Itongadol/Agencia AJN.- Durante décadas, el concepto mismo de «israelíes en el extranjero» estuvo acompañado de vergüenza. En Israel se los veía como quienes habían abandonado la empresa sionista y en la comunidad judeoestadounidense a veces era difícil ubicarlos: no eran completamente estadounidenses, no eran exactamente una diáspora clásica. Pero en los últimos años, y más aún desde el 7 de Octubre, ha quedado en claro que la realidad ha cambiado radicalmente. La comunidad israelo-estadounidense ya no es un fenómeno marginal ni una identidad intermedia, sino una fuerza organizada y consciente de sí misma con un impacto real en el discurso judío, la política estadounidense y las relaciones entre Israel y los Estados Unidos.
Esta revolución se expresó pública y visiblemente en la 10.ª Conferencia Nacional del Consejo Israelo-Estadounidense, realizada recientemente en Hollywood, Florida. Pero la conferencia no era la historia, sino un síntoma. Tras los pasillos, los paneles y las banderas azules y blancas se esconde un proceso mucho más profundo: la transición de una comunidad percibida como un problema a una identidad definida como un activo.
El Consejo fue fundado en 2007 en Los Angeles, inicialmente para un liderazgo local. Desde entonces, y especialmente tras cambiar de nombre y ampliar sus objetivos en 2013, se ha convertido en una organización nacional que opera en los 50 estados. Hoy en día es la mayor organización de israelíes en los Estados Unidos.
El hecho que la conferencia celebrara los 18 años de actividad -una cifra asociada con la vida en la tradición judía- no pasó desapercibido para los participantes, pero aún más significativo fue la constatación de que era una comunidad que ya no solo se celebraba a sí misma, sino que tenía un impacto en el mundo exterior.
Esa influencia fue claramente evidente en Washington. Desde el ataque de Hamás del 7 de octubre de 2023, los israelíes-estadounidenses han desempeñado un rol central en la presión pública y política sobre la administración estadounidense para que avanzara en un acuerdo por los rehenes.
Las semanales protestas callejeras en ciudades estadounidenses, lideradas principalmente por exiliados israelíes, se habían convertido en una presencia habitual; al mismo tiempo, operaban canales directos de influencia en la cúpula del gobierno.
La doctora Miriam Adelson, nacida en Israel y destacada donante del Partido Republicano, utilizó su acceso directo al presidente Donald Trump para llevar las voces de las familias de los rehenes a las salas de toma de decisiones. La combinación de presión ciudadana de base y actividad política desde arriba produjo un resultado que no podía ignorarse.
En marzo de 2025 llegó el reconocimiento oficial: la Conferencia de Presidentes de las Principales Organizaciones Judías de los Estados Unidos le dio la bienvenida al Consejo Israelo-Estadounidense. Es una prestigiosa organización madre que durante décadas ha servido como voz unificada del judaísmo estadounidense ante el gobierno y el mundo.
La inclusión de la organización israelo-estadounidense no fue un gesto simbólico, sino una declaración: los israelíes-estadounidenses ya no son invitados en el ámbito judío, son parte de su liderazgo.
También se ha registrado un cambio drástico en la esfera sionista. En las recientes elecciones al Congreso Sionista Mundial se presentaron dos listas identificadas con la comunidad israelo-estadounidense y obtuvieron siete escaños.
Era la primera vez que los israelíes en los Estados Unidos actuaban de manera coordinada para influir en el organismo que establece las políticas de la Organización Sionista Mundial y la Agencia Judía. El mensaje fue claro: el sionismo no se limita a las fronteras del Estado y la influencia en el futuro de Israel no está reservada solo para quienes viven físicamente allí.

¿Cuántos israelíes viven actualmente en los Estados Unidos? Se estima que entre 200.000 y 800.000, dependiendo de la definición: nacidos en Israel, ciudadanos, descendientes o portadores de una identidad y una conexión activa con Israel. Pero incluso sin una cifra exacta, se trata de una masa crítica: cientos de miles de personas conectadas con Israel a través del idioma, la cultura, la memoria y la participación. Durante años vivieron en una constante tensión entre dos identidades, ahora están formulando una tercera: la de israelí-estadounidense orgulloso.
La conferencia en Florida lo mostró bien: además de programas culturales y juveniles, se presentaron iniciativas de inversión, filantropía, educación, medicina e innovación. Empresas tecnológicas israelíes, instituciones académicas, hospitales y organizaciones civiles presentaron una visión de una colaboración a largo plazo entre Israel y la Diáspora. La presencia de altos funcionarios de seguridad estadounidenses, incluido el comandante del Comando Central, y del embajador israelí en Washington enfatizó hasta qué punto esas conexiones no son teóricas, sino estratégicas.
Más allá de todo esto, la conferencia reflejó un profundo cambio de conciencia: la comunidad israelo-estadounidense ya no exige legitimidad, sino que la pone sobre la mesa. No se disculpa por su existencia fuera de Israel, sino que se ve como un puente vivo entre el Estado y la Diáspora, entre la identidad y la acción.
En una época de creciente antisemitismo, distanciamiento de los jóvenes de los marcos judíos tradicionales y erosión de la identidad, los israelíes-estadounidenses traen consigo el hebreo, la memoria, la confianza en sí mismos y el involucramiento directo.
Como expresó recientemente uno de los educadores más destacados en el campo del nacionalismo judío, «los israelíes en el extranjero son un activo, no un problema». Lo que antes se consideraba una desviación de la narrativa sionista ahora emerge como una fuerza complementaria que expande los límites de la influencia de Israel y del pueblo judío en su conjunto.
El viejo estigma se está desvaneciendo. Los israelíes en los Estados Unidos ya no son «iordim» (NdT: lo contrario de «olim»). No huyen, construyen. No se marginan, sino que influyen. Y en una realidad donde la identidad judía se pone a prueba, es posible que esta revolución silenciosa sea uno de los acontecimientos más significativos de la última década.

