Itongadol/Agencia AJN.- (Por Eliahu Hamra, Gran Rabino de AMIA) Hay momentos en la vida en los que comprendemos algo por primera vez, pero solo más adelante estamos realmente preparados para aceptarlo. Hay una verdad que una persona puede escuchar hoy y recién un año después llegar a entenderla. Hay una decisión que una persona puede tomar con sinceridad, pero solo después de haber fracasado una vez, comprende realmente qué necesita para poder sostenerla. Y hay situaciones que una persona necesita atravesar para estar preparada para recibirlas nuevamente.
Así es, precisamente, cómo se desarrolla la historia de la Torá.
Moshé Rabenu desciende del Monte Sinaí con las Lujot (Tablas de la Ley). El pueblo de Israel ya había recibido la Torá, había escuchado los Diez Mandamientos y había vivido la revelación más grande de la historia de la humanidad. Y, sin embargo, poco tiempo después, el pueblo peca con el becerro de oro y las Lujot se rompen.
Entonces comienza un nuevo proceso. Moshé vuelve a subir al Monte Sinaí. Cuarenta días de tefilá (rezos) y pedido de misericordia, y luego otro período de ascenso y preparación, hasta que, en Iom Kipur, desciende con las segundas Lujot.
Nuestros Sabios dicen en el Tratado de Taanit: «No hubo días más felices para Israel que el quince de Av y Iom Kipur». Y la Guemará explica que Iom Kipur es «el día en que fueron entregadas las últimas Lujot».
Y esto es sorprendente. Iom Kipur, el día más sagrado del año, el día en que nos presentamos ante Hashem y pedimos perdón y absolución, es precisamente el día en que fueron entregadas las segundas Lujot.
La Torá quiere enseñarnos que hay cosas que no podemos recibir la primera vez.
Las segundas Lujot no son un «premio consuelo» porque las primeras se rompieron. No fueron entregadas nuevamente para decirnos: «No lo lograste la primera vez, entonces probemos otra cosa». ¡Todo lo contrario!
Nuestros Sabios nos enseñan que las segundas Lujot expresan algo mucho más profundo: la posibilidad de comenzar de nuevo.
Pero esto no significa volver al punto de partida. La persona que regresa por segunda vez ya no es la misma. Ha atravesado algo. Ya conoce sus debilidades, sabe lo que significa caer. Y estos conocimientos la convierten en una persona más profunda, más auténtica y más madura.
La internalización llega después de un proceso
A veces una persona necesita atravesar un proceso para afirmarse en el camino correcto. Tenemos la tendencia a pensar que, si algo es verdadero, la persona debería comprenderlo inmediatamente. Pero la Torá nos enseña algo diferente.
El pueblo de Israel estuvo frente al Monte Sinaí y dijo: «Naasé venishmá» (Haremos primero y luego escucharemos). Fue una aceptación enorme. Pero después hubo una caída. Y a partir de esa caída se construyó un nuevo proceso.
La segunda aceptación llegó después de cuarenta días de tefilá (rezos), después de una crisis, de una ruptura, después de teshuvá (arrepentimiento), y de pedir misericordia. Porque hay una diferencia entre una persona que dice «sí» porque se encuentra en un momento de entusiasmo, y una persona que dice «sí» después de haber atravesado una prueba.
Y también hay una diferencia entre una decisión que nace de la emoción y una decisión que nace de una profunda reflexión.
Por eso, las segundas Lujot nos enseñan a tener paciencia, tanto con nosotros mismos como con los demás. A veces una persona necesita tiempo, porque necesita escuchar algo más de una vez. Y para internalizarlo necesita atravesar una experiencia que cambie su perspectiva. Solo después de caer descubre cuán grande era realmente la decisión que había tomado antes.
El proceso que a veces necesitamos atravesar no es una señal de debilidad, sino el camino mediante el cual la verdad se transforma de conocimiento en vida.

No borrar la ruptura: construir a partir de ella
Hay un maravilloso dicho de nuestros Sabios que adquiere un significado especial en este contexto. Ellos dicen en el Talmud: «Las primeras Lujot y los fragmentos de las Lujot están colocados en el Arca Sagrada».
