Memoria universal, juicio moral y gracia preservadora.
Itongadol/Agencia AJN.- (Por Jimmy Morales, ex presidente de Guatemala del 14 de enero de 2016 al 14 de enero de 2020) ¿A dónde fueron las aguas del diluvio?
Antes de intentar responder esa pregunta, hay algo que debemos hacer con honestidad bíblica: ir al texto. No a la tradición popular, no a lo que siempre escuchamos, sino a lo que realmente dice Génesis.
El primer dato que llama la atención es este: antes del diluvio, la Biblia no describe la lluvia como un fenómeno normal. En Génesis 2:5–6 se nos dice algo muy concreto: que Jehová Dios aún no había hecho llover sobre la tierra y que la vegetación era regada por un vapor —o un flujo— que subía de la tierra.
“5 y toda planta del campo antes que fuese en la tierra, y toda hierba del campo antes que naciese; porque Jehová Dios aún no había hecho llover sobre la tierra, ni había hombre para que labrase la tierra, 6 sino que subía de la tierra un vapor, el cual regaba toda la faz de la tierra.” Génesis 2:5–6
- Antes del diluvio, no había llovido.
Insisto, antes del diluvio, el texto bíblico nos dice que, hasta ese momento, Dios aún no había hecho llover sobre la tierra, y que el riego provenía de abajo, no del cielo. Es decir, la lluvia no era parte de la experiencia conocida del hombre.
Esto es importante entenderlo, porque entonces el diluvio no fue simplemente “más lluvia de lo normal”. Fue la ruptura de un orden conocido.
Hoy hablamos de aguaceros, tempestades, temporales, huracanes, tifones, inundaciones y más. Pero en el tiempo de Noé no había caído ni una lloviznita…
Se imaginan ustedes a Noé hablando de que de las cataratas abiertas que caerían de los cielos. Y ahora les pregunto: “se abrirán las fuentes del abismo” ¿Qué significa?
Génesis 7:11 dice:
“fueron rotas todas las fuentes del gran abismo, y las cataratas de los cielos fueron abiertas”.
- Brotó agua de la tierra.
¿Han visto ustedes abrirse la tierra de manera violenta y descontrolada para expulsar aguas? Yo no. Y eso es exactamente lo que el texto está describiendo.
Sí, hay manantiales, ojos de agua, géiseres, pero que abruptamente salga agua de la tierra, no se ha visto como lo describe el texto.
La palabra “Abismo” utilizada en el texto bíblico es “tehom”, que no es solo agua: es caos primigenio contenido. Es decir, el estado original del universo antes de que Dios organizara su creación. Génesis 1:1-2 nos habla de que
“En el principio creó Dios los cielos y la tierra. Y la tierra estaba desordenada y vacía.”
Y eso no se refiere a que Dios hubiera perdido el control, no. Eso nunca podría haber sucedido. Lo que sí sucede es, que Dios es quien contiene su creación, con poder soberano. Él dice y es creado y habla y manda el universo. Y Pablo, hablando de Cristo, lo dice en Colosenses 1:17
“ Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten”
Dios abre lo que antes contenía. Dios abrió el abismo y de la tierra brotó agua. Aquí no hay meteorología, hay teología de la soberanía.
Y aquí, siendo sinceros, surgen preguntas legítimas: si nunca había llovido sobre la faz de la tierra ¿Qué entendía Noé por lluvia o por diluvio?.
Entonces ¿Cuál era el mensaje de Noé?
- ¿Cuál era el mensaje de Noé?
¿Qué decía Noé o cómo les decía lo que iba a suceder?… “Caerá agua del cielo”… si nunca había caído agua del cielo. Saldrán aguas del abismo… ¿Cuál abismo?. ¿Cómo entendían las personas del tiempo de Noé lo que él les anunciaba? Probablemente no lo entendían. Y quizá, por eso no le creyeron.
A veces nosotros juzgamos las acciones de los demás sin ponernos en los zapatos de ellos. Nosotros los cristianos hablamos de nacer de nuevo y… ¿Será que la gente no nos entiende qué significa eso? ¿Será que nosotros, los cristianos, hemos entendido lo que significa nacer de nuevo?.
