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Israel/Entrevista exclusiva. Trajtenberg, argentino que podría ser ministro de Hacienda de gobierno centroizquierdista

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Itongadol/AJN.- El economista argentino Manuel Trajtenberg (foto) nació en Córdoba el 21 de septiembre de 1950 y emigró con su familia a Israel a los 16 años.

Estudió en la Universidad Hebrea de Jerusalem, donde obtuvo sus títulos de grado y posgrado, antes de completar un profesorado en Harvard.

Fue asesor del Ministerio de Industria, Comercio y Trabajo y del Despacho del Primer Ministro y entre 2006 y 2009 fue el primer presidente del Consejo Económico Nacional israelí.

En los últimos años encabeza el Comité de Planificación y Presupuesto del Consejo de Educación Superior de Israel, pero cobró notoriedad internacional en 2011, cuando el primer ministro, Benjamín Netanyahu, lo designó al frente de un organismo que evaluó y recomendó medidas para superar una crisis social en su país, sobre todo en el área de la vivienda.

A fines del año pasado se afilió al laborista Avodá y, de ese modo, se integró al frente Majané Tzioní (Campo Sionista), que su partido conformó con Hatnuá, de la ex ministra Tzipi Livni.

Desde esa plataforma cuenta con serias chances de convertirse en el primer argentino en ingresar a la Knesset (Parlamento) y suena como posible ministro de Hacienda de un eventual gobierno de centroizquierda si, contra los pronósticos, ese bloque triunfa en las elecciones generales del 17 de marzo o se conforma una coalición de unidad nacional, pese a que el primer ministro, Benjamín Netanyahu, la descartó.

Con esa perspectiva Manuel Trajtenberg dialogó en exclusiva con la Agencia Judía de Noticias (AJN).

P- ¿En qué año hiciste aliá?

MT- Hace 45 años.

P- ¿Cómo está la situación política en estos días en Israel?

MT- En este momento las campañas están en pleno. La mayor parte de quienes entienden de estas cosas dice que los procesos subyacentes son fuertes y que hay una gran necesidad de cambio. La sensación es el deseo de cambio que todavía no se manifiesta en forma total.

P- ¿Hablamos de derecha a izquierda?

MT- Sí, aunque el concepto de “derecha” e “izquierda” en Israel no se considera exactamente así.

P- Históricamente, Israel es un país que suele hacer estos cambios cuando siente que es el momento. No sería la primera vez, ¿no?

MT- Exactamente. La sociedad israelí tiene una característica que es que cuando la situación realmente llama a un cambio, lo sabe hacer en forma democrática. A veces no en forma inmediata -hubiésemos preferido que sea más rápido-, pero de todos modos ocurre y es un instinto muy sano.

P- ¿Es un ejemplo para otras sociedades del mundo?

MT- Creo que sí. Siempre digo que lo importante en una sociedad, con sus elementos políticos, no es saber llevar a cabo las cosas día a día, como una rutina, lo importante es qué ocurre cuando las situaciones cambian y siempre hay dinámica. La pregunta es si la política sabe adaptarse al cambio que hay que hacer. Y una de las cosas que, como latinoamericano, uno sabe muy bien es que la sociedad que se aferra al pasado no sabe adaptarse.

P- ¿Se sabe por qué la sociedad está yendo puntualmente por este cambio?

MT- Creo que está bastante claro: en el campo económico israelí, lo que ha ocurrido es que a partir de los últimos 30 años, después de la gran crisis que hubo en el ’84, se comenzó un proceso de crear una economía de mercado muy abierta, liberal, pujante, y para eso -entre otras cosas- se redujo drásticamente el peso del gobierno en la economía. Lo que ocurre muchas veces es que esa actitud y filosofía económicas, que fueron muy buenas en su momento, se siguieron llevando a cabo cuando las cosas ya habían cambiado y se volvieron no solamente irrelevantes, sino contraproducentes. Acá se achicó el rol del gobierno a tal punto que hoy en día el presupuesto nacional -no importa cómo lo repartas- no puede alcanzar para suministrar los servicios básicos que se necesitan en educación, en el campo bélico, en defensa, etcétera. Entonces hay que poner fin a ese proceso de achicar cada vez más al gobierno. Lo otro que ha ocurrido desde que se puso todo el énfasis en la política macroeconómica -es importante: no hay inflación, la balanza de pagos está muy bien, las reservas altas, recibimos calificaciones muy altas del FMI- es que nos olvidamos de la microeconomía. Y lo que le pasa a la gente acá es que no termina el mes. O sea, hay un contraste muy serio entre la macroeconomía y lo que le pasa a la sociedad, y eso es lo que hay que solucionar. La necesidad de cambio viene de ahí: la gente se da cuenta de que no puede ser que todos los días recibimos alabanzas de la macroeconomía, pero -al mismo tiempo- el salario real está quedado.

