Inicio Hadassah Israel revoluciona la medicina personalizada y el tratamiento del cáncer con un laboratorio de organoides en el hospital Hadassah  

Israel revoluciona la medicina personalizada y el tratamiento del cáncer con un laboratorio de organoides en el hospital Hadassah  

Por Iton Gadol
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Itongadol (Por Daniel Berliner, desde Israel).- La bióloga Myriam Grunewald es la directora del Centro de Investigación de Organoides del hospital Hadassah y recibió a Itongadol en su laboratorio para conversar sobre esta innovación científica que revoluciona al mundo.

La especialista explicó el uso de los organoides para probar fármacos, su aplicación en la medicina personalizada, la respuesta que podría dar a los tratamientos contra el cáncer y su utilización como trasplantes para tratar el tejido enfermo.

— ¿Cuándo se fundó el Centro?

— Lo fundé junto con una gastroenteróloga pediátrica (Liron Birimberg-Schwartz, que es la directora médica), en octubre de 2020. Enseño e investigo en la Facultad de Medicina y el profesor (Eyal) Mishani, que es el jefe de (la División de) Investigación y Desarrollo de Hadassah, identificó que existía la tecnología de los organoides y nos dijo que debíamos traerla a Israel, ya que hasta que fundamos el centro, esta tecnología solo se utilizaba en ciertos lugares puntuales. Así que nos reclutó, estudiamos el tema y empezamos a trabajar.

La bióloga Myriam Grunewald junto al director de ItonGadol, Daniel Berliner

— ¿Qué es un «organoide»?

— Esto empieza con una biopsia; es decir, un trozo que tomamos de alguien que atraviesa una cirugía o un procedimiento. Entran para hacer una endoscopía y pueden tomar una parte por el tubo. Lo recibimos, lo descomponemos para obtener una sopa de células, las limpiamos, y luego la magia consiste en colocar esas células en un gel para poder organizarlas en tres dimensiones. A eso le añadimos un medio; es decir, una sustancia que les proporciona todo lo que necesitan para alimentarse, beber, todo… Tienen todo para crecer, dividirse, diferenciarse y funcionar como si estuvieran en el cuerpo. A esas pequeñas bolitas se las puede llevar a un microscopio muy caro y avanzado, donde las colocamos.

— ¿Cómo empezó todo?

— Habíamos visto en la literatura (científica) que cada vez más personas utilizaban organoides para diversos fines, tanto para la ciencia básica como para la medicina personalizada, y estamos muy interesados en la medicina personalizada. También habíamos visto que la FDA (sigla en inglés de Administración de Alimentos y Medicamentos), que es el organismo gubernamental de los Estados Unidos que decide si un medicamento se les puede administrar a los pacientes o no, decidió, sobre la base de resultados, que debíamos incorporar a los laboratorios un modelo más adecuado que los ratones o las células que estábamos utilizando. Le pidieron a la comunidad científica que creara un nuevo modelo que se asemejara más a lo que ocurre en los tejidos humanos porque si lo ponemos en números: de los 250 fármacos que probamos en laboratorio con los modelos clásicos, viejos, solo uno de ellos, al fin de cuentas, produce el mismo efecto en humanos. Así que esas cifras hicieron que la FDA dijera: «Basta, se necesita crear algo nuevo», y fue necesario esperar hasta 2009, cuando hubo dos publicaciones muy importantes del laboratorio de (el genetista molecular y biólogo) Hans Clevers en Utrecht, Países Bajos, que simplemente demostraron que se podía tomar tejidos de ratones y cultivarlos de forma tal que se conservara la autenticidad del tejido. El tejido que crecía en la placa de cultivo era muy similar al tejido que se observa en el cuerpo humano.

— ¿Y qué pasó en estos cinco años?

