Inicio Judaísmo Hoy Extraído de enseñanzas de Rab Osher Farkash y Shterna Grunblatt

Extraído de enseñanzas de Rab Osher Farkash y Shterna Grunblatt

Por Gustavo Beron
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Itongadol por Lorena sued– United for Eternal Peace.- Cada año desciende al mundo una energía nueva.

Con cada Rosh Hashaná se abre una nueva etapa, con una fuerza particular y nuevas posibilidades para revelar más luz, más kedushá y más presencia de Hashem en nuestra vida.

Por eso, cada año tiene algo propio. Una cualidad especial que puede ayudarnos a comprender cuál es la energía que estamos llamados a revelar.

Y 5787 tiene características realmente extraordinarias.

La primera es que Rosh Hashaná comenzó en Shabat.

Rosh Hashaná es el día en que Am Israel corona a Hashem como Rey, y el shofar ocupa un lugar central en esa coronación. Su sonido expresa una declaración profunda: Hashem es nuestro Rey y queremos vivir de acuerdo con Su voluntad.

Este año, como el primer día de Rosh Hashaná cayó en Shabat, no tocamos el shofar ese día.

Jasidut explica una idea muy profunda: normalmente, el shofar despierta niveles muy elevados de voluntad y de placer Divino. Pero cuando Rosh Hashaná cae en Shabat, el propio Shabat revela ese nivel.

Porque Shabat es oneg y ta’anug: deleite y placer espiritual.

Shabat expresa esa satisfacción profunda, ese placer que Hashem tiene en Su creación y en Su pueblo, que ilumina Su mundo.

Así comenzamos 5787 con una fuerza enorme: la fuerza del Shabat, del deleite, del placer espiritual y de una conexión profunda con Hashem.

UN AÑO LLENO

Este año tiene 385 días, la máxima cantidad posible de días en un año judío.

El calendario judío sigue los ciclos lunares, pero al mismo tiempo debe permanecer conectado con el ciclo solar para que Pesaj siempre caiga en primavera. Por eso, dentro de cada ciclo de 19 años, hay años bisiestos en los que se agrega un mes adicional.

5787 es un año bisiesto.

Tiene 13 meses.

Y también el número 13 puede dejarnos un mensaje muy profundo.

אהבה — Ahavá, amor — tiene guematria 13.

אחד — Ejad, uno — también tiene guematria 13.

Amor y unidad.

Y además están los 13 Atributos de Misericordia de Hashem — י״ג מידות הרחמים.

Son cualidades de Rajamim que nos enseñan no solamente cómo Hashem se relaciona con nosotros, sino también cómo podemos aprender a relacionarnos con los demás.

Tener más paciencia.

Mirar al otro con más compasión.

Saber perdonar.

Dar nuevas oportunidades.

Responder con bondad.

Revelar más Rajamim en el mundo.

Entonces, los 13 meses de 5787 pueden convertirse en una invitación a vivir todo el año con Ahavá, Ejad y Rajamim.

Amar más.

Unir más.

Y parecernos un poco más a las cualidades con las que Hashem se relaciona con nosotros.

Y esos 385 días forman exactamente 55 semanas completas.

También el número 55 puede dejarnos un mensaje muy profundo.

מודה — Modé — tiene guematria 55.

Modé significa reconocer, agradecer y entregarse a Hashem. Es la primera palabra con la que comenzamos cada mañana: Modé Aní.

הן — Hen — también tiene guematria 55.

Y puede recordarnos esa fuerza esencial de Am Israel, esa identidad profunda que permanece firme y puede revelarse con toda su potencia.

כלה — Kalá — también tiene guematria 55.

La kalá es la novia que se prepara para el encuentro y la unión con el jatán. Am Israel es comparado muchas veces con una kalá frente a Hashem.

Y todo esto puede conectarse con la Iejidá, el nivel más profundo del alma, ese punto esencial que permanece siempre unido a Hashem.

Modé — reconocer a Hashem.

Hen — revelar la fuerza esencial de Am Israel.

Kalá — profundizar nuestra unión con Hashem.

Iejidá — revelar ese punto del alma que nunca se separa de Él.

55 semanas para reconocer a Hashem.

55 semanas para acercarnos más a Él.

55 semanas para agregar kedushá.

55 semanas para sumar una mitzvá más.

55 semanas para vivir con la Iejidá revelada.

IOM KIPUR: REVELAR LA IEJIDÁ

Iom Kipur nos enseña qué significa vivir con la Iejidá revelada.

