Inicio LATINOAMERICA La historia del rabino de Miami que recibió a los primeros jóvenes venezolanos que escaparon del chavismo

La historia del rabino de Miami que recibió a los primeros jóvenes venezolanos que escaparon del chavismo

Por Iton Gadol
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Itongadol/AJN.- El rabino Yossi Smierc, director del centro para jóvenes judíos “KSpace” de Miami, hace años fue uno de los primeros en recibir a los venezolanos que escapaban del chavismo, para brindarles ayuda y contención. Luego de la incursión estadounidense llevada a cabo el sábado en Venezuela y la caída de Nicolás Maduro, Smierc mantuvo una entrevista con ItonGadol para dialogar sobre cómo vivieron la noticia en su institución.

“Los jóvenes venezolanos tienen la ilusión de que otra vez van a volver a poder reencontrarse con sus seres queridos, viajar pronto, visitar a sus amigos que quedaron allá. Se sienten como si hubieran ganado un Mundial”, destacó Smierc.  

—Hace muchos años tuviste el reflejo de recibir a jóvenes que llegaban inicialmente de Caracas, y después fue de muchos lugares de Latinoamérica, para cuidar de ellos. Hace unos años entrevistamos a una joven recién llegada de Caracas a Miami, que dijo: “Mi sueño era casarme en la sinagoga de Caracas”. Era el sueño de ella y no lo iba a poder cumplir. Por eso queremos preguntarte qué es de ese proyecto después de tantos años…

—Hace varios años vinieron llegando no solamente de Venezuela, sino venezolanos que fueron a otros países, que no se pudieron adaptar y que vinieron acá a probar suerte. Como son jóvenes y no tienen dependencia, más que los padres, que no dependen de tener una esposa, hijos, porque son todos chicos solteros, entonces tienen más flexibilidad de adaptarse si es necesario, intentar y, si no funciona, emigrar a otro lugar. En nuestros últimos años han venido muchísimos chicos, no solamente venezolanos de Venezuela, sino venezolanos que han llegado de España, muchos que fueron a Madrid, pero no pudieron formar proyectos económicos o no han podido estudiar allá. Otros que fueron a Israel y después, cuando comenzaron épocas de la guerra, tampoco se pudieron adaptar. Han venido chicos que venían incluso de Argentina, de Chile.

—¿En qué año empezaron a llegar los primeros jóvenes? Que hoy deben ser padres, deben haber hecho familia muchos de ellos.

—Sí, hay muchos chicos que se han casado, con hijos, formaban hogares acá y ya se mantienen acá. Yo empecé el proyecto de K-Space en 2006, 2007. Con un grupito muy chiquito, que algunos de ellos eran venezolanos. Y ellos, junto con otros chicos que también habían emigrado por otras razones, algunos mexicanos, algunos argentinos y algunos americanos de Nueva York o israelíes, también con ellos empezamos el grupito que fue creciendo mucho. Pero los venezolanos siempre fueron chicos en especial, muy ligados con su comunidad. Quizás no religiosos, la mayoría no ortodoxos, pero sí muy sionistas, muy unidos con la comunidad. Vinieron con mucha educación de lo que es el judaísmo y la tradición. Entonces fue fácil incluirlos en la institución. Cuando otros chicos de otros países, de otras culturas, quizás vean la religión como algo antiguo, incómodo, algo muy nuevo, los chicos que vienen de Venezuela ya vienen con el entusiasmo de ser parte de una comunidad, entonces por eso se integraron tan rápido con nosotros.

—Pero igualmente era un desgarro para ellos…

—Totalmente. Yo tengo chicos que perdieron conexiones con la familia, inclusive chicos que los padres siguen estando allá, ellos están acá, que los padres se fueron a vivir a otros países, pero ellos no aguantaron el ritmo de otros países, de otras culturas, y vinieron para acá solos. Muchos consiguieron el asilo político. Otros chicos lograron conseguir visas de trabajo para poder establecerse ya acá y lo han logrado. Muchos han estudiado y siguen estudiando carreras para seguir viviendo en este país y no tener que irse por la cuestión migratoria. Y hay otros que formaron familias, se pudieron casar, y muchos de estos chicos hoy en día, en la mayoría, por más que Venezuela quizás vaya a haber un cambio muy positivo, creo que la mayoría de estos chicos ya están acá y no creo que se vayan a regresar. Muchos se acostumbraron a la vida de acá, muchos lograron salir adelante y creo que se quedan al final.

