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El odio que nunca existió – United for Eternal Peace

Por Iton Gadol
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Shiur del Rab Farkash

La acusación que nació en Tishá BeAv

Nos encontramos analizando la Parashá Devarim. Esta Parashá se lee siempre durante los nueve días del mes de Av. En ella, Moshé comienza a repasar junto al pueblo de Israel todo lo que atravesaron durante su travesía por el desierto. De hecho, ese recorrido histórico constituye gran parte del Libro de Devarim.

Rashi explica que Moshé no estaba relatando estos acontecimientos simplemente para recordar el pasado, sino que estaba reprendiendo al pueblo con el propósito de que corrigiera sus errores y mejorara en el futuro.

Uno de los episodios que Moshé vuelve a mencionar es el envío de los espías a la Tierra de Israel. A primera vista, parecería ser una repetición de lo relatado en la Parashá Shlaj. Sin embargo, al analizar el relato con mayor profundidad, descubrimos detalles que allí no aparecen y que revelan una dimensión completamente nueva de lo sucedido.

La historia de los espías está íntimamente vinculada con Tishá BeAv. Cuando regresaron de explorar la Tierra y difundieron su informe negativo, el pueblo entero comenzó a llorar. Entonces, Di-s declaró que, por haber llorado aquella noche sin una verdadera razón, llorarían en esa fecha durante generaciones por motivos reales.

Aquella noche era el 9 de Av, fecha en la que posteriormente serían destruidos ambos Templos y en la que ocurrirían muchas otras tragedias a lo largo de nuestra historia.

Al recordar el episodio, Moshé les dice:

“Hablaron mal dentro de sus carpas y dijeron: ‘Por el odio que Hashem siente hacia nosotros, nos sacó de Egipto para entregarnos en manos de los emoreos y destruirnos’”.

Rashi se detiene en la expresión: “Por el odio que Hashem siente hacia nosotros”, y explica:

“En realidad, Él los amaba, pero ustedes lo odiaban a Él. Como dice el refrán: aquello que tú sientes en tu corazón hacia tu prójimo, supones que él siente hacia ti”.

Este comentario de Rashi despierta varias preguntas.

¿Acaso necesitamos que Rashi nos aclare que Hashem amaba al pueblo de Israel?

Además, el propio versículo parece explicar por qué los judíos pensaban que Hashem los

odiaba: creían que los estaba conduciendo hacia una tierra en la que los emoreos los matarían.

¿Por qué, entonces, Rashi ofrece una explicación diferente y afirma que aquella acusación nacía del odio que ellos mismos sentían hacia Di-s?

Y hay algo más: Rashi utiliza la expresión “tu prójimo” o “tu amigo”. Si está hablando de una relación de odio, parecería más adecuado referirse a un enemigo.

Lo que se decía dentro de las carpas

Rashi continúa explicando que los judíos se quejaban de que Hashem los había sacado de una tierra superior para conducirlos hacia una tierra inferior.

Para ilustrarlo, presenta la parábola de un rey que poseía dos campos y tenía dos hijos. Uno de los campos se regaba mediante un río, mientras que el otro dependía de la lluvia. Al hijo que amaba le entregó el campo irrigado por el río; al hijo que no amaba, el campo que dependía del agua del cielo.

Egipto era alimentado constantemente por las aguas del Nilo, mientras que la Tierra de Israel dependía de las lluvias. Por lo tanto, el pueblo afirmaba que Hashem los había sacado de una tierra segura y fértil para entregarles una tierra de menor calidad.

Pero esta explicación también resulta extraña.

El versículo parece decir que el supuesto odio de Hashem se manifestaba en que los

estaba llevando ante los emoreos para que fueran destruidos. ¿De dónde obtiene Rashi la idea de que también se quejaban por la diferencia entre la tierra de Egipto y la Tierra de

Israel?

Además, la Torá ya había explicado anteriormente, en la Parashá Behaalotjá, por qué algunos judíos añoraban Egipto: recordaban los alimentos que allí comían “gratuitamente”. ¿Qué agrega entonces esta nueva explicación?

Y, en realidad, la queja carecía por completo de sentido. Más adelante, la propia Torá enseña que una tierra que depende de la lluvia es superior a una tierra irrigada por ríos.

Para llevar el agua de un río hasta los campos es necesario realizar un gran esfuerzo. La

lluvia, en cambio, desciende desde el cielo mientras la persona duerme, sin que tenga que transportarla con sus propias manos.

La respuesta se encuentra en una expresión aparentemente secundaria del versículo: “Hablaron mal dentro de sus carpas”.

La rebelión provocada por los espías no ocurrió dentro de las casas. Fue un

acontecimiento público. Los espías pronunciaron su informe delante del pueblo, despertaron el temor colectivo y provocaron que todos lloraran.

¿Por qué, entonces, la Torá destaca que hablaron dentro de sus carpas? Rashi nos está enseñando que existieron dos conversaciones diferentes.

En público, los espías atemorizaron al pueblo diciendo que los habitantes de la Tierra eran demasiado poderosos y que los emoreos terminarían destruyéndolos.

