Gran Rabino Isaac Sacca
Tishá BeAb —“el nueve de Ab”, según el calendario hebreo— es una jornada de duelo y reflexión para el pueblo judío. En esta fecha se recuerdan principalmente dos de los momentos más dolorosos de su historia: la destrucción del Primer Templo de Jerusalén por los babilonios y la destrucción del Segundo Templo por los romanos en el año 70 e.c. Ambos acontecimientos ocasionaron consecuencias enormes a largo plazo para el pueblo judío, entre ellas el exilio y la dispersión por distintas regiones del mundo.
Sin embargo, Tishá BeAb no representa únicamente el recuerdo de una tragedia histórica. Sus enseñanzas contienen un mensaje universal sobre las causas que pueden llevar a una sociedad a su deterioro y sobre los valores necesarios para reconstruirla. La tradición judía enseña que las grandes crisis no son solamente consecuencia de factores externos, sino también del comportamiento humano: la falta de responsabilidad de los líderes, la indiferencia ética de la sociedad y el debilitamiento de los vínculos entre las personas.
El mensaje central de Tishá BeAb es que recordar el pasado debe servir para transformar el presente. Por eso, además de las expresiones de duelo propias de la fecha, la tradición invita a reflexionar sobre las conductas que generan destrucción y sobre aquellas que permiten construir una sociedad más justa y solidaria.
El Talmud señala que el Primer Templo fue destruido debido a graves transgresiones como la idolatría, las relaciones prohibidas y el derramamiento de sangre, mientras que el Segundo Templo fue destruido por el odio gratuito entre las personas (Talmud Bablí, Iomá 9b). Esta enseñanza destaca que una sociedad puede poseer valores y tradiciones, pero si pierde el respeto por el prójimo y la capacidad de convivir, corre el riesgo de fragmentarse.
En todas las tragedias asociadas con Tishá BeAb aparece un elemento común: líderes que no estuvieron a la altura de su responsabilidad histórica.
En los últimos años del Reino de Judá, encontramos dirigentes que ignoraron las advertencias del profeta Jeremías sobre la destrucción que se aproximaba. Los reyes Joaquín y Sedequías no lograron responder adecuadamente a la crisis que enfrentaba el pueblo y sus decisiones contribuyeron al debilitamiento de la nación.
Siglos después, la destrucción del Segundo Templo estuvo acompañada por una profunda crisis de liderazgo. Los gobernantes de la dinastía herodiana se alejaron de los ideales que debían representar y quedaron atrapados en disputas de poder y alianzas políticas.
Estas tragedias muestran una misma enseñanza: cuando quienes poseen autoridad utilizan su posición para beneficio personal y no para servir al bien común, toda la sociedad se ve afectada. Pero la responsabilidad no recae únicamente en los dirigentes. También existe una responsabilidad colectiva: una sociedad que permanece indiferente frente a la injusticia permite que esta continúe.
Por eso, la respuesta frente a Tishá BeAb debe ser la construcción de una sociedad basada en la solidaridad, la responsabilidad mutua y la búsqueda del bien común. La verdadera reconstrucción comienza cuando las personas dejan de pensar únicamente en sus intereses individuales y comprenden que el bienestar propio depende también del bienestar de los demás.
Tishá BeAb nos recuerda que ninguna sociedad puede sostenerse sobre el egoísmo, la indiferencia o la falta de empatía. En cambio, cuando las personas ven al prójimo como un compañero en la construcción de un futuro mejor, comienzan a corregirse las causas que llevaron a las grandes destrucciones del pasado.