—¿Cómo se está viviendo o percibís que viven los chicos venezolanos, ya no tan chicos algunos, esta cuestión que se está atravesando?

—Sí, es increíble cómo todos miran a los venezolanos y los felicitan. Cuando fue el sábado, el Shabat, a la mañana, nosotros tenemos un rezo para jóvenes, los sábados a la mañana, y siempre vienen algunos venezolanos a rezar. Vinieron todos emocionados al rezo, a contar lo que estaba sucediendo, porque nosotros no teníamos idea, porque en Shabat no podemos utilizar ningún medio de nada, electrónicos, de comunicación, ni nada. Entonces ellos venían con las noticias y todos les preguntaban y ellos emocionados contaban. Tenían una ilusión de que otra vez van a volver a poder reencontrarse con sus seres queridos, viajar pronto, visitar a sus amigos que quedaron allá. Es increíble, es como cuando Argentina ganó el Mundial y todos miraban a los argentinos, inclusive los americanos se reían, nos miraban, nos saludaban y le hacían burlas a los francesitos que vienen acá también. Algo parecido con los venezolanos, como que ganaron un Mundial.

—¿Cómo es tu proyecto, es muy distinto a lo del comienzo?

—La esencia sigue siendo la misma, el proyecto es el mismo, la misión es igual, no cambió. Es una institución que está dedicada pura y exclusivamente a jóvenes judíos, solteros, de 18 a 38 años. Lo que cambió quizás es que creció mucho en las bases de datos. Hay 175 parejas casadas y casi 240 bebés que nosotros sabemos que han nacido. Pero eso creció. Lo que quizás mejoró mucho es la calidad de las actividades, más los años de experiencia que uno va tomando, el staff que tenemos ahora, de chicos trabajando, algunos voluntarios y algunos que trabajan en oficinas. Mejoró muchísimo y tenemos hoy en día una base de datos de 5.500 chicos solteros. Crecieron las actividades que hacemos. Por ejemplo, tenemos una vez por año el Shabat Gala, que es un Shabat de 300 o 400 jóvenes solteros, que va de viernes a domingo incluido. Todo el paquete. Bueno, antes eran 150, 200 chicos, ahora hay casi 400.

—¿Dónde lo hacen?

—En Aventura, abajo donde nosotros estamos. Alquilamos todos los muebles y las luces y meseros que vienen, y un catering especial y lo hacemos ahí grande. Después tenemos un hotel que se llama Serena, que tiene una terraza impresionante y ahí hacemos el domingo la actividad. Y el sábado por la noche alquilamos un salón de fiestas para casamientos y ahí lo cerramos y traemos un DJ y hacemos una fiesta increíble. Eso antes nosotros lo hacíamos, pero hacíamos, por ejemplo, dos actividades en lugar de tres o de cuatro. Hoy son cuatro actividades.

—¿Cómo es la conducta del donante? ¿Dónde pone el foco la persona que colabora y apoya al proyecto? ¿En los casamientos, porque ese es el objetivo más importante? ¿En el proyecto en general?

—Creo que depende mucho del donante. Hay gente que está más interesada en el hecho de que formamos familias judías, que después eso repercute en las otras comunidades, de una familia con hijos que vinieron de nosotros, que se formaban acá. Pero también creo que en la identidad judía, hay donantes que les interesa mucho el tema sionismo, Israel, que los chicos tengan más identidad con el pueblo judío, con la historia de Israel. Entonces ahí también hay donantes que apoyan más por ese lado. También el hecho de tener una comunidad judía que es solamente exclusiva para jóvenes, y muchos donantes ven eso como algo que les falta a la comunidad en Estados Unidos. En otros países, quizás no tanto como acá en Estados Unidos, hay un vacío muy grande en lo que es la juventud, en la parte espiritual, y el hecho de que nosotros les damos no solamente actividades sociales, sino también clases de Torá, rezos que sean de jóvenes únicamente, guía espiritual, hace que los chicos sean más sanos, tengan más conexión con Dios, y eso hace que muchos donantes estén interesados también. Muchos de los donantes son papás que han vivido en carne propia el problema de que los hijos se les asimilen o se depriman, porque es una sociedad muy difícil la juventud de hoy en día. Y hay también varios donantes que son chicos que fueron una vez solteros, una vez fueron nuestros miembros, hoy en día formaron familias y entienden por dónde es que es apoyar, a pesar de que ya no son parte de la institución. Entonces hay una mezcla en ese sentido.