— Empezamos en una habitación muy pequeña abajo, donde ahora está mi oficina, con una pequeña sala de cultivo. Éramos tres personas y, de hecho, empezamos por lograr las autorizaciones. Como se trata de material humano, se necesitaba la autorización del Comité de Ética de Hadassah y del Ministerio de Salud de Israel. Eso nos llevó tiempo, pero les explicamos todo… Luego aprendimos el método. Liron, que trabaja conmigo, sabía hacerlo, pero lo mínimo, así que junto con Deborah (Durán), que estuvo con nosotros al principio, tomamos protocolos de la literatura (científica), empezamos a probarlos y vimos que funcionaban, aunque no del todo. Entonces, tomamos los protocolos publicados y los mejoramos… Luego fui a dar conferencias sobre el tema a todos los departamentos de Hadassah, para interesar a médicos porque para que funcionara necesitábamos que un médico trabajara con nosotras y pudiera decirnos que había un paciente interesante, en base al cual convenía hacer organoides para probar fármacos… También di conferencias en la facultad, para interesar a investigadores y decirles: «Miren, tenemos una nueva herramienta, muy poderosa. Les conviene usarla». Fui a otros hospitales, a universidades… Di una conferencia en el (Instituto Científico) Weizmann, en todo tipo de lugares, para generar interés… Y de hecho, poco a poco, fuimos construyendo una comunidad. Entonces, por ejemplo, en el hospital tenemos grupos de WhatsApp, en el que siempre hay un médico, ya sea oncólogo, gastroenterólogo o neumólogo; un patólogo, al que le llevamos el trozo de órgano que tomamos, lo examina y, a partir de ahí, adapta el estudio que le va a hacer firmar al paciente, porque tiene que darnos autorización para hacer lo que hacemos; y algún responsable de esa enfermedad en particular. Ahora tenemos en nuestro biobanco (banco de muestras biológicas y datos clínicos para la investigación biomédica) más de 500 pacientes de los que hemos hecho organoides, tanto de tejido enfermo como de tejido sano, lo que permite hacer muchas cosas… 

— Antes, todos los pacientes recibían el mismo tratamiento. ¿Puede ser que ahora no?  

— Exacto. Es lo que se llama «medicina personalizada»… Ahora tenemos un proyecto muy interesante, que analizan su genética, qué mutaciones tiene. Analizamos los resultados de la patología, qué análisis se realizaron… Analizamos muchos datos: su edad, de dónde proviene, cuántos hijos tiene, todo eso… Estamos comenzando un proyecto sobre el cáncer de mama en colaboración con el profesor Shai Rosenberg (jefe del Servicio de Medicina Computacional). Es un genio, también matemático, científico informático. Increíble… Recibí dinero y lo recluté para que tomemos pacientes, hagamos el análisis genómico -es decir, qué mutaciones, epidemiología, todas esas cosas que sepamos del paciente-, además de la opinión de la oncóloga, Shani Paluch. Además, haremos organoides y veremos cómo reaccionan. Con todo eso junto, al final podremos predecir qué es lo más apropiado para el señor Cohen, y no para el señor Levy. Esto es lo que se llama «medicina personalizada»… Que cada vez que haya un paciente, haya medicamentos que sepamos que funcionarán… Si te duele la cabeza, tomás una aspirina. Eso funciona para todos… Pero para la quimioterapia u otros medicamentos tenemos que hacer procedimientos como este…

— Si cada persona tiene un tratamiento diferente, ¿de dónde saldrá el dinero?