El mismo Nicodemo, el maestro de la ley, el fariseo, no entendía como siendo adulto podría volver al vientre de su madre para nacer de nuevo. Como lo narra Juan capítulo 3.
- ¿Será claro nuestro mensaje?
¿Será que nuestro mensaje no es claro y por eso la gente de nuestro tiempo no nos comprende y por eso no cree? Juzgar a la gente del tiempo de Noé, nos resulta fácil, pero es aquí donde se manifiesta la gracia de Dios. No sé si Noé entendía, pero sí se una cosa: él al igual que Abram, creyó. No dije Abraham, dije Abram, porque así se llamaba cuando fue llamado y creyó. También Jacob creyó, no así Esaú que despreció su primogenitura. Y dice Santiago
23 Y se cumplió la Escritura que dice: Abraham creyó a Dios, y le fue contado por justicia, y fue llamado amigo de Dios.” Santiago 2:23
Y lo afirma Pablo
“9 ¿Es, pues, esta bienaventuranza solamente para los de la circuncisión, o también para los de la incircuncisión? Porque decimos que a Abraham le fue contada la fe por justicia.” Romanos 4:9
Aquí, tenemos que hablar de la fe, el único medio por el cual el hombre puede ser salvado y esta no es logro humano, es un don de Dios. Noé creyó, contra natura. En ese tiempo no había llovido. No había caído agua del cielo, ni una gota, pero Dios le habló y el creyó.
Habrá más de algún crítico que dirá, Génesis 6 y 7 No registra un solo sermón de Noé, no hay discursos, no hay llamados al arrepentimiento. Sí, nos describe la corrupción del mundo, la orden de construir el arca, la obediencia de Noé y finalmente el diluvio, más nunca un sermón para arrepentimiento. Entonces, ¿se dónde sacamos que Noé predicó? .
En 2ª Pedro 2:5 dice:
“…y guardó a Noé, pregonero de justicia”
No sabemos cuántos años pregonó el mensaje Noé, años, décadas… Lo que sí sabemos es que Noé pregonó que vendría un juicio de Dios, y no le creyeron.
Volvamos al texto. Cuando Génesis 7 dice que se abrieron las fuentes del gran abismo y las compuertas de los cielos, no está describiendo un aguacero fuerte; está describiendo algo que la humanidad nunca había experimentado. Por eso, es importante recalcar que: Noé no solo construyó un arca; tuvo que creerle a Dios en algo que nadie había visto jamás.
Ahora bien, una vez que el texto deja claro que el diluvio fue un evento sin precedentes, volvemos a la pregunta original: ¿qué pasó después con toda esa agua?
Aquí nuevamente debemos dejar que la Escritura hable. Génesis 8 no dice que el agua desapareció, ni que se evaporó de manera repentina. Dice que Dios se acordó de Noé, que hizo soplar un viento sobre la tierra, y que las aguas comenzaron a decrecer. Se cerraron las fuentes del abismo y se cerraron las compuertas de los cielos. Es decir, lo mismo que Dios abrió para el juicio, lo cerró para la restauración.
Esto nos lleva a una conclusión sencilla pero profunda: el diluvio no fue un desajuste del sistema natural; fue una intervención soberana. Y fue tan así que el salmista dice más de una vez en sus salmos
“Jehová preside en el diluvio, y se sienta Jehová como rey para siempre.”
Salmo 29:10-11.
- La soberanía de Dios.
Más claro que esto imposible. El diluvio es: Dios gobernando su creación. En el cataclismo más grande de la historia, la hecatombe universal, fue gobernada por el Dios omnipotente. Jehová, presidió en el diluvio. “Fue una intervención soberana” de Dios que tenía un propósito. No era destruir el mundo, no. “Con el diluvio creó un nuevo orden.”
El mundo después del diluvio ya no fue igual al mundo anterior. A partir de ese momento, la lluvia aparece como parte normal del ciclo de la vida, los mares tienen límites definidos y la tierra queda estructurada de otra manera.
Por más alta que sea la ola, por más fuerte que sean los vientos, Dios puso un límite al mar y el mar obedece. Por grandes que seas los océanos, por fuertes que sean sus mareas, ninguno se sale de los límites que Dios les estableció.
Entonces, cuando preguntamos a dónde fueron las aguas del diluvio, la respuesta bíblica es clara: volvieron al sistema creado, pero bajo un orden distinto. No se trata de desaparición, sino de reconfiguración. No se trata de caos, sino de autoridad.
