Itongadol/Agencia AJN.- Desde finales de agosto, algas microscópicas provenientes del Nilo estuvieron obstruyendo las plantas desalinizadoras de Israel, que suministran casi el 80% de las necesidades de agua doméstica y municipal del país, lo que obligó al cierre temporal de cinco de las seis principales instalaciones y llevó a recurrir a las reservas de aguas subterráneas y del Kineret (mar de Galilea), que ya se encuentran en un estado precario. La crisis también podría traducirse en mayores costos y afectar los subsidios destinados al sector agrícola.
La turbidez provocada por las algas parece estar disminuyendo de forma natural, lo que permitió que algunas de las plantas desalinizadoras retomaran sus operaciones a plena capacidad. Sin embargo, el episodio puso de manifiesto la gravedad de la situación hídrica de Israel y la vulnerabilidad de sus reservas ante nuevas interrupciones en la desalinización. Si el próximo invierno no trae suficientes precipitaciones, el país podría verse obligado a adoptar nuevas medidas para reducir el consumo de agua.
Los dos últimos inviernos fueron especialmente difíciles para el sector hídrico del país. Incluso el más reciente, que estadísticamente no fue considerado un año de sequía, no aportó suficiente lluvia al Kineret y a su cuenca hidrográfica. Como consecuencia, el nivel del lago descendió hasta 213,5 metros por debajo del nivel del mar, situándose por debajo de la “línea roja”, el nivel más bajo registrado desde 2018, mientras que los niveles de agua subterránea también se encuentran cerca de la línea roja.
Una mayor presión sobre estas reservas podría tener consecuencias económicas, especialmente para la agricultura, que representa la mayor parte del consumo de agua en Israel.
Los niveles de agua subterránea en el país también son críticamente bajos y se encuentran aproximadamente 1,9 metros por encima de la línea roja, frente a unos 5,3 metros por encima de ella en 2024. Entre 2024 y 2025, los niveles de agua subterránea descendieron a su ritmo más rápido en al menos 25 años, con una caída de casi 2,5 metros en un solo año.
Descender por debajo de la línea roja genera el riesgo de que se produzcan cambios químicos en la composición del agua, por lo que se realizan grandes esfuerzos para evitar llegar a ese punto.
El Contralor del Estado ya había dado la voz de alarma
El Kineret y las reservas de agua subterránea de Israel funcionan, en la práctica, como la “cuenta de ahorro” de agua del país, dado que en los últimos años la gran mayoría del agua destinada al consumo doméstico y municipal fue suministrada mediante la desalinización continua.
Las necesidades de agua de la agricultura se cubren principalmente con aguas residuales tratadas y reutilizadas (efluentes). Este cambio es consecuencia de los años anteriores de sequía y escasez de agua, especialmente entre 2009 y 2010, que dieron lugar a la campaña de información pública “Israel se está secando”.
No obstante, pese a estos esfuerzos, se produjeron retrasos prolongados en la construcción de nuevas plantas desalinizadoras. El contrato para la importante planta Sorek 2 fue adjudicado en 2020, pero acontecimientos como la pandemia de COVID y la guerra retrasaron el proyecto dos años y medio. Cada metro cúbico de agua que no se obtiene habitualmente mediante desalinización se extrae de las reservas de aguas subterráneas y del Kineret. Cuando la desalinización falla, como ocurrió a raíz del incidente con las algas, estas reservas se encuentran gravemente agotadas.
Aunque parece que la turbidez provocada por la proliferación de algas del Nilo en el Mediterráneo está comenzando a disminuir, aún no está claro cuánto tiempo llevará que todas las plantas desalinizadoras vuelvan a operar a plena capacidad.
El Contralor del Estado ya había advertido en 2024 que el Ministerio de Salud “aún no había realizado el estudio que consideraba necesario sobre las toxinas de las algas y otras toxinas liberadas en el agua por especies invasoras debido a la crisis climática”. Ese escenario acaba de materializarse.
Durante las primeras 24 horas de la crisis, se produjeron interrupciones en el suministro de agua que afectaron principalmente a la agricultura y generaron reclamos de compensación. A pesar de esto, el suministro de agua se normalizó y nadie se quedó sin agua corriente.
Los agricultores pagarán el precio
Mekorot, la compañía nacional de agua responsable de la operación diaria de las reservas hídricas de Israel, ya había realizado simulaciones de un escenario en el que un ciberataque dejara fuera de servicio cinco de las seis plantas desalinizadoras. Eso es precisamente lo que ocurrió, aunque el responsable terminó siendo un alga microscópica sin ambiciones geopolíticas.
La necesidad de recurrir a las aguas subterráneas y al mar de Galilea durante situaciones de emergencia se produce en un momento en que estas fuentes se encuentran en un estado particularmente precario. Los profesionales del sector hídrico esperan un invierno lluvioso y con precipitaciones bien distribuidas, que permita la infiltración y la recarga de los acuíferos, pero no existen garantías.
En este contexto, se espera que próximamente se lance una campaña para fomentar el ahorro de agua. Si estas medidas fracasan, la “tercera línea de defensa” del suministro de agua de Israel será el consumo agrícola.
El consumo de agua de la agricultura representa la mayor parte del uso de agua en el Estado judío, con unos 1.400 millones de metros cúbicos de los 2.400 millones utilizados anualmente. Sin embargo, se considera relativamente eficiente porque la mayor parte del suministro proviene de aguas residuales tratadas y reutilizadas, en lugar de agua potable dulce.
De todas maneras, la infraestructura para transportar esta agua, que se vende a un precio particularmente bajo, no llega a todos los agricultores, y algunos continúan comprando agua potable dulce. La Autoridad del Agua de Israel viene impulsando recientemente una mayor inversión en tuberías para transportar aguas residuales tratadas a otras regiones del país, lo que permitiría a los agricultores desconectarse del suministro de agua dulce destinado a los hogares.
En cualquier caso, esta situación generó controversia en torno al precio relativamente bajo que pagan los agricultores por el agua. La diferencia de precio representa un subsidio anual de entre 300 y 350 NIS (abreviación de shekel, la moneda israelí) en comparación con las tarifas que pagan los consumidores domésticos.
Si se produjera otro invierno seco, o si surgieran problemas con la desalinización del agua, los agricultores podrían enfrentar recortes de este subsidio y una reducción de sus cuotas de agua subsidiada.
Fuente: GLOBES
Desalination plant shutdown exposes precarious reserves

