Itongadol/Agencia AJN.- (The Times of Israel – Fuad Mariwan*) Un Irán verdaderamente democrático no puede construirse sobre la asimilación forzada de kurdos, baluchis, árabes y turcos, debe basarse en una federación voluntaria de iguales.
Un texto de la activista canadiense Shabnam Assadollahi recientemente publicado en el blog de The Times of Israel intenta diagnosticar los fracasos de la oposición iraní aferrándose a una visión nostálgica y excluyente del pasado. Mientras la autora lamenta que la “lógica de 1979” nunca haya terminado, su solución —el regreso a una monarquía secular centralizada— sugiere un tipo diferente de estancamiento.
Al calificar cualquier movimiento por los derechos étnicos o el federalismo como “separatismo” y descartar la diversidad del panorama político iraní, el artículo revela un malentendido fundamental de las aspiraciones democráticas del pueblo iraní, particularmente de sus minorías marginadas.
El principal blanco de Assadollahi es lo que ella llama “separatismo”, un término utilizado desde hace mucho tanto por la dinastía Pahlavi como por la actual República Islámica para deslegitimar las demandas de los grupos étnicos de Irán. Caracterizar la búsqueda de justicia étnica y federalismo como un “ataque al futuro de Irán” ignora la realidad de una nación multiétnica.
Durante décadas, kurdos, baluchis, árabes y turcos no buscaron nada más que el derecho a sus propios idiomas, la expresión cultural y a participar en su gobierno local. Presentar estos derechos humanos básicos como una amenaza a la “integridad territorial” es una táctica de miedo destinada a preservar la hegemonía centrada en Persia. Un Irán verdaderamente democrático no puede construirse sobre la asimilación forzada de sus partes, debe construirse sobre una unión voluntaria de iguales.
La autora presenta una “monarquía moderna” como una fuerza estabilizadora y “supra-ideológica”. Sin embargo, para el pueblo kurdo, la era Pahlavi no se caracterizó por la estabilidad, sino por la represión sistemática. Desde la brutal supresión de la República de Mahabad en 1946 hasta la ejecución de líderes kurdos y la prohibición del idioma kurdo en las escuelas, el registro de la monarquía es de autoritarismo centralista.
La “continuidad histórica” de la que habla Assadollahi es, para muchos, una continuidad de traumas. La dependencia del régimen Pahlavi de la policía secreta SAVAK para silenciar la disidencia étnica allanó el camino para el fervor revolucionario que estalló en 1979. Sugerir un regreso a este sistema —que históricamente veía la identidad kurda como una amenaza de seguridad— equivale a pedirle a las poblaciones más oprimidas de Irán que cambien una forma de tiranía centralista por otra.
No es coincidencia que esta narrativa encuentre eco en los medios israelíes. En los últimos años, se produjo un giro visible en ciertos círculos políticos de Israel hacia la promoción de la familia Pahlavi como la única alternativa creíble a la República Islámica. Al albergar estos puntos de vista, medios como The Times of Israel parecen participar en una estrategia geopolítica que favorece un “elemento conocido” —el regreso al statu quo previo a 1979— por encima de la democracia de base, impredecible, que demanda el pueblo iraní.
Esta alianza entre círculos monárquicos e intereses israelíes es transparente. Busca imponer un liderazgo de arriba hacia abajo en un movimiento que, desde las protestas “Mujer, Vida, Libertad” de 2022, se definió por su descentralización e inclusión de voces étnicas. El lema kurdo “Jin, Jiyan, Azadî” fue la chispa que encendió el levantamiento más reciente. Sin embargo, la narrativa monárquica busca marginar a quienes lo iniciaron, calificando sus aspiraciones políticas de “peligrosas”.
La autora tiene razón al decir que Irán necesita un “ruptura firme” con el pasado, pero esa ruptura debe incluir un alejamiento del nacionalismo excluyente de la era Pahlavi, tanto como del totalitarismo religioso del régimen actual.
El futuro de Irán no reside en una “monarquía moderna” que vigile la identidad étnica bajo el disfraz de unidad. Reside en una democracia pluralista, secular y federal que reconozca los derechos de todos sus ciudadanos.
Las defensas unilaterales de un sistema dinástico fallido solo confirman que algunos dentro de la oposición —y sus apoyos internacionales— están más interesados en restaurar un viejo orden que en construir un Irán nuevo e inclusivo.
*: Nacido en Marivan, en la provincia kurda de Irán, el autor de esta columna es un estudiante de doctorado en sociología en Teherán. Publica bajo el seudónimo Fuad Mariwan, adoptado por razones de seguridad.