— Un ejemplo: alguien llega con un tumor que se puede extirpar. Es decir, el cirujano puede entrar y extirparlo, pero pide reducirlo antes porque de esa manera al paciente le irá mejor. Entonces le dan quimioterapia y le dicen que regrese en un mes, con la esperanza de que el tumor se haya reducido. Sabemos que eso no funcionará en uno de cada dos. Es decir, de dos pacientes, a uno de ellos le funcionará, volverá y podremos operarlo, y el otro volverá y el tumor, en el mejor de los casos, no habrá cambiado, o en el peor de los casos, habrá crecido, hecho metástasis y no podrá ser operado. Entonces, esa es una situación en la que tenemos que hacer organoides: tomar su tumor, probar con quimioterapia y decirle al oncólogo: «No le des, no funcionará. Probá otra cosa porque si le das, en un mes volverá y tendrá un tumor más grande»… O por ejemplo, cuando alguien llega con un cáncer y hay muchas opciones… Ahora hay tanta investigación que hay muchos medicamentos que se le pueden dar, ¿cuál darle? Entonces, estudiás ese tipo de cáncer, qué subtipo es… Pero a veces el oncólogo todavía tiene opciones. ¿Cuál elegir? Y si querés probarlo en el paciente, eso tiene efectos secundarios… Creo que la cuestión del dinero… Sí, hacerlo cuesta dinero, pero lo hace más efectivo. Es decir, estarás más seguro de lo que le das… Por ejemplo, podría decirse que si esto realmente continúa en esta dirección, dentro de cinco años será posible hacerlo en todos los hospitales. Así, cuando esté la incógnita de qué dar, se pueda crear un organoide…

— ¿Hay cosas que saben que son buenas para cierto tipo de cáncer o que lo son en general para todos? 

— Precisamente ahora, lo que estamos haciendo, y lo que el mundo entero está haciendo, es, de hecho, tratar de ver cuánto se asemeja lo que hacemos en los organoides a lo que ocurre en un ser humano. Es lo que se llama «ensayo clínico». Tomamos pacientes y sus organoides y comparamos la reacción al tratamiento. Por ejemplo, en el caso de Malena (Cohen-Cymberknoh, directora de la Unidad de Neumología Pediátrica de Hadassah), sabemos que funcionapara la fibrosis quística. ¿Por qué? Tomamos una biopsia de colon de pacientes con fibrosis quística y a partir de ella creamos organoides. La proteína afectada en la fibrosis quística se expresa en esos organoides y les añadimos el fármaco. Es un ensayo muy, muy sencillo porque el cultivo se hincha cuando se le añade agua si el fármaco corrigió la afección…

— El mundo entero está hablando y viendo lo que pasa con el cáncer, ¿ustedes también?

— Primero y principal, tenemos una investigación que demuestra que realmente lo que obtenemos en un cultivo es muy similar a lo que obtenemos en un paciente, e incluso respecto de una paciente le recomendamos al oncólogo que le administraramás quimioterapia, además de la radioterapia que ya estaba recibiendo, porque vimos en los cultivos que era lo que se necesitaba. La recibió y, gracias a D’s, no tuvo una recidiva… Pero esto es algo pequeño, ahora lo queremos a gran escala…

— ¿Esto es el presente o ya es el futuro?

— Sí, es el futuro, absolutamente… Y ni siquiera he mencionado que se puede tomar a los organoides y trasplantarlos… Tomar organoides sanos y tratar el tejido enfermo… Ya lo están haciendo en Japón, para el intestino… Nosotros lo estamos haciendo para el útero, en forma experimental por ahora, pero es hacia donde… El futuro es ahora. Está sucediendo ahora y este campo avanza a un ritmo muy vertiginoso. Y las tecnologías también se están desarrollando… Yo pienso: ¿cómo se reconoce que un campo va a tener éxito? Cuando hay otras tecnologías que lo acompañan… Entonces, existe la tecnología que nos permite hacer mucho más con organoides, existe la IA (inteligencia artificial), que está entrando muy fuerte a esto… En nuestro proyecto para predecir el mejor medicamento; la IA interviene en los cultivos de los organoides, en cómo identificarlos, en todo tipo de aspectos técnicos… Así que estas tres cosas -la tecnología de microscopía, los organoides y la IA- van juntas… En los Estados Unidos recién en 2025 abrieron un centro, con un presupuesto de 85 millones de dólares, como el que nosotros abrimos en 2020. Es decir que identificaron que los organoides son el futuro…

— ¿Qué pasa en el mundo en este sentido?