En el Arca están tanto las Lujot completas como los fragmentos de las Lujot. ¿Por qué? Porque la Torá no nos pide que finjamos que nunca nos hemos roto. La ruptura y el pecado forman parte de la historia. El pasado no se borra. Pero tampoco tiene por qué definir el futuro.
Y este es, quizás, uno de los mensajes más profundos de Iom Kipur: Dios no siempre nos da la posibilidad de borrar lo que fue. A veces nos da la posibilidad de construir a partir de lo que fue.
La persona íntegra no es necesariamente aquella que nunca se rompió. La verdadera integridad pertenece, precisamente, a quien se rompió, aprendió, se levantó y reparó.
Iom Kipur es el día en que se nos da la posibilidad de elegir nuevamente
Iom Kipur es mucho más que un día de perdón. Es un día de “volver a elegir”.
El Eterno le dice a cada persona en Iom Kipur que el año que pasó ya está escrito. Los actos ya fueron realizados. Las palabras ya fueron dichas. Los errores ya ocurrieron. Pero la historia de cada persona todavía no terminó. Todavía se puede elegir qué hacer a partir de ahora.
La segunda oportunidad es el regalo más grande que recibe una persona
Estamos acostumbrados a pensar que la primera oportunidad que se nos brinda en la vida es el gran regalo. Pero, a veces, justamente la segunda oportunidad es aún más grande.
La primera vez, una persona todavía no conoce sus fortalezas y sus debilidades, y puede pensar que el camino será fácil. Pero en la segunda oportunidad ya sabe, ya conoce, ya es consciente de que los logros y las virtudes requieren esfuerzo.
Por eso, la segunda vez la elección puede ser más profunda. Porque la primera oportunidad fue el deseo de ser bueno. Pero la segunda vez es la elección de ser bueno, después de haber descubierto cuán difícil es mantenerse en ese camino.
Este es el contenido de Iom Kipur. Nos presentamos ese día frente a Dios y cada uno de nosotros llega con sus propias Lujot. Hay cosas en las que tuvimos éxito. Y hay cosas que se rompieron.
Hay decisiones que cumplimos. Y hay decisiones que no logramos sostener. Hay personas con las que fuimos buenos. Y hay personas a las que quizás herimos. Hay momentos de los que estamos orgullosos. Y hay momentos que quisiéramos borrar.
Hashem nos enseña en este día que no necesitamos borrar toda la historia para comenzar de nuevo. Necesitamos el valor de mirar lo que fue, reconocer la verdad, pedir perdón y elegir de otra manera. Y este es el secreto de la teshuvá de estos días sagrados.
No decir: «Ojalá hubiera sido otra persona». Sino decir: «A partir de ahora, elijo ser otra persona».
En este Iom Kipur, unámonos en nuestros rezos, y elevemos un único pedido: Dios, danos la fuerza para recibir las segundas Lujot y comprender que una caída no es el final del camino. Danos el valor de reconocer nuestros errores y la fuerza para repararlos. Y danos el mérito, en este día sagrado, de volver a elegir.
Porque en Iom Kipur, el día en que fueron entregadas las segundas Lujot, Dio-s enseñó al pueblo de Israel que la ruptura no es el final, sino que hoy se nos concede una nueva oportunidad.
Y también, en el sentido personal, Iom Kipur es el día en que cada persona puede decir: Lo que fue no tiene por qué ser lo que será. Puedo volver a elegir. Y puedo reparar.
En nuestros vínculos, por ejemplo, una ruptura no tiene por qué ser el final: podemos elegir volver a acercarnos, pedir perdón, perdonar y reconstruir. Y quizás, como las segundas Lujot, esa relación que se reconstruye después de una caída pueda ser más profunda, más consciente y más fuerte que antes.
Porque precisamente después de que las Lujot y la vida se rompen, la persona descubre qué es realmente valioso para ella. Y entonces está preparada para recibir nuevamente su vida y comenzar de nuevo.