—En los inicios o los años del comienzo, recuerdo que vos marcabas que no tenía por qué ser religioso u ortodoxo aquel que se acercaba. ¿Esto sigue siendo igual?

—Absolutamente. Lo que pasa es que hoy en día cambió mucho la perspectiva de la parte de religión. En una época creo que no mezclabas a los muy ortodoxos con los menos ortodoxos, con los que no son para nada y son más seculares. Hoy en día la sociedad, y más que nada la juventud, no ve tanto ya esa división. Entonces, por ejemplo, anoche tuvimos acá un asado, por el comienzo del 2026 hicimos un asado, vinieron 150 jóvenes. Y vos ves en las fotos chicos que vienen de Yeshivá, que son chicos que son religiosos, y chicas que nada que ver. Había una chica francesa, por ejemplo, que cero judaísmo y de mamá judía. Y son todos amigos, están todos hablando, una parte social increíble. Creo que ese estereotipo la juventud lo está cambiando. En primer lugar, vivimos una época diferente respecto a lo que era la sociedad cuando venían después de la Segunda Guerra Mundial. Cada generación va cambiando más. Más liberal, pero sin dejar el judaísmo. Más liberal en el sentido de más aceptación. Creo que también mucho tiene que ver la guerra, lo que sucedió en Israel el 7 de octubre. Para mí tiene mucho que ver eso, creo que unió más, especialmente a los jóvenes. Y también el hecho de vivir en una ciudad como Miami, que la mayoría de los chicos no son de acá, que no están con los padres cerca, entonces tienen la necesidad más de formar una familia. Tiene ahí una familia hoy en día, cuántos papás son de familia religiosa y los hijos quizás no practican la religión tanto, y algunos sí, y son hermanos y hermanas, y se respetan y se aman porque son hermanos y hermanas, sin importar cuán religiosos son los hijos. Acá pasa algo parecido, de que no importa cuán religiosos sean los chicos, todos como que se llevan bien. Hay una muy interesante integración, que es impresionante, y cada vez está sucediendo más.

—¿Cuáles son las edades?

—Nosotros empezamos de los 18 años hasta los 38 años, más o menos, y obvio que tienen que ser solteros. Después estamos tratando a veces de hacer actividades dividiendo edades, de 18 a 26, por ejemplo, y de 26 a 38, para que se sientan más integrados a veces por la parte también de conocer a alguien. Pero vas a ver también algo muy interesante: chicos de 20 años muy amigos con chicos de 38.

—¿Cuál es tu mensaje después de haber transitado semejante experiencia, junto a los primeros venezolanos exiliados, y hoy la historia de Venezuela vuelve a estar en la tapa de diarios y en tu realidad?

—Yo creo que todo pasa por algo, nada es casualidad. Dios nos tiene llevando de lado a lado y, aunque nosotros planeamos muchas cosas, como dice el rey David, muchos planes hace el hombre, pero el propósito final es de Dios. Creo que mientras que uno haga las cosas bien, especialmente ayudando al prójimo, y con confianza en Dios de que todo es para bien, por más que haya momentos difíciles, de dificultades que uno no entiende, no sabés hacia dónde vas, inclusive vos te ponés a analizar y la lógica te dice que no vamos bien o que las cosas están yendo mal, dejá la lógica a un lado, confiá en Dios, échale para adelante, porque al final todo es para bien. Nada es casualidad y donde estemos, en el lugar que estamos, y las decisiones que hayamos tomado, también son para bien. Nunca pienses que porque te equivocás o creés que te equivocás, todo, inclusive lo que uno cree que son errores, tampoco son errores, son parte de Dios. Y con fe, con confianza en Dios, y pensar que lo que estás haciendo ahora es lo mejor que vos podés, según lo que entendés, dejáte llevar. Muchos de estos chicos, si en Venezuela no hubiera pasado lo que pasó desde la época de Chávez, hoy quizás estarían viviendo en Venezuela, y quién dice que no hubieran conocido a sus esposas, a sus maridos, a sus trabajos que tienen ahora. Porque, es decir, no hay que justificar lo malo, pero sí después de que lo malo pase, darte cuenta de que en realidad no era malo, sino que era parte del destino de Dios. Y hoy estamos mucho mejor que antes y vamos a estar mucho mejor en el futuro, así que dejarse llevar y confiar en Dios.

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