Itongadol.- ItonGadol visitó el Centro Beit Halojem en Tel Aviv, donde realizan su rehabilitación los veteranos heridos del ejército israelí, y allí conversó con Juan (su apellido permanece anónimo por razones de seguridad) para dialogar sobre su experiencia tras la guerra en Gaza.
Juan fue diagnosticado con trastorno de estrés postraumático tras vivir los horrores de la masacre del 7 de octubre y en Beit Halojem encontró un lugar donde se siente contenido.
La Organización de los Héroes Heridos de Tzahal fue fundada después de la Guerra de la Independencia en 1949 con el objetivo de acompañar a los veteranos en su proceso de rehabilitación. El primer centro Beit Halojem, que ofrece actividades deportivas, espacios de recreación y tratamientos de rehabilitación fue inaugurado en Tel Aviv en 1974, después de la guerra de Iom Kipur. Actualmente, la organización tiene centros también en Jerusalem, Haifa, Beer Sheva y pronto inaugurará uno nuevo en Ashdod. Además, cuenta con 15 representaciones en todo el mundo.
–¿Cuándo hiciste aliá?
–Nací en Guatemala, hice aliá a los 19 años. Yo nunca estuve muy en contacto con la comunidad judía, pero las últimas veces que he ido a Guatemala, visitando desde Israel, he logrado ir más a la Sinagoga, conociendo más a la gente. Hice aliá solo, en noviembre de 2020, durante la pandemia. Estuve cinco meses en un kibutz trabajando. Llegué a través de la Agencia Judía para Israel.
–¿Cómo fue la decisión de la aliá?
–En mi casa nunca me inculcaron mucho el sionismo o el judaísmo. Fue más mi abuela, la que siempre nos recordaba que es importante regresar a nuestra tierra. Yo estaba por terminar la secundaria, mi último año, y dije “¿qué quiero hacer con mi vida?”. Y siempre tuve la idea de venir acá.
– ¿Cómo se cruza tu vida con el 7 de octubre?
– Dos días antes, yo estaba dispuesto a regresar a una base de olim, para terminar unas pruebas, para poder entrar a la universidad con más facilidad. Entonces yo regresé todo mi equipo, mi arma, mi chaleco, mi casco, todo. Yo ya estaba desconectado. Entonces, el 7 de octubre, yo estaba en mi casa, técnicamente esperando para ir a la nueva base. Me llaman a la mañana, y me dicen “Juan, están pasando cosas en el sur, te vamos a traer, estate listo en media hora”. Les digo, “¿tienen un arma para mí?” Me dijeron “no, no hay armas, espera en casa hasta que te podamos dar el equipo”. Yo hoy tengo 24 años. Esto ocurrió cuando tenía 22. Pero cerca de donde estaba había una base donde también tiene sede mi unidad. Fui para allá, les dije mi situación, que necesitaba equipo para poder ir a pelear, a combatir. Me dijeron que no me podían ayudar. Regresé a mi casa. Empecé a hablar con gente para ver qué se podía hacer. Un amigo israelí, que él también no tenía equipo porque iba a ir conmigo a esta nueva base, me dijo que su papá nos podía llevar al lugar donde estaban todos los médicos. Llegamos a las 10 de la mañana. Allí nos encontramos con un oficial del ejército, le contamos nuestra situación, que no teníamos equipo, que queríamos unirnos a nuestro escuadrón. Nos dijo “pueden agarrar el equipo de los soldados que murieron”. Fue lo que hicimos, tomamos el equipo de ellos, entonces empezamos a despejar casas y lugares en la zona.
– ¿Ya se tenía conciencia de lo que estaba pasando o todavía no?
– Era un caos. Sabíamos que había una infiltración de terroristas, pero el número no estaba ni cerca de lo que pensábamos. Al final entraron 4.500 terroristas ese día. Nosotros pensábamos que eran 50, 100. Yo no tenía mucha información, ya que yo no estaba con mi comunidad en ese momento. Ellos, desde la base, tomaron helicópteros y fueron mucho más temprano. Sabíamos que eran terroristas, sabíamos que habían estado por ciertas bases y lo que querían lograr era controlarlas. Pero nunca se imaginaron tanta cantidad. Estábamos con ese escuadrón de reservistas, mi amigo y yo. Bueno, despejamos casas, combatimos tal vez unas 18 o 19 horas seguidas por Beeri y por Nahal Oz. Después logramos comunicarnos con nuestro escuadrón de Tzanjanim (Paracaidistas). Nosotros éramos un escuadrón de morteros. Nos movilizamos hasta Alumim. Desde ahí éramos de los pocos escuadrones de morteros que eran movilizables, porque son con jeeps. Y disparamos más de 1.200 morteros en la semana del 7 de octubre.
– ¿A medida que pasaban las horas se dimensionaba lo que iba ocurriendo?
