Itongadol/Agencia AJN.- Las municiones de racimo utilizadas por Irán se han convertido en uno de los mayores desafíos para las defensas aéreas de Israel, ya que obligan a interceptar los misiles antes de que se fragmenten en el aire y dispersen múltiples explosivos sobre amplias zonas.
Desde el inicio de la guerra, Irán ha lanzado decenas de misiles con este tipo de ojivas hacia Tel Aviv y otras áreas pobladas. En uno de los ataques recientes, el sistema defensivo israelí no logró interceptar un misil, lo que provocó la dispersión de submuniciones en zonas civiles. Como consecuencia, una pareja de alrededor de 70 años murió y una de las principales estaciones de tren de la ciudad sufrió daños.
El portavoz militar, Nadav Shoshani, indicó que las víctimas fallecieron dentro de su vivienda tras el impacto de uno de estos pequeños explosivos. Además, acusó al régimen iraní de atacar deliberadamente a la población civil, calificando el uso de estas armas como un “crimen de guerra”.
Las municiones de racimo se abren en pleno vuelo y liberan decenas —o incluso cientos— de “submuniciones” o bombas más pequeñas. Muchas de ellas no explotan al impactar, lo que genera un riesgo persistente al quedar como artefactos sin detonar, similares a minas terrestres.
Según el ejército israelí, aproximadamente la mitad de los misiles disparados por Irán desde el inicio del conflicto el 28 de febrero han estado equipados con este tipo de ojivas. Cada uno puede contener alrededor de 24 submuniciones, con cargas de entre 2 y 5 kilos de explosivo, que se dispersan a una altitud de entre 7 y 10 kilómetros, generando múltiples puntos de impacto.
Expertos señalan que la única forma efectiva de neutralizar esta amenaza es interceptar los misiles a gran altitud, incluso fuera de la atmósfera, antes de que liberen su carga. Una vez que las submuniciones se dispersan, ya no es posible detenerlas.
En ese sentido, sistemas como Arrow 3 cumplen un rol clave, aunque no infalible. Las autoridades destacan que la combinación de defensa activa, alertas tempranas y refugios ha permitido reducir el número de víctimas, pero reconocen que el sistema no es perfecto.
Además de las defensas, Israel ha intensificado sus ataques contra infraestructura militar iraní, incluyendo sitios de lanzamiento de misiles, en un intento por disminuir la capacidad ofensiva del régimen.
El uso de municiones de racimo está prohibido por más de 100 países bajo un acuerdo internacional firmado en 2008 en Dublín. Sin embargo, ni Israel ni Irán forman parte de ese tratado, al igual que potencias como Estados Unidos, China y Rusia.
En este escenario, el principal riesgo no solo proviene del impacto inmediato, sino también de los explosivos que quedan sin detonar, que pueden causar víctimas mucho tiempo después del ataque, especialmente entre civiles.

