Itongadol.- En un nuevo video difundido por su madre, Einav Zangauker, el joven de 25 años implora a la sociedad israelí y al gobierno que no lo olviden. Secuestrado el 7 de octubre en Nir Oz, denuncia condiciones inhumanas, deterioro físico y abandono político, mientras su familia redobla la presión para lograr un acuerdo de liberación.
Itongadol.- Matan Zangauker, rehén israelí de 25 años secuestrado por Hamás el 7 de octubre en el kibutz Nir Oz, volvió a aparecer en un video que expone la desesperación y el sufrimiento extremo que atraviesa tras más de 10 meses en cautiverio. En la grabación, publicada por su madre, Einav Zangauker, el joven acusa al liderazgo israelí de haberlos abandonado y pide a la sociedad que se movilice para exigir su regreso.
“Cada día muero un poco más, otra parte de mí muere”, afirma con voz quebrada. “Nos están dejando morir… espero que estén haciendo todo lo posible para cambiar la situación”.
Matan fue secuestrado junto a su pareja, Ilana Gritzewsky, liberada meses atrás en un acuerdo anterior. Desde entonces, su familia ha recibido información sobre las brutales condiciones en que es mantenido: encadenado de manos y pies, enjaulado, mordido por ratas y pulgas, y alimentado con pan mohoso y arroz en mal estado. Pese a leves mejoras en la provisión de comida, su salud se encuentra en grave deterioro debido a la falta de atención médica y su enfermedad de base, una distrofia muscular que se ha agravado durante el cautiverio.
En el video, que habría sido recuperado originalmente por las Fuerzas de Defensa de Israel en la Franja de Gaza, Zangauker se dirige directamente al primer ministro Benjamin Netanyahu: “Escuché que prometiste cinco millones de dólares y salida segura de Gaza a quien entregue a uno de nosotros. Estoy muy decepcionado. Este es tu fracaso y el de tu gobierno desde el 7 de octubre”.
Sus palabras combinan dolor personal y un fuerte reclamo político: “Pueblo de Israel, no nos abandonen, todavía estamos vivos. Queremos regresar antes de perder la cordura. El aislamiento mata, y la oscuridad es aterradora”.
A su madre le dedica un mensaje íntimo: “Mamá, te miro, escucho mucho sobre vos. Sé lo que estás haciendo, me alegra saber que estás bien. Espero volver a sentarme a la mesa contigo, comer, hablar y reír juntos”. La grabación concluye con un llamado a la protesta frente a la residencia del primer ministro: “No lo dejen dormir ni un minuto. Nosotros sufrimos, que él y su familia también sufran como nosotros. Espero que pronto estemos reunidos. No entiendo por qué esto lleva tanto tiempo. ¿Por qué no hay acuerdo? ¿Por qué seguimos aquí? No nos olviden”.
El deterioro de Matan ha sido confirmado por información creíble recibida por su familia. Ha perdido peso de manera alarmante, sufre temblores, bloqueos intestinales y dolores abdominales severos. Se aísla durante largos períodos en un túnel, evita comer y apenas habla. Pese a todo, su madre se ha convertido en una de las voces más firmes del movimiento que exige la liberación de los rehenes, con una postura frontal contra el gobierno israelí por la falta de avances.
No es la primera vez que Zangauker aparece en una grabación. En diciembre, Hamás difundió un video en el que aseguraba llevar más de 420 días secuestrado y acusaba a las autoridades de no comprender las intenciones del enemigo ni priorizar a los cautivos. Ahora, sus palabras se ven reforzadas por imágenes que reflejan un estado físico mucho más frágil.
El recuerdo del secuestro sigue siendo doloroso para su familia. Imágenes del 7 de octubre lo muestran trasladado en motocicleta hacia Gaza entre multitudes que celebraban el ataque. Desde entonces, habría estado en contacto forzado con otros rehenes, sometido a interrogatorios, aislamiento prolongado y tortura psicológica.
Su madre, Einav, relató hace casi un año los últimos mensajes de Matan antes de ser llevado: en uno pedía a su tío que ayudara a cuidar a su hermana Shani y a su hermano Tatu; en otro, dirigido a ella, escribió: “Hay alguien aquí. Te amo. No llores”.
Hoy, Einav mantiene viva la campaña pública, lidera manifestaciones y repite un mensaje contundente: “No podemos permitir que esto continúe. Tenemos que traerlos a todos de vuelta”.
El caso de Matan Zangauker se ha convertido en un símbolo del drama que atraviesan las familias de los secuestrados. Su testimonio, cargado de desesperación y dolor, revive el debate sobre la responsabilidad política y moral del gobierno israelí y refuerza la presión social para alcanzar un acuerdo de liberación que aún parece distante.