– Ya en ese momento teníamos noticias de conocidos que habían muerto. La verdad es que la moral estaba muy en el piso. Pero bueno, hay que seguir. Estuvimos ahí cuatro días, más o menos, regresamos a Bahad Majanim, a la base. Ya estaba más controlada la situación. Aún había terroristas, aún todo estaba caliente, pero menos. Ya había menos caos, se podía pensar más, había más comunicación. Durante esos días no dormimos tal vez 40 horas. Estuvimos despiertos con pastillas de cafeína. Recibíamos objetivos de muchas unidades, porque por lo general nosotros actuamos solo con el batallón. El comandante del batallón es el que nos da permiso de disparar, es un proceso. Pero esta vez estábamos recibiendo objetivos de otras unidades. Cada vez que tirábamos, que disparábamos con los morteros, nos decían, dispararon a tal base de Hamás en Gaza. Disparábamos al norte y centro de la Franja durante esos cuatro días. Después, cuando recibieron órdenes, ya regresamos a la base. El ejército quería esperar, porque era peligroso para nosotros entrar con tanta rabia, con tanto enojo, uno no puede pensar claramente. Y también para practicar lo que íbamos a hacer.
– ¿Entraste a Gaza formalmente?
– Hubo un problema con el comandante de la brigada, que no nos quiso sacar. Estuvimos 90 días sin salir a casa, ni ningún descanso, mientras que otras unidades sí lo estaban teniendo. Esos fueron los primeros 90 días que estuvimos sin salir, hasta que tuvimos un descanso, nos llevaron a otra base militar como para un descanso, el 23 de diciembre. Entramos a Gaza el 30 de octubre.
– ¿Cuál era la tarea?
– El ejército israelí es pequeño. Cada unidad tiene dos cuadras en Gaza, y esas son las que tienen que recorrer en tres días, por ejemplo. Y tienes otra unidad que tiene el bloque que está a la par, tiene que recorrer lo mismo. Las misiones más especiales tocan para unidades más especiales. Nosotros encontramos túneles, no porque los estábamos buscando, sino porque es algo que ocurría muy a menudo en edificios, en casas, en escuelas.
– ¿Cómo llegaste a Beit Halojem?
– Cuando termino mi servicio obligatorio, igual me quedo con ellos un mes y medio más, porque no tenían más personas. Salgo de Gaza a mediados de enero. Estuve 90 días en Gaza, salgo del ejército, viajo a Guatemala, ahí está mi familia, mis amigos, empiezo a ver que tengo ciertas cosas, pesadillas, ataques de pánico, entre otras cosas. No le di mucha importancia, estuve en Guatemala unos cuatro meses, regresé a Israel, me volvieron a llamar, esta vez pata el Líbano. Fui al Líbano, allí estuvo todo bien. Luego volvió a Guatemala otra vez en enero de 2025. En ese momento yo entendí que no podía seguir más sin tratarme, ya que de verdad no estaba viviendo para nada.
– ¿Esto se llama post-trauma?
– Sí, solo que aún no estaba diagnosticado en ese momento. Yo regreso a Israel ya con la idea de querer tratarme, pero aún no estaba reconocido. En ese momento encontré un programa de Nefesh B’Nefesh que te donaban una cantidad de citas con una psicóloga en una clínica y empezamos a hablar, tuve una cita con un psiquiatra por primera vez, le conté lo que me había pasado y me dijo que por mis síntomas tenía un post-trauma y ahí empecé el tratamiento psicoterapéutico, con pastillas y una cita una vez por semana. Hace un año y tres meses que me estoy tratando.
– ¿Hoy estás mejor?
– Tengo más entendimiento, me conozco mejor cómo soy ahora, no soy la persona que fui antes. Sé las cosas en las que falló e intento no frustrarme tanto. Tengo personas a las que les importo mucho y tengo un seguimiento y un régimen bastante activo. Voy dos veces por semana a la psicóloga, pero no sé la palabra ‘‘mejor’’ es la que encaja en este sentido. La situación es complicada.

– ¿Vivir en Gaza y en el ejército de por sí ya es traumático o tiene que ver con situaciones vividas? ¿Hay hechos que marcaron lo que a vos te está pasando o es un conjunto de situaciones que ocurrieron?
– No puedo decir que tengo un post-trauma por un hecho especifico, pero es verdad que hay ciertas cosas que son de las más duras que puedo decir, por ejemplo, cuando estábamos en Gaza y un tanque nuestro le disparó a nuestra unidad por error y los cuerpos quedan destruidos después de una explosión de ese tipo. Nos tocó recoger piernas, el torso y partes de los cuerpos de mis compañeros y meterlos en una bolsa. El 7 de octubre también lo recuerdo muy bien, estábamos despejando casas y entramos en una casa y vimos un cuerpo pequeño tirado en el piso, de una niña que era preciosa, en el kibutz Be’eri. Tenía un vestido azul y podía verse en su cuerpo que la habían lastimado, le habían mutilado sus partes privadas. Estaba sola. Entramos con un equipo y la vimos. Nunca supe su nombre. Tenía entre 7 y 8 años creo. En esos momentos entendí que esto más que una guerra es un odio que te lleva a una escala que ni siquiera puedo llamarlo inhumano, es algo que va más allá. Es algo indefendible, algo absurdo.
