser removido de su cargo inmediatamente, sin considerar quién tomaría el poder y las implicaciones que tendría a la paz con Israel, por la posición de EE.UU. en la región.
Washington asustó a Israel aún más que Mubarak, porque Israel es una mano vieja acostumbrada al temor. Netanyahu advirtió que la administración de Egipto podría ir por el camino de Irán. Y el vice primer ministro Silvan Shalom advirtió el peligro de que los rebeldes bloqueen el Canal de Suez, y entonces, ¿dónde estaríamos? Lo que prueba que los israelíes no entienden que las revueltas en Egipto no son necesariamente contra la paz con Israel. Cerrar el Canal del Suez podría lastimar sobre todo los ingresos de Egipto. Somos expertos en crear escenarios catastróficos cuando la actitud de Estados Unidos no nos gusta.
La respuesta de la administración fue de algún modo confusa y zigzagueante, ya que inicialmente demandó la inmediata salida de Mubarak para quien Washington siempre había desenrollado la alfombra roja en el pasado. Después dijo que el presidente egipcio debería terminar su mandato para facilitar la transferencia del poder democrática. Pero cuando la administración habla de democracia, no lo dice literalmente. Significa asegurarse que el régimen de un estado tenga un interés regional estable y sea pro americano. Arabia Saudita, por ejemplo, que tiene una escala muy baja en la democracia, es el favorito de Washington. Prueba de que la democracia es un tema de geografía.
En el contexto de un acuerdo de paz con Israel, Egipto recibió $1.3 billones anualmente en ayuda militar de Estados Unidos, además de otra asistencia económica. Ocasionalmente el embajador egipcio en Washington chequea con sus colegas israelíes para ver si la ayuda de Estados Unidos a Israel ha aumentado, para que también así pueda entrar en él. Un diplomático israelí me describió cómo el embajador egipcio una vez le palmeó el hombro y le dijo: “Mantén el buen trabajo”.
La paz entre Israel y Egipto ha estado calma pero muy empresarial, incluso durante los tiempos del presidente George H. W. Bush y el primer ministro Yitzhak Shamir. No ha habido bombardeos suicidas chiitas en este estado mayoritariamente sunita, cuyo régimen fue suprimido por la mano de acero de los Hermanos Musulmanes. Y desde que de devolvimos todo, hasta el último milímetro, no hay ninguna disputa territorial entre Egipto e Israel. Incluso una paz fría es paz, y no hay razón por la que la ayuda americana a Egipto no debería continuar luego de Mubarak, y por qué cientos de miles de turistas israelíes no deberían seguir visitando el Sinaí.
Luego de la inicial ácida respuesta de Washington, el vocero de la casa Blanca dijo que la alianza de Estados Unidos e Israel es más fuerte que nunca. De hecho, como la única democracia estable en la región, Israel es un objetivo valioso y leal de manera estratégica para Estados Unidos. Tenemos una conexión histórica. Cada vez que tuvimos problemas, América estuvo de nuestro lado, con armas, con el veto y dinero.
Dado esto, en vez de mirar al malvado Haman deberíamos estar indicando y avanzando en un acuerdo de paz con los palestinos y con Siria, y en hacerlo, deberíamos ayudar a nuestro amigo del otro lado del Atlántico a hacer lo que sea necesario para asegurar, con sensibilidad y flexibilidad, la restauración del orden en Egipto. Porque estabilizar la región, comenzando con Egipto, es de nuestro principal interés.
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