En Iom Kipur tenemos cinco tefilot, relacionadas con los cinco niveles del alma.

A medida que avanza el día, cada tefilá nos conduce hacia una dimensión más profunda de nuestra neshamá, hasta llegar a Neilá, el momento más elevado de Iom Kipur.

Neilá se relaciona con la Iejidá, el quinto y más profundo nivel del alma.

La Iejidá expresa la unión esencial e inseparable de cada Yehudí con Hashem.

En Neilá esa conexión se revela de una manera extraordinaria.

Durante Iom Kipur nos apartamos de muchas necesidades y placeres materiales. No comemos ni bebemos y vivimos, de alguna manera, como ángeles, concentrados en nuestra esencia espiritual.

Pero la verdadera meta no es que esa conexión quede solamente para unas horas.

En ese momento podemos pedirle a Hashem que la Iejidá que se revela en Neilá permanezca revelada durante todo el año.

Que podamos sentir nuestra unión con Él también cuando volvemos a la vida cotidiana.

Porque vivir con la Iejidá revelada no significa apartarnos del mundo.

Significa elevarlo.

Eso es vivir en Gueulá.

Es poder estar conectados con Hashem no solamente cuando rezamos o estudiamos Torá, sino también mientras trabajamos, cocinamos, hacemos gimnasia, vamos de compras, estamos en el country o compartimos tiempo con nuestra familia.

Cada momento y cada lugar pueden convertirse en una oportunidad para servir a Hashem.

Trabajo porque quiero criar y educar de la mejor manera a mis hijos, dándoles las herramientas para crecer y servir a Hashem.

Hago gimnasia para cuidar mi salud, tener fuerza y alegría y poder cumplir mejor mi misión.

Cocino para alimentar a mi familia y darles energía para vivir, hacer mitzvot y servir a Hashem.

Voy de compras para elegir ropa con recato, vestirme de una manera digna y linda, y también para honrar y disfrutar el Shabat.

Y así con cada aspecto de nuestra vida.

Cuando vivimos de esta manera, lo espiritual y lo material dejan de ser dos mundos separados.

Nuestra conexión con Hashem entra en todo lo que hacemos.

Eso es vivir con la Iejidá revelada.

No solamente tener momentos de conexión.

Vivir conectados.

No solamente revelar la Iejidá en Neilá.

Llevar la Iejidá a nuestra casa, nuestro trabajo, nuestras relaciones, nuestras decisiones y nuestra vida cotidiana.

Eso es vivir la Gueulá desde ahora.

La preparación no crea la unión.

La revela.

תשפ״ז — EL AÑO DE פז

Y hay algo muy hermoso.

El año es:

תשפ״ז — 5787

Las dos últimas letras son:

פ״ז

פ = 80

ז = 7

En total: 87.

Y esas mismas letras forman la palabra:

פז — paz.

En hebreo bíblico, paz se utiliza para describir oro fino, oro puro, oro refinado.

Por eso, el número 87 puede asociarse con esta imagen de oro refinado.

No porque el número 87 por sí mismo signifique oro, sino porque la palabra פז, cuya guematria es 87, expresa justamente esa idea.

Y eso le da a 5787 una lectura muy especial.

Podemos mirar este año como un año de פז.

Un año para revelar lo más puro que ya existe dentro nuestro.

Así como el oro se refina para mostrar su brillo, también nosotros podemos refinar nuestras cualidades, nuestras decisiones, nuestras palabras y nuestra manera de relacionarnos con Hashem y con los demás.

No se trata de convertirnos en otra persona.

Se trata de revelar con más claridad el oro que ya existe dentro nuestro.

5787 — un año de פז.

Un año de oro refinado.

ORO Y GUEVURÁ

La Kabalá relaciona el oro con Guevurá y la plata con Jésed.

Jésed es expansión.

Es dar.

Es agua.

Guevurá es fuerza.

Es límite.

Es fuego.

La Guevurá contiene una fuerza enorme.

El fuego puede cocinar.

Puede calentar.

Puede iluminar.

Y cuando esa fuerza está dirigida hacia kedushá, puede construir, elevar y traer luz.

¿Qué sería entonces una Guevurá refinada?

Una fuerza serena.

Un límite con amor.

Una disciplina que ayuda a crecer.

Una firmeza que construye.

Una fuerza completamente dirigida hacia kedushá.

Nuestra Guevurá ya está transformada en פז.