– Lamentablemente quienes escuchamos algunas de estas historias sabemos que el 7 de octubre estuvo cruzado por esa barbarie. El festejo de ellos, filmar todo… es algo que se hace terriblemente complejo.
– La verdad es que cuando entramos a Gaza tuvimos un poco más de contexto, por lo menos yo, pude entender de dónde viene esa maldad. En los colegios tenían libros traducidos al árabe de ‘‘Mi Lucha’’ (libro escrito por Hitler). Tenían libros con fotos de niños dibujados matando judíos, algo muy grafico para niños de primer grado. Los adoctrinan desde niños, eso se puede ver. También encontramos túneles debajo de cuartos de niños, armas y muchas cosas más.
– Al mundo el padecimiento por Israel le duró dos meses y después cambió y en la actualidad compran otra historia, como si todo lo que ocurrió no hubiese ocurrido. ¿Tenés tiempo para pensar en eso?
– Es imposible no pensar en eso, de cierta manera objetiva se sabe que no somos muy queridos en el mundo. No necesito la aprobación de países como Francia o Inglaterra que han hecho más desastres en todo el mundo. Solo me interesa que al final de todo esto podamos dejar este capítulo atrás.
– Al llegar vi a cientos de personas en el aeropuerto y siento que ahora hay una época nueva, después del 7 de octubre, después de Hamás, después de los secuestrados y de la guerra con Irán. Tu testimonio es tan valioso porque es la realidad, por lo que te agradezco por tu tiempo. Tu voz cuenta lo que realmente ocurrió, algo que muchos no quieren ver. ¿Coincidís?
– Sí, pero lo que pasa es que al final es muy difícil hacerle entender a una persona algo que no quiere entender. Yo puedo enviar mi mensaje hacia ellos y al final las palabras no son exactamente el significado que quiero dar si ellos perciben otras cosas porque tienen otros pensamientos y preconceptos de los judíos y de los sionistas, una idea errónea de las cosas. En Guatemala en el colegio yo era el único judío. Mis dos mejores amigos siempre me apoyaron, pero me tocó hablar con una persona, una amiga, que empezó a subir cosas de Palestina y del genocidio y le quise hablar y tuvimos una charla real y pude escuchar lo que ella había escuchado y contarle mi parte de la historia, pero ella no estuvo interesada en eso y me respondió que lo dejásemos ahí, que nunca íbamos a estar de acuerdo. Y yo le dije que parte de la paz es el entendimiento entre las personas. Esto va a seguir pasando, no es algo nuevo.
– A diferencia de la Shoá, cuando no existía el Estado de Israel, el 7 de octubre irrumpe con un Estado de Israel existente. En este caso al haber un Estado, un ejército y un país que defiende a los suyos en el mundo, es una etapa nueva de la que sos testigo. Además, pone muy nervioso a mucha gente a la que no le es fácil llevar a cabo su antisemitismo, más allá de que lo expresan.
– El antisemitismo y el terrorismo no son cosas exclusivas que pasen en Israel. Esto también pasa en Australia y en todos lados. Algunos dicen en la Diáspora que hay que irse a Israel y otros en Israel dicen váyanse de Israel vuelvan a Europa.
–¿Sos optimista? ¿Creés que vas a estar mejor y bien? ¿Lo estás empezando a percibir?
– Te voy a corregir, porque es algo que yo también pensaba antes y que expresaba. Yo me voy a curar pero el post-trauma no es una enfermedad. Esto tiene sus pro y sus contras. Y si no es una enfermedad no me puedo curar. No es una enfermedad entonces no estoy enfermo, estoy en un limbo en ese sentido, de decir cómo percibo yo esta cicatriz que tengo. A veces soy muy critico conmigo mismo. Es un poco complicado. Soy realista, hago lo que tengo que hacer, me esfuerzo y el resto el tiempo lo dirá.
– ¿Qué ofrece Beit Halojem? ¿Qué ocurre acá dentro con vos?
– Beit Halojem es algo que existe desde antes del 7 de octubre. Ha sido siempre un lugar para las personas que salen de la guerra y que no son iguales a lo que eran antes de la guerra, acá se curan de las heridas sufridas en las guerras, gente que pierde una pierna o sus extremidades. Aquí hay centros de fisioterapia, hay gimnasios, hay expertos para tratar lo que la gente necesita, hay piscinas olímpicas, hay muchas actividades que se hacen acá que son parte de lo que la gente deja de hacer por el post-trauma, porque se deja de ocupar, porque evita lugares. Acá no tengo que explicar a nadie porque me siento como me siento, eso es algo agradable. Acá no tengo que explicar, la gente entiende. Es algo que no puedo espera de quien no lo conoce, de quien no sabe lo que es el post-trauma porque no lo vivió, por eso a veces es frustrante para uno mismo, porque no me puedo enojar con los que no me entienden porque no tienen nada que ver con lo que me pasó a mí. Es un lugar muy agradable, hablar con alguien que te entiende es algo muy bonito.

