Itongadol/Agencia AJN.- Yaakov Harary, ciudadano argentino-israelí recientemente liberado tras pasar más de un año detenido en Venezuela, relató las condiciones de su cautiverio y aseguró que compartió celda y convivencia carcelaria con Nahuel Agustín Gallo, uno de los argentinos que aún permanecen detenidos en ese país junto a Germán Giuliani, a la espera de su liberación.
En una entrevista con Dnews, Harary describió que estuvo 15 meses y tres días detenido, sin una causa judicial clara, tras haber sido arrestado en la frontera venezolana cuando intentaba sellar su pasaporte. Según explicó, residía en Panamá y había ingresado a Venezuela para asistir a un amigo en un proyecto productivo vinculado a la cría de peces y la producción de alimentos.
“Entré a firmar el pasaporte y quedamos detenidos directamente. El pecado nuestro era ser extranjeros y tener pasaporte”, afirmó. Indicó que fue acusado de terrorismo junto a su acompañante y que ambos quedaron privados de la libertad sin posibilidad de defensa efectiva.
Harary estuvo recluido en la prisión de El Rodeo 1, en el estado Miranda, donde, según su testimonio, convivió con personas de más de 40 nacionalidades, incluidos militares venezolanos detenidos por oponerse al régimen y civiles acusados de apoyar a la oposición política. “Éramos alrededor de 500 personas. Muchos eran presos políticos”, sostuvo.
El exdetenido describió condiciones de reclusión extremas: celdas de poco más de un metro y medio por cuatro metros, sin luz natural, con cuchetas de cemento, sin sanitarios adecuados y con acceso restringido al agua. “Tenías que elegir entre bañarte, comer o ir al baño, porque todo pasaba al mismo tiempo”, relató. También aseguró haber recibido una condena de 25 años en lo que calificó como un “juicio ficticio”.
Contacto con Nahuel Agustín Gallo
Harary confirmó que conoció y habló con Nahuel Agustín Gallo durante su detención. Según contó, lo vio en el patio de la prisión realizando actividad física y compartió con él varios días de convivencia directa antes de que fuera trasladado a otra celda.
“Hablamos de su vida, de su hijo, de su pareja venezolana y de su trabajo. Trataba de sobrevivir, de mantenerse físicamente fuerte”, señaló. Indicó que Gallo realizaba ejercicio de manera constante para preservar su estado físico y mental en el encierro.
Secuelas físicas y psicológicas
Tras su liberación, Harary regresó a Israel, donde fue recibido por autoridades encargadas de la recuperación de ciudadanos israelíes detenidos en el exterior. Afirmó que el reencuentro con sus hijos fue uno de los momentos más impactantes, tras más de un año sin poder comunicarse con ellos.
“No pude hablar con ninguno durante 15 meses. Pensé que no los iba a volver a ver”, expresó. También reconoció que aún sufre dolores físicos, trastornos del sueño y secuelas psicológicas, y que continúa bajo evaluación médica.
“El maltrato psíquico no se va de un día para otro”, afirmó, al tiempo que señaló que sigue preocupado por quienes permanecen detenidos en Venezuela.
Advertencia y reflexión
Como conclusión, Harary dejó una advertencia basada en su experiencia personal: “Hay que pensar bien antes de viajar, informarse sobre la situación real de un país. Nadie decía que podían detenerte en cualquier momento. Eso era nuevo”.
Mientras tanto, Nahuel Agustín Gallo y Germán Giuliani continúan detenidos, y sus casos siguen generando preocupación en familiares y en sectores diplomáticos, en un contexto en el que organizaciones de derechos humanos denuncian la existencia de detenciones arbitrarias en Venezuela.