עטרת פז — UNA CORONA DE ORO FINO

Encontramos además una expresión preciosa en Tehilim:

עֲטֶרֶת פָּז — ateret paz.

Una corona de oro fino.

En el Salmo 21 aparece la imagen de una corona de oro puro colocada sobre la cabeza del rey.

Y esta imagen se conecta de una manera muy especial con Rosh Hashaná.

Rosh Hashaná es el día de Maljut, el día en que coronamos a Hashem como Rey.

Y justamente en תשפ״ז encontramos las letras פז: oro fino, oro refinado.

La imagen de עטרת פז une entonces dos ideas centrales de este año:

פז — oro refinado.

Maljut — coronación.

Cada mitzvá, cada acto de kedushá y cada elección de vivir de acuerdo con la voluntad de Hashem se convierte, de alguna manera, en parte de esa coronación.

Una luz más.

Una mitzvá más.

Una nueva expresión de la Maljut de Hashem en el mundo.

IOSEF — LA FUERZA DEL ORO REFINADO

Iosef puede ayudarnos a comprender esta idea de פז.

Fue arrancado de la casa de su padre y llevado a Egipto.

Pasó por el pozo, la esclavitud y la prisión.

Vivió dentro de un mundo completamente distinto del lugar espiritual en el que había crecido.

Y, sin embargo, siguió siendo Iosef.

La Torá repite que Hashem estaba con él.

Conservó su identidad.

Conservó su emuná.

Conservó su vínculo con Hashem.

Por eso Iosef puede verse, en cierto sentido, como una imagen de Am Israel en el galut.

También Am Israel atravesó generaciones enteras lejos de su tierra y rodeado de otras culturas.

Y seguimos.

Con Torá.

Con mitzvot.

Con emuná.

Con nuestra identidad.

La grandeza de Iosef no fue solamente conservar su luz dentro de Egipto.

Fue llevar esa luz justamente allí.

Después del pozo, de la esclavitud y de la prisión, Iosef fue llevado frente a Paró.

Allí recibió el anillo de Paró, fue vestido con ropas distinguidas, recibió una cadena de oro y fue nombrado virrey de Egipto.

El oro aparece justamente en el momento en que su fuerza interior deja de estar oculta y comienza a expresarse hacia afuera.

Iosef llega a una posición desde la cual puede cumplir su misión y utilizar todo lo que Hashem le dio para influir, ayudar y sostener a otros.

Ahí podemos ver una imagen muy poderosa de פז.

Una fuerza que atravesó un proceso y reveló toda su pureza.

Iosef no perdió quién era a través de las pruebas.

Todo ese recorrido terminó revelando con más fuerza quién era realmente.

Nuestra misión en el galut tampoco es solamente conservar nuestra luz.

Es revelarla y llevarla al lugar en el que estamos.

Agregar kedushá.

Agregar emuná.

Agregar una mitzvá más.

Antes de morir, Iosef les dice a sus hermanos que Hashem los recordará y los hará subir de Egipto.

Por eso Iosef está ligado no solamente al descenso, sino también a la salida.

Al galut y a la Gueulá.

Su historia nos recuerda que el pozo no es el final.

Que el galut no es el final.

Del bor a la misión.

Del ocultamiento a la revelación.

Del galut a la Gueulá.

Eso también es פז.

Una fuerza que conserva su esencia y finalmente revela todo su brillo.

SHABAT TESHUVÁ — VOLVER A NUESTRA ESENCIA

Ahora estamos dentro de los Aseret Iemei Teshuvá, los Diez Días de Teshuvá.

Son días de una fuerza espiritual enorme.

Cada uno tiene una importancia especial, porque nos permite elevar y reparar el año que pasó y, al mismo tiempo, comenzar a construir espiritualmente el año que acaba de empezar.

Cómo hablamos.

Cómo pensamos.

Cómo reaccionamos.

Cómo cuidamos nuestras mitzvot.

Cómo nos relacionamos con los demás.

Cómo nos acercamos a Hashem.

Todo adquiere en estos días una fuerza especial.

Y dentro de los Aseret Iemei Teshuvá tenemos este Shabat tan particular: Shabat Teshuvá.

Un Shabat que reúne dos fuerzas extraordinarias: la fuerza del Shabat y la fuerza de la Teshuvá.

Teshuvá significa volver.

Volver a nuestra esencia.

Volver a nuestra conexión con Hashem.

Revelar nuevamente quiénes somos verdaderamente.

