Por Inocencio Arias.- Mientras Hollywood nos recuerda periódicamente las atrocidades de los nazis contra los judíos (en estas fechas, la impactante película El lector con Oscar de interpretación incluido), otros se obstinan en negar el hecho del holocausto en el que perecieron millones de judíos.
Ha producido revuelo que el Papa Benedicto XV perdonara al obispo Williamson, que hace unos años negó la existencia del holocausto. Los que cuestionan este hecho, suficientemente probado para la inmensa mayoría de los historiadores, lo hacen a menudo por puro antisemitismo. El primero de ellos fue el fascista francés Maurice Bardeche, que tuvo la ocurrencia de decir que las cámaras de gas, en las que murieron millones, eran utilizadas para desinfectar ropas. Los detractores utilizan tres argumentos: minimizan las cifras, a lo sumo, dicen, murieron 200.000 personas, prosiguen con que los judíos representaron sólo una parte de los exterminados, habría homosexuales, comunistas, enfermos mentales… y terminan con la afirmación de que la mayor parte de las muertes fue debida al hambre, al agotamiento y al bloqueo que sufrió Alemania por parte de los Aliados. Niegan, en definitiva, que hubiera algo suficientemente probado, el exterminio sistemático de la población judía. Otros arguyen que fue una treta para justificar la entrada de Estados Unidos en la guerra. Estos refutadores coligen que abriendo ciertas grietas y dudas el edificio se tambaleará.
La tesis del rechazo tiene un cierto eco. En Estados Unidos sólo un 2% cuestiona la existencia de esa barbarie, pero en el Próximo Oriente un estudio de la Universidad de Haifa muestra que el 28% de los árabes israelíes no cree que el holocausto existiera.
En varias naciones europeas, Alemania, Francia, Austria, etc., la negación es punible. En Alemania, donde hay una obvia especial sensibilidad, la actitud del Papa ha producido incluso una reacción crítica de la canciller Merkel. Nadie comprende, ha dicho un periódico, "cómo un alemán -el Papa lo es- puede rehabilitar a alguien que niega el hecho". Los resquemores son comprensibles pero la irritación es selectiva. Hace días, Ali Larijani, presidente del Parlamento iraní, manifestó en Múnich que "había diferentes puntos de vista" sobre lo que ocurrió a los judíos durante la guerra. Aunque negar el holocausto en Alemania sea un delito, nadie protestó.
Lo que muestra un doble rasero. Que Benedicto, creyente él en el holocausto, perdone al cabo de los años a uno que lo negó es censurable. La Iglesia es un blanco fácil. Que un político iraní lo cuestione en suelo alemán se pasa por alto. Poderoso caballero es… la política o el petróleo.
Estrella Digital.

