EFE.-En Israel las miles de personas que se oponen a la retirada unilateral de la franja de Gaza y el norte de Cisjordania han elegido el color naranja, embriagados por el éxito de la ‘revolución’ del mismo nombre que se inició en Ucrania el pasado año. Los opositores de este país ex soviético del centro de Europa rescataron de su fondo de armario las ropas más chillonas, tiñeron las calles de Kiev de naranja y auparon a su líder a la presidencia. Lograron su objetivo y, por ello, los contrarios a la ‘desconexión’ tienen la ‘Revolución Naranja’ como ejemplo.
Desde Gaza hasta los Altos del Golán (en la frontera con Siria), el naranja se ha extendido como el verde cuando llega la primavera. Muchos coches llevan cintas de este color atadas a sus antenas. Si quieres una no hace falta buscarlas debajo de las piedras. Cientos de jóvenes las reparten en semáforos, aceras, etcétera. La primera es gratis, la segunda vale unas monedas por la causa. También hay pegatinas, camisetas y hasta pulseras con la inscripción ‘Un judío no expulsa a otro judío’.
Lo de las pulseras ha sido el auténtico descubrimiento publicitario de los últimos años. Hace un año la Fundación Lance Armstrong lanzó la primera ‘pulsera solidaria’ y desde entonces se han vendido más de 47 millones en todo el mundo. Expresan la lucha contra el cáncer, una enfermedad a la que este ciclista estadounidense consiguió vencer. Después, ha vestido el ‘maillot’ amarillo en los Campos Elíseos de París hasta en seis ocasiones.
La moda se ha extendido y hoy tenemos pulseras de todos los colores, cada una para una causa. La más conocida en los últimos tiempos en España es la roja, el pigmento elegido por los responsables de la candidatura olímpica de Madrid 2012.
En Gush Katif, el enclave central de los 21 asentamientos judíos que el Gobierno israelí pretende evacuar de la franja de Gaza a partir del 15 de agosto, hay incluso flores naranjas, concretamente cinias, adornando los jardines. Embellecen, pero también recuerdan que ningún colono de Gush Katif, un balcón al Mediterráneo fronterizo con Egipto, se quiere ir de allí.
Todos sus habitantes coinciden en que Sharon les ha engañado, en que ellos levantaron un vergel en un territorio baldío y desértico y en que no dejarán la ‘Tierra de Israel’. Sin embargo, prometen no utilizar la violencia, porque sería contradictorio que un israelí se enfrentase a otro israelí.
Asimismo, reniegan de los acuerdos de Oslo de 1993, por los que el proceso de paz israelo-palestino echó a andar. Antes de su firma, la convivencia con los palestinos era buena y coincidían en el mercado y en algunas celebraciones festivas. Muchos de los colonos llevan más de tres décadas en esta tierra y sus negocios marchan bien. En pequeños invernaderos cultivan por métodos orgánicos verduras, frutas y flores de todo tipo que exportan a Europa y Estados Unidos fundamentalmente.

