Itongadol/Agencia AJN.- «Llegué a (el hospital) Tel Hashomer en helicóptero muy rápido, probablemente en mis últimos momentos», recordó Amichai Schindler, quien resultó herido de muerte el 7 de Octubre en su casa del kibutz Kerem Shalom.
Ese terrible Shabat, terroristas de Hamás detonaron un artefacto explosivo en la puerta del cuarto de seguridad. Schindler bloqueó con su cuerpo a los terroristas para proteger a su esposa y sus seis hijos, y resultó herido. Perdió una mano y la otra resultó gravemente herida.
«Estuve sedado y con respirador durante una semana entera en terapia intensiva. Mi esposa, Avital, y nuestros hijos estaban en Eilat con el resto de la comunidad evacuada. Ella viajaba cada dos días para visitarme y luego regresaba con los niños, una realidad realmente difícil. Después de un tiempo, se mudó con ellos a Ramat Gan para estar cerca de mí durante mi hospitalización, y cuando me dieron de alta, me reuní con ellos», contó.
Ayer, la familia regresó a Kerem Shalom, pero aún no a la casa donde vivían.
«Estamos remodelando la casa. Decidimos ampliarla y mejorarla en el entendimiento que esta es nuestra respuesta a quienes nos desean el mal. Mientras tanto, nos mudaremos a un departamento temporal; lo principal es regresar a Kerem Shalom», dijo Schindler.
Su esposa añadió: «También estamos haciendo ajustes en casa para Amichai. Debido a la lesión en sus manos, muchas de las funciones se han vuelto complejas. Se esfuerza mucho y consigue bastante, pero nuestro objetivo es facilitarle las cosas».
Dijo que, a pesar de todas las dificultades y el trauma del 7 de Octubre, no tenían duda de que regresarían a Kerem Shalom: «Desde el primer momento tuvimos en claro que regresaríamos al kibutz ni bien nos autorizaran. La comunidad está regresando y es importante para nosotros regresar con ella. Kerem Shalom está volviendo a la vida y nosotros formamos parte de eso. Los niños también estaban muy ansiosos por volver cuando se dieron cuenta de que sus amigos regresaban. No muestran signos de angustia ni miedo, y eso es muy importante para nosotros».
Hace unos seis meses, Schindler compartió en una entrevista con Ynet su rehabilitación, que incluyó aprender a escribir de nuevo. Desde entonces ha progresado mucho.
«Esta semana hicimos una visita de agradecimiento al hospital y escribí a mano una nota de agradecimiento a todos los que nos han acompañado desde que nos dieron de alta. Me conmovió mucho. Estoy mejorando. Mi hijo llegó tarde a la escuela hace poco y le escribí una nota de autorización parental. Me miró y dijo: ‘El profesor pensará que fingí esto'». Pero cuando le entregó la nota, el profesor la agradeció mucho; sabe de mi lesión. Incluso antes de la lesión no habría escrito quién sabe qué», añadió con una sonrisa.
Hoy, Schindler se plantea un nuevo reto: «Dentro de dos semanas es la ceremonia de Jalaká (primer corte de pelo) de nuestro hijo. De repente me di cuenta de que no sé cortar, así que empecé a practicar y espero lograrlo para la ceremonia».
Su esposa resumió la decisión de regresar a casa con un mensaje claro y conmovedor: «Volvemos porque sabemos que tenemos que hacerlo. Desde el momento en que intentaron matarnos y fracasaron, nos dimos cuenta de que tenemos una misión en el mundo y que debe llevarse a cabo en Kerem Shalom. Con toda la dificultad y la complejidad, regresamos con los miembros del kibutz y todos los residentes de los alrededores para que la zona prospere, se revitalice y sea más poderosa de lo que era. No dudamos en regresar. Algo así no debe volver a ocurrir».