— El mundo avanza en esta dirección… La FDA está solicitando un organoide. Ya existe el primer fármaco orientado en base a organoides. Falta mucho trabajo en animales y demás, y existe un centro que fundaron para mejorar estas tecnologías.

— ¿Y dónde está ubicado Israel?

— En Hadassah, pronto viajaremos a los Estados Unidos para dar un curso, en agosto. Les enseñaremos a los estudiantes sobre los organoides: cómo hacerlos, cómo utilizarlos y todo eso… Me llevo a todo el laboratorio: vamos allí, enseñamos durante un mes y luego regresamos a casa. Será en el MBL, en Boston. Es (la sigla en inglés de) el Laboratorio Biológico Marino, un lugar muy bonito y prestigioso… Estamos muy contentos… Hay un joven que vino desde Perú y quiere fundar un centro de organoides en un hospital de Perú, así que nos preguntó cómo podíamos ayudarlos y, por supuesto, estamos dispuestos a enseñarles… Nuestro centro es un biobanco; es decir, creamos organoides para diseminarlos. Realizamos nuestra investigación y también les brindamos servicios a empresas que deseen probar medicamentos o investigadores que quieran probar un mecanismo, pero también enseñamos, y a mí me gusta mucho esto. Somos un centro de conocimiento para enseñarles a los otros.

— Cuando llega a su casa y se acuesta a dormir, ¿es consciente de lo que está sucediendo en su vida?

— Llevo muchos años en la ciencia, así que sé que muchas veces investigás, investigás, investigás y no sale nada, pero hay momentos como este, en el que sentís que has hecho algo para mejorar la vida de los pacientes y lo has logrado. Es decir, que realmente he trabajado toda mi vidaen investigación básica -investigo el envejecimiento, los vasos sanguíneos y el corazón- y esta es la primera vez que tengo la sensación de que realmente puedo ayudar puntualmente a alguien y a otro y a otro más. Mi objetivo, mi ambición, es que podamos hacer esto por la mayor cantidad de personas posible para reducir realmente el sufrimiento y optimizar el tratamiento, y lo estamos logrando. Alguien dijo que en cinco años ya no habrá cáncer porque lo sabremos todo. En mi opinión, todas las tecnologías van por buen camino…

— Cambiando totalmente de tema, hubo una guerra en Israel y, por lo que se ve, trabajaron todo el tiempo… 

— Pensaba mucho en esto en casa porque veía… Nos decían: «Habrá misiles por otras cinco horas, tenemos a Irán y eso», así que la gente decía: «Bueno, ¿qué hacemos?», y entonces mirábamos una película, nos íbamos a dormir… Es decir, seguíamos adelante… «Tenemos un cuarto seguro, un refugio, así que nos vamos al refugio…». Y lo mismo en el trabajo… Creo que el pueblo judío… En este laboratorio también tenemos no judíos… Los que vivimos en Israel tenemos resiliencia, tenemos la capacidad de lidiar con cualquier situación, así que dijimos: «Bueno, no todos estarán al mismo tiempo en el laboratorio, haremos turnos», pero continuamos… Y en las calles de Israel se ve que no todos tienen miedo y eso, viven… Hay una fuerza vital que es más fuerte que todas las demás…

— ¿Es una respuesta o es vuestra forma de vida?

— No sé de dónde proviene… Escucho mucho sobre lo que pasa en Francia porque tengo familia allí y ellos dicen: «en los tiempos difíciles que tenemos no se puede hacer nada», la gente está deprimida y todo eso… ¡Vamos! Lo que les pasa es que hay un pequeño aumento de precios… Recuerdo que cuando estuvimos allí con los chicos, encendimos la televisión y escuchamos: «atentado en un supermercado», así que dijimos: «¿Qué? ¿Aquí también?». ¿Y qué había sido el atentado? El pollo había subido un euro…Eso era el terrorismo allá… Entonces, digo: no sé si es bueno que podamos ser tan elásticos como para lidiar con cualquier situación, pero continuamos con toda la fuerza.

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