Pero, cuando regresaron a sus carpas, surgió otra clase de discurso: un lashón hará privado, íntimo y carente de lógica. Allí ya no hablaban simplemente del peligro militar, sino que decían que Hashem había dejado de amarlos.

La preocupación pública podía presentarse como una duda racional: “Quizás no podamos conquistar la Tierra”. Sin embargo, la acusación pronunciada dentro de las carpas era completamente diferente: “Di-s nos odia”.

Era una afirmación tan falsa y absurda que solo podía ser expresada en privado.

Cuando proyectamos nuestro propio alejamiento

Ahora podemos comprender las palabras de Rashi.

El pueblo decía: “Nosotros amamos a Hashem, pero Él ya no nos ama. Nos sacó de Egipto porque desea perjudicarnos”.

Por eso Rashi responde: “En realidad, Él los amaba”.

Hashem nunca dejó de amarlos. La sensación de distancia no provenía de Él, sino del propio pueblo. Ellos se habían alejado interiormente de Hashem y proyectaban ese

alejamiento sobre Él.

Por eso Rashi utiliza la expresión “tu amigo”, y no “tu enemigo”. Se trata precisamente de alguien a quien, en esencia, deberías amar y que también te ama. Sin embargo, cuando permites que surja en tu interior cierto resentimiento hacia él, comienzas a interpretar cada uno de sus actos como una expresión de rechazo.

Aquello que tú sientes hacia tu prójimo, asumes que él siente hacia ti.

Si el pueblo hubiera odiado a Hashem de manera consciente, no habría tenido sentido que se quejara de que Hashem no los amaba. Su dolor demostraba que ellos sostenían que sí amaban a Hashem y que era Él quien los odiaba. Pero Rashi nos enseña que en realidad

era al contrario, Hashem los amaba y como ellos sentían odio suponían que Él los odiaba, porque «lo que sientes por tu amigo, es lo que supones que él siente por ti».

Y esa distorsión se extendió todavía más.

Dentro de sus carpas decían que quizás Hashem sí les entregaría la Tierra de Israel, porque, al fin y al cabo, eran Sus hijos. Pero les daría una tierra inferior: una tierra que

dependía de lluvias inconstantes, a diferencia de Egipto, que recibía permanentemente las aguas del Nilo.

Tampoco esta acusación poseía fundamento. Hashem ya les había prometido que, si caminaban por Sus caminos, las lluvias llegarían en el momento adecuado y la Tierra les concedería todos sus frutos.

Sin embargo, cuando una persona desea alimentar una queja, deja de buscar coherencia.

Primero surge el alejamiento emocional; luego, la mente fabrica argumentos para justificarlo.

En público temían que los emoreos los mataran. En privado afirmaban que Hashem ya no los amaba y que, aunque les entregara la Tierra, les daría una tierra de menor calidad.

El amor que transforma el exilio

De esta historia surge una enseñanza extraordinaria.

En el mismo instante en que el pueblo de Israel descendía a un nivel tan bajo —quejas, ingratitud, miedo y lashón hará—, Hashem declaraba: “Yo los amo”.

Incluso cuando ellos interpretaban Su amor como odio, Él continuaba amándolos.

Y la conciencia de ese amor debe despertar y fortalecer nuestro propio amor hacia Él.

Porque muchas veces, cuando atravesamos una dificultad, podemos llegar a pensar que Hashem se ha alejado, que ya no nos mira con benevolencia o que dejó de amarnos.

Pero el problema no está en Su amor. El amor de Hashem hacia el pueblo de Israel es esencial e inalterable. Lo que puede cambiar es nuestra capacidad de percibirlo.

El Tzemaj Tzedek enseña que las palabras con las que el pueblo acusó a Hashem —“por el odio que Hashem siente hacia nosotros”— poseen las iniciales de la palabra eivá, “odio”.

Asimismo, las palabras con las que comienza el Libro de Eijá —“Eijá yashvá badad haír”, “¡Cómo ha quedado solitaria la ciudad!”— también forman, mediante sus iniciales, la palabra eivá.

La destrucción del Beit HaMikdash y el comienzo del exilio están asociados con aquella terrible distorsión: creer que Hashem nos odia cuando, en realidad, nos ama

infinitamente.

Por eso, la rectificación del exilio consiste en revelar el amor esencial que existe entre Hashem y el pueblo de Israel. Cuando dejamos de interpretar la oscuridad como

abandono y descubrimos el amor que permanece oculto detrás de ella, el propio exilio comienza a transformarse en Redención.

Sea la Voluntad Divina que podamos revelar ese amor en su forma más profunda; que podamos reconocer el cariño infinito que Hashem siente hacia cada uno de nosotros y responder a él con un amor verdadero.

Y que, como consecuencia, recibamos todas las bendiciones de manera abierta y

revelada, especialmente la bendición más esencial: la llegada de nuestro Justo Mashiaj y la construcción del Tercer Beit HaMikdash, ya mismo.

Amén.

Desgrabado por:

Rabino Moisés Waisberg.

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