Y aquí es donde el tema vuelve a elevarse, no por especulación, sino por fidelidad al texto: el centro del relato no es el agua, es Dios. Un Dios que abre y cierra, que juzga y restaura, que pone límites al caos y establece pactos con la humanidad.
2. El agua no se esfumó: Dios la hizo volver a su lugar
Cuando la Biblia nos dice que las aguas del diluvio comenzaron a decrecer, no está diciendo que el agua desapareció. No está diciendo que se evaporó mágicamente ni que se perdió en algún lugar del universo. La Escritura es clara:
- Dios cerró lo que había abierto.
Las fuentes del abismo se cerraron. Las compuertas de los cielos se cerraron. El agua volvió a su lugar.
Y aquí es donde tenemos que ir más atrás todavía, al principio de todo.
En Génesis 1:6–10, Dios establece el orden original de la creación. Dice el texto que Dios separó las aguas: unas arriba, otras abajo. A la expansión la llamó cielos. A las aguas juntas las llamó mares. Y a lo seco lo llamó tierra. Nada quedó al azar. Nada quedó mezclado. Nada quedó fuera de lugar.
Desde el principio, Dios es un Dios que separa, ordena y contiene.
Por eso el diluvio no fue el caos absoluto. Fue un juicio, sí, pero bajo control. Dios permitió que las aguas cubrieran la tierra, pero nunca dejó de gobernarlas. Nunca perdió autoridad sobre ellas. Nunca dejó de ponerles límite.
El mismo Dios que en Génesis 1 dijo “hasta aquí”, es el Dios que en Génesis 8 vuelve a decir “hasta aquí”.
El mismo Dios que permitió que las aguas subieran, es el Dios que ordenó que bajaran. El mismo Dios que juzga, es el Dios que restaura el orden.
- El Rey para siempre:
Por eso el salmista no se equivoca cuando dice:
“Jehová preside en el diluvio, y se sienta Jehová como Rey para siempre.”
No dice que Noé sobrevivió al diluvio, dice Dios preside, gobierna, manda. Dios protegió su creación.
Tampoco dice que Dios reaccionó al diluvio. Dice que Jehová se sienta como Rey. El mismo Jesús que calmó la tormenta cuando sus discípulos temían.
Eso cambia todo. Porque entonces entendemos que el mensaje del diluvio no es destrucción, sino autoridad.
No es agua desbordada, sino Dios gobernando incluso el juicio. No es caos sin sentido, sino orden restaurado.
- Orden restaurado.
Y aquí es donde el mensaje deja de ser historia antigua y se vuelve presente.
Así como Dios separó las aguas de la tierra, así como Dios puso límites al mar,
así como Dios contuvo aquello que podía destruirlo todo, Dios hoy también te llama a poner orden.
- Orden en tu vida.
- Orden en tu corazón.
- Orden en tus decisiones.
Porque muchas veces no es que el problema sea demasiado grande, es que todo está mezclado.
- Mezclamos lo que Dios quiere separar.
- Mezclamos fe con miedo.
- Mezclamos obediencia con conveniencia.
- Mezclamos verdad con excusas.
Y Dios, en su misericordia, vuelve a hablar.
El mismo Dios que dijo “júntense las aguas en un lugar” sigue hablando hoy.
El mismo Dios que contuvo el diluvio sigue teniendo poder para contener lo que amenaza tu vida.
Y aquí viene el llamado, claro y sencillo para ti:
Si Dios tuvo misericordia en medio del juicio. Si Dios recordó a Noé, en medio del diluvio. Si Dios cerró las aguas y abrió un nuevo comienzo,
Dios hoy tiene misericordia de ti.
- Hoy es el día de tu llamado.
- Hoy es el día de creer, aunque no entiendas todo.
- Hoy es el día de obedecer, aunque nunca hayas visto llover. Aun, pero puede venir un diluvio a tu vida… ¿Es eso lo que estás esperando?
Ven a Él, hoy.
No porque lo comprendas todo, sino porque Él sigue siendo soberano. Y en su soberanía tiene misericordia de ti y te está hablando.
No esperes más. Ven a Él que te espera tu fiel salvador.

