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Israel despierta tras cuatro años de duelo

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Diplomáticos de todo el mundo, instalados en Tel Aviv, servicios de inteligencia extranjeros, expertos académicos y hombres de negocios se preguntan qué contribuyó al cambio ocurrido en el primer ministro israelí, Ariel Sharon, desde el 28 de septiembre del 2000, cuando visitó la explanada de las Mezquitas de Jerusalén, hasta el 8 de febrero del 2005, fecha de la cumbre de Sharm El Sheij con el nuevo presidente palestino, en el que anunció el fin de la violencia. La crisis económica provocada por la intifada de Al Aqsa es uno de los factores clave en esta metamorfosis de Sharon. Éste definió el año 2005 como el de la oportunidad histórica de cambiar la situación estratégica israelí tanto en el proceso de paz como en la economía. Sharon entendió que la guerra y el desarrollo económico son incompatibles. Y es que en casi cuatro años y medio de intifada,el Gobierno israelí calcula pérdidas de más de 12,5 billones de dólares (9,77 billones de euros al tipo de cambio actual). Un país que, en los años 90 tuvo uno de los mayores crecimientos económicos (en el 2000, un año antes del inicio de la intifada,alcanzó un 8% y las compañías israelíes en el índice Nasdaq sólo era superadas por las norteamericanas) con una producción per cápita de cerca de 18.000 dólares (14.064,7 euros), con la intifada decreció durante dos años consecutivos. El 2000 fue el mejor año de la economía israelí con casi tres millones de turistas y un crecimiento del 23,1% de sus exportaciones. Según las previsiones del semanario The Economist,en el 2005 crecerá el 3,6% frente al 3,5% norteamericano y el 1,6% de los países del euro. Con una inflación baja, el principal problema de la economía israelí, en especial desde el principio de la intifada,continúa siendo el paro, uno de los más altos entre los países industriales, superado sólo por Alemania. Israel, que en el 2000 tenía un 8,8% de desempleados, podría alcanzar este año un 10,7%.

El ministro de Economía israelí y principal candidato a suceder a Sharon, Beniamin Netanyahu, declaró que el 2005 puede ser mejor que el ejercicio anterior, siempre y cuando se mantenga la actual política de reducir los gastos del Gobierno y los impuestos, privatizar grandes empresas tal y como ocurrió con el banco Discount y continuar con reformas. El presidente de la Asociación de Industriales, Shraga Bross, afirma que «este año la industria crecerá un 5% y que las exportaciones, sin incluir el importante mercado de diamantes, crecerán un 9,5%, alcanzando los 26.500 millones de dólares» (20,706.36 millones de euros).

A partir del 2004, el gran motor de la economía israelí vuelve a ser la industria tecnológica, la llamada high tech.Las inversiones en las Start ups (empresas que empiezan con un proyecto novedoso) aumentaron en un 40% y la demanda de trabajadores creció en un 20%. Otro síntoma del despertar de la economía israelí es el número de patentes registradas.

En el 2004, fueron 198, un 16,4% más que en el 2003. Un tercio de las patentes pertenecen al campo de la química orgánica, otro tercio a la mecánica, un 14% a las comunicaciones, un 7% a la biología y otro 7% a la informática.

El problema más grave de la economía israelí es la diferencia de sueldo entre la clase más remunerada y la más humilde. Una familia del 10% de los más adinerados tenía unos ingresos netos de 6.315 euros mensuales, mientras que una del 10% de las clases más bajas sólo 560 euros. El 20% más pudiente de la sociedad recibe el equivalente a un 44% del producto del país. El salario mínimo en Israel está cifrado en 585 euros mensuales. La principal asignatura pendiente para el 2005 será la lucha contra la pobreza. En el 2003, había en Israel 1.427.000 personas que vivían bajo el umbral de la pobreza; un 22,4% de la población total. Entre ellos, 652.000 niños, casi un 30% del total. El umbral de la pobreza es equivalente a un ingreso mensual de no más de 310 euros por persona o 487 euros por pareja.

Netanyahu explicó ante el Parlamento que «la única forma para superar la pobreza es lograr un trabajo y que tanto marido como mujer trabajen. Hoy en día quien quiere puede lograrlo, más que antes». Una de las medidas adoptadas por el Gobierno ha sido fichar a Stanley Fisher, judío norteamericano, número dos del Fondo Monetario Internacional con Michel Camdessus y ex vicepresidente del prestigioso City Group. Fisher, que recibirá la nacionalidad israelí, afirmó que «el crecimiento no es suficiente para reducir la pobreza. Hace falta también un cambio en la política del Gobierno». Al igual que Sharon, Fisher sabe que mucho depende no sólo de las declaraciones sobre el fin de la intifada y la violencia, sino de que la calma también se plasme en el terreno. Sólo así Israel, al igual que en los noventa, podrá volver a ser definida, económicamente, como la Tierra Prometida de Oriente Medio.

HENRIQUE CYMERMANN
LVD

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