Anteayer por la mañana quedó en claro que no había más alternativa que clausurar la
Embajada, al menos en forma temporaria, y el Ministerio de Exteriores en Jerusalén hizo público un anuncio según el cual el embajador Arbel salía de vacaciones, informa Haaretz en su edición digital Ello fue la culminación de un proceso de deterioro en las relaciones entre ambos países, iniciado el 16 de enero pasado, cuando quien diera el golpe de estado del 8 de agosto último, general Muhamad Abd El-Aziz, anunciara el “congelamiento” de las relaciones con Israel debido al operativo Plomo Fundido. Ambos países mantienen relaciones diplomáticas desde 1999. Posteriormente, sin previo aviso, el embajador mauritano en Tel Aviv y parte del plantel diplomáticos abandonaron Israel. Hace una semana, se produjo un empeoramiento cuando la cancillería mauritana comenzó a transmitir su deseo de que le embajador israelí abandonase el país.
Israel invirtió esfuerzos diplomáticos en forma directa y a través de algunos países europeos que mantienen fuertes vínculos con Mauritania, pero dichas gestiones no surtieron efecto.
Según fuentes dentro de la Cancillería israelí, la decisión de Mauritania se debió a presiones de países árabes, en particular de Argelia y Libia. El gobernante libio, Muammar Kadafi, quien está previsto que visite mañana Mauritania, envió mensajes en los cuales dejó entrever que esperaba de este país que redujera las relaciones con Israel.
Hace una semana estuvo de visita en el país el vicepresidente iraní, quien dejó en Nuakchott una contribución de ayuda de 10 millones de dólares.
Según esas mismas fuentes en el Ministerio de Relaciones Exteriores de Israel, las relaciones entre ambos países no han sido cortadas, sino que sólo se ha cerrado la Embajada. “Es posible que el embajador regrese dentro de un mes o dos, y todo vuelva a estar como antes”, aseveraron las fuentes.
CS