P- Se sabe que flameás una bandera muy grande que tiene que ver con la vivienda, rubro en el cual hay una preocupación muy grande, especialmente entre los jóvenes. ¿Estás impulsando alguna solución para eso?

MT- Lo que ha pasado aquí es que en los últimos 6 ó 7 años los precios de la vivienda han subido un 90 por ciento cuando la inflación ha sido mínima. Lo que está ocurriendo es fuera de serie, e Israel es uno de los países más caros del mundo si se mide cuántos meses de salario hacen falta para comprar un departamento. Hay algo completamente anómalo en la situación, y eso ocurrió porque, en Israel, el 93 por ciento de las tierras son del Estado, que las controla y va vendiendo de a poco para la construcción. Lo que pasó es que la vendieron a precios muy caros, al mejor postor, que es muy bueno para el Estado nacional por los ingresos, pero es pésimo para una política de vivienda popular. Entonces se ha creado una contradicción. Nosotros decimos que hay que utilizar esas tierras para promover una vivienda accesible y no para maximizar las recaudaciones del Estado.

P- El embajador argentino en Israel, Carlos Faustino García, habló de lo importante que sería que haya un representante argentino en la política israelí. ¿Qué significa para vos, a pesar de estar hace tantos años lejos del país?

MT- Anoche (por el miércoles) hablé frente a un grupo de latinoamericanos, especialmente argentinos, en un bar acá en Tel Aviv. Muy lindo, había 70 u 80 personas. Me hicieron preguntas y terminé recitando la copla del payador perseguido de memoria (risas). ¿Por qué lo hice? Lo que soy y lo que represento, mis planes económicos, mi forma de pensar y mi filosofía social vienen de algún lado; entre otras cosas, de mi formación, que se nutrió de Atahualpa Yupanqui, Mercedes Sosa y toda la canción popular con contenido social. Eso me quedó tan grabado que puedo recitar durante horas ese tipo de cosas. Para mí es una forma de representar lo que siento y mi orgullo de venir de esos pagos.

P- ¿Qué sentís en tu cotidianeidad como hombre común al saber que entrás al escenario de la política israelí, más allá del resultado de la elección?

MT- Es muy interesante porque, por una parte, en los últimos 9 años estuve en funciones en el gobierno, pero nunca como político. Creía que conocía todo, pero es muy diferente: la verdad, después de un par de semanas me siento muy cómodo y uno se encuentra con muchos aspectos de la sociedad que no ve en la vida normal. Y lo otro es que uno dice que la política es el arte de lo posible y uno se da cuenta de que por una parte están las ideas, los modelos económicos, etcétera, pero para llevarlos a cabo, tenés que convencer. Eso es importante en la misma medida que la calidad de los pensamientos. Para mí, ésa es una lección increíble, así que tomé esto como una gran aventura que me permite hacer algo por la sociedad.

P- ¿Cómo te está tratando la sociedad israelí?

MT- Hasta ahora muy bien, pero no tengo ilusiones en ese sentido. Sé que cuando nos vamos acercando a la fecha el asunto se pone más peleado. Entonces puede ser que vuelen unos golpes para este lado también. Hay que estar preparado y eso es parte del entrenamiento que uno tiene que pasar.

P- ¿Cómo ves a la comunidad latinoamericana en Israel?

MT- En general, los latinoamericanos se adaptan muy bien en Israel. Hay grupos de tantos países y muchos estereotipos -por supuesto, para bien y para mal-, pero la comunidad latinoamericana en general tiene una reputación muy buena.

P- ¿Cuál es tu mensaje a las kehilot (comunidades judías) latinoamericanas, y a la Argentina en particular?

MT- El mensaje es que somos muy afortunados de vivir en esta era: tenemos un Estado nuestro, pero también en la mayoría de los países florece el mundo judío y tenemos, por lo tanto, opciones. Lo importante -no importa cuál elija uno- es darse a pleno por la comunidad, el país y la cultura. Cada uno tiene un rol y hay que saber jugarlo hasta el final.

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