Itongadol.- El embajador de Irán en Australia, Ahmad Sadeghi, que llegó este jueves al aeropuerto de Sídney antes de la fecha límite de expulsión, calificó como ‘‘mentiras’’ las acusaciones de Australia de que Teherán ordenó ataques antisemitas incendiarios en las ciudades de Sídney y Melbourne.
Previamente, el martes, Australia dio a Sadeghi 72 horas para abandonar el país, en la primera expulsión de un embajador del país desde la Segunda Guerra Mundial.
Asimismo, a otros tres funcionarios de la embajada de la República Islámica se les dio siete días para marcharse.
El primer ministro Anthony Albanese fue informado el lunes por la Organización Australiana de Inteligencia de Seguridad sobre las pruebas de pagos a delincuentes que vinculaban dos ataques contra una sinagoga y un restaurante kosher, con personas en el extranjero y el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC) de Teherán.
‘‘Todas estas acusaciones son infundadas y falsas’’, expresó Sadeghi a los periodistas de las cadenas de televisión locales Nine y Seven en el aeropuerto de Sídney.

Antes de despedirse, saludando a las cámaras de televisión, el embajador iraní concluyó: ‘‘Quiero mucho al pueblo australiano, adiós’’.
Los incidentes a los que se refirió el gobierno australiano causaron gran alarma en la comunidad judía local, que exigió mayores garantías de seguridad en sinagogas, escuelas y restaurantes kosher.
En la misma línea, diversas organizaciones comunitarias celebraron la decisión de expulsar al embajador, a la se refirieron como un ‘‘mensaje firme’’ contra la injerencia extranjera.
Desde Teherán, el Ministerio de Relaciones Exteriores iraní anunció que tomaría ‘‘medidas recíprocas’’ contra diplomáticos australianos en su territorio. Además, voceros oficiales denunciaron lo que llamaron ‘‘un acto hostil e injustificado’’ y acusaron a Canberra de alinearse con intereses occidentales contrarios a Irán.
Analistas internacionales, por su parte, advirtieron que la crisis diplomática podría tensar aún más las relaciones entre ambos países, ya deterioradas por las sanciones y disputas sobre derechos humanos. También señalaron que la decisión de Australia busca enviar un mensaje claro de que no tolerará actos de violencia inspirados o financiados desde el extranjero.

