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EL DESTINO INCIERTO DE HEZBOLLAH

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Después del anuncio del trato entre Hezbollah e Israel para el intercambio de prisioneros y soldados secuestrados, el líder de Hezbollah, Hassan Nasrallah, se apresuró a celebrar su victoria ante las cámaras. De hecho, la conferencia de prensa en Beirut marcó, como mucho, la victoria de un pobre hombre. Si la gente esperaba ver a un exultante y amenazante Nasrallah en la cima de su mesiánica retórica, con una batalla sinfín en la mira conducente a la destrucción de Israel se llevaría una sorpresa. En cambio, Nasrallah estaba tranquilo, medido, y sobre todo, excusándose y concentrado en las dificultades que su organización tendrá que enfrentar en el futuro.

De hecho el acuerdo alcanzado dista mucho de aquel al que había aspirado Nasrallah y sobre el que habló frecuentemente en los últimos años. Antes que nada, los israelíes secuestrados y los cuerpos de los desaparecidos en acción no produjeron una liberación en masa de cientos de palestinos detenidos y de otros árabes, sino que por el contrario, devengaron en un número bastante magro, al menos de acuerdo a los parámetros de intercambio de prisioneros anteriores.

Ninguno de los prisioneros liberados fue verdaderamente significativo para ambos lados. En otras palabras, ninguno tenía «sangre en sus manos». La mayoría eran peces pequeños cuya liberación era de algún modo esperada en unos pocos meses. Además, contrariamente a sus reiteradas declaraciones en el sentido de que no habría intercambio a menos que Israel liberara a todos los libaneses bajo su custodia, Nasrallah se vió obligado a apoyar la exclusión, por lo menos hasta ese momento, de un prisionero libanés importante – Samir al-Kuntar. Este era el mismo Kuntar cuya liberación Nasrallah mencionó específicamente, sólo una pocas semanas atrás, como condición para el trato.

Después de estar en el limbo, la falta de celeridad de Nasrallah para volver a sus ataques, se debió exclusivamente a los crecientes apuros en que se encontró su organización el último año. Estos apuros se deben a una realidad regional emergente que restringe seriamente la libertad de maniobra de Hezbollah así como la dinámica libanesa interna que también debilita y limita sus operaciones.

A casi un año de la incursión americana en Irak, surgen nuevas reglas de juego en el Medio Oriente.

A pesar de las dificultades americanas en Irak, Estados Unidos no se desvía de sus propósitos, especialmente en su lucha contra las organizaciones terroristas y regímenes radicales.

En esta lucha, los Estados Unidos ya han registrado algunos logros notables – no sólo en Libia, sino también en Siria (como le evidenciaran los esfuerzos de Bashar al Assad para reanudar las negociaciones de paz con Israel). Si los esfuerzos sirios son fructíferos, las consecuencias podrían ser catastróficas para Hezbollah, porque la convergencia de intereses entre Siria y Hezbollah que sostienen las acciones de Hezbollah contra Israel podrían ser aniquiladas. Lo mismo pasa con Irán, que ya no se muestra tan entusiasta como antes en confrontar con los Estados Unidos.

Irán apenas evitó un incidente con la Agencia Internacional de Energía Atómica que podría haber aterrizado en el mismo banquillo del Consejo de Seguridad previamente ocupado por Saddam Hussein.

Tanto Siria como Irán están interesadas en apaciguar las cosas para no atraer el fuego americano, hecho que restringe seriamente la libertad de Hezbollah para actuar contra Israel.

Por ejemplo el último19 de enero, Hezbollah atacó una topadora israelí que había cruzado la frontera libanesa, y la Fuerza Aérea Israelí respondió atacando con intensidad las posiciones de Hezbollah en el sur del Líbano. Pero contrariamente a enfrentamientos previos, Hezbollah se contuvo de contraatacar, a pesar de la acción de Israel virtualmente sin precedentes desde su retirada del Líbano hace casi un año.

Hezbollah también enfrenta desafíos internos. Las constantes críticas a la organización por parte de la prensa libanesa indican que la paciencia del público se está agotando. Hace una semana, incluso Al-Safir vinculado estrechamente a Damasco, se sumó al conflicto y atacó a Hezbollah por haber usado su lucha para liberar las granjas de Shab´a como una excusa para evitar pronunciarse sobre los problemas internos del Líbano, como si las preocupaciones del libanés común no fueran de su interés.

Dados estos apremios regionales y las amenazas internas a su legitimidad, no sorprende que Nasrallah corra a cerrar un trato con Israel, incluso ni remotamente tan bueno como el que les había prometido a quienes lo apoyan. Con pocos recursos tales como una bien aceitada maquinaria propagandística, Hezbollah ha adquirido status como «poder regional». Pero en cuatro años desde la retirada israelí del sur del Líbano, sus acciones contra Israel, a pesar de lo dolorosas, no han producido el 1% del daño inflingido por los palestinos en el mismo período.

De todos modos, la organización ha logrado proyectar una imagen de estrategia sí bien no de amenaza real hacia Israel. Esto explica la importancia que Nasrallah atribuye a la forma en que el público en el Líbano y en el mundo árabe percibe el acuerdo.

En cierto aspecto, este trato es un logro para Hezbollah, si bien menor a lo que esperaba. Pero es una ganancia de corto plazo. El día después del intercambio, la gente cuestionará nuevamente el verdadero propósito de las actividades de las organizaciones. En el Líbano está muy claro que Hezbollah no va a ceder las granjas de Shab´a en un futuro cercano. Asimismo, después de que los prisioneros y cuerpos de los israelíes secuestrados sean intercambiados, la organización ya no podrá presentar este asunto como la razón y la esencia de su existencia.

Hezbollah creció fuera de la comunidad shiita libanesa y trabaja esencialmente para y en nombre de ellos. La convergencia de sus intereses con aquellos de Siria e Irán la llevaron a concentrarse en la lucha contra Israel. Pero esta batalla se ha convertido en un problema creciente a la luz de la dinámica de los problemas internos libaneses y la nueva realidad de la región. La organización continúa definiéndose como comprometida con la lucha, porque ésto es absolutamente vital para preservar su posición única en el escenario libanés y el amplio mundo árabe. De todas formas, la realidad bien puede llevar a Hezbollah a una encrucijada mas pronto de lo que sus líderes creen.

En este punto tendrán que elegir entre dos caminos. Uno es abandonar la lucha contra Israel y convertirse en un partido mas del Líbano, que sólo opera internamente y no tiene el mínimo interés en el exterior. La segunda opción es persistir en la lucha, a pesar del precio que seguramente deberá pagar.

Por Eyal Zisser

Moshe Dayan Center for Middle Eastern and African Studies
Fte Emb de Israel en Bs As

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