Por eso Shabat Teshuvá tiene una fuerza tan especial.

Es un momento para conectarnos con nuestra esencia más profunda, no desde la tristeza, sino desde la cercanía, la conciencia y el deseo de vivir cada vez más conectados con Hashem.

Este Shabat puede darnos fuerza para todo el año.

Para agregar más kedushá.

Más emuná.

Más simjá.

Más luz.

Y para prepararnos para Iom Kipur, cuando llegaremos a Neilá y podremos revelar el nivel más profundo del alma: la Iejidá.

Que la fuerza de este Shabat Teshuvá nos ayude a llegar a Iom Kipur más conectados con Hashem.

Y que cuando lleguemos a Neilá podamos pedir algo muy profundo:

que todo lo que logremos revelar en ese momento no vuelva a esconderse.

Que la Iejidá permanezca revelada.

Que podamos llevar esa conexión con nosotros a cada día de 5787.

¿CÓMO SEGUIMOS CORONANDO A HASHEM?

Coronamos a Hashem como Rey en Rosh Hashaná.

Pero esa coronación debe continuar durante todo el año.

Cada vez que elegimos hacer Su voluntad.

Cada vez que hacemos una mitzvá.

Cada vez que cuidamos Shabat.

Cada vez que cuidamos nuestra forma de hablar.

Cada vez que elegimos responder con serenidad.

Cada vez que ponemos un límite por kedushá.

Cada vez que ayudamos a otro Yehudí a acercarse a Hashem.

Y también cada vez que elevamos algo aparentemente cotidiano.

Cuando trabajamos con un propósito de kedushá.

Cuando cuidamos nuestro cuerpo para poder servir mejor a Hashem.

Cuando alimentamos a nuestra familia con amor.

Cuando hacemos de nuestra casa un lugar de Torá y mitzvot.

Cuando elegimos nuestra ropa, nuestras palabras y nuestro tiempo con conciencia de nuestra misión.

Estamos diciendo con nuestros actos:

Hashem es mi Rey.

Por eso una mitzvá más nunca es algo pequeño.

Cada mitzvá es un acto de coronación.

EL MENSAJE DE 5787

Este año comienza con fuerzas enormes:

Shabat — deleite y placer espiritual.

13 meses — Ahavá, Ejad y Rajamim.

55 semanas — vivir con la Iejidá revelada.

385 días — plenitud.

פז — 87 — oro fino, puro y refinado.

Y todo esto nos está diciendo algo.

No se trata solamente de hacer más.

Se trata de vivir de una manera más profunda.

Más mitzvot, con más simjá.

Más límites, con más amor.

Más Guevurá transformada en una fuerza de kedushá.

Más Rajamim.

Más unidad.

Más emuná.

Más bitajón.

Y más conciencia de que cada momento puede ser una oportunidad para revelar a Hashem.

Entramos en תשפ״ז.

Un año que comenzó en Shabat.

Un año de 13 meses de Ahavá, Ejad y Rajamim.

Un año de 55 semanas para vivir con la Iejidá revelada.

Un año lleno.

Un año de פז.

Un año para revelar el oro que ya existe dentro nuestro.

Que podamos amar más.

Unir más.

Perdonar más.

Revelar más.

Que cada desafío despierte en nosotros más emuná, más bitajón y más fortaleza.

Que recordemos siempre que el pozo no es el final.

Que el galut no es el final.

Y que dentro de cada Yehudí existe una luz que ningún lugar puede apagar.

Que cuando lleguemos a Neilá podamos pedirle a Hashem que esa Iejidá que se revela en el momento más elevado de Iom Kipur permanezca revelada durante todo el año.

Que podamos vivir conectados con Hashem no solamente en los momentos más espirituales, sino también dentro de cada detalle de nuestra vida cotidiana.

En nuestra casa.

En nuestro trabajo.

Con nuestra familia.

En nuestras decisiones.

En todo lo que hacemos.

Somos soldados de Hashem, y nuestra misión es iluminar Su mundo.

Cada una con su luz.

Cada una con su mitzvá.

Cada una agregando una mitzvá más.

Hasta que todas esas luces se unan en una gran עטרת פז, una corona de oro puro, con la revelación completa de la Maljut de Hashem, la llegada de Mashíaj y la Gueulá completa.

שנת פז — שנה של אור, ברכה וגאולה.

Que 5787 sea un año de פז: un año de luz, brajá y Gueulá.

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