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Itongadol.- Cerca de 300 niños de entre 6 y 16 años participaron a lo largo de 10 días del campamento anual de verano organizado por el Fondo para las Víctimas del Terror. Cada uno de ellos fue herido en un ataque terrorista, o tiene un familiar cercano que fue herido. El campamento fue diseñado para niños que viven en el Sur de Israel, en ciudades que se encuentran bajo constantes ataques de misiles provenientes de Gaza, como Sderot, Ofakim, Kiriat Gat, Netivot e incluso Dimona. Sarah Bronson de La Agencia Judía reporta.
Muchos de los niños viven entre 0 y 7 kilómetros de Gaza, en Kibbutzim y asentamientos agricultores que sufren de constantes lanzamientos de Qassams y morteros, con virtualmente ninguna protección de la Cúpula de Hierro o tiempo para correr a los refugios durante los ataques.
Cada día, el campamento llevó a los niños de paseo a alguna atracción turística o sitio histórico cerca del centro del país, fuera del alcance de los cohetes de Hamás. Se escondieron en la cueva de Bar Kojba, disfrutaron del parque de diversiones Superland y caminaron por Ein Bokek. En el último día del campamento, visitaron el Muro de los Lamentos, en Jerusalén, y luego recorrieron la Ciudad de David.
Mientras se preparaba para abandonar la Ciudad de David, Hallel, de 12 años y procedente de Dimona, comentó que los paseos y la visita a Superland fueron “muy, muy divertidos”, y que el campamento le había permitido darse cuenta que “nuestra historia está repleta de héroes”. Además, comentó, “es lindo estar lejos de los misiles”.
El hermano menor de Hallel, Gil-Or, de 8 años y por comenzar el tercer grado, participó del campamento por tercera vez. Al preguntarle, explicó en detalle y con total seriedad cómo su hermano mayor fue gravemente herido en un ataque terrorista en el año 2008, cuando un terrorista ingresó a la Yeshivá Merkaz Harav y abrió fuego, matando a ocho estudiantes.
Gil-Or comentó que le encantó Superland y Ein Bokek, y que en el campamento hizo nuevos amigos. Además aseguró que no suenan tantas sirenas en Dimona en estos días, aunque hubo momentos donde fueron constantes.
Hallel hoy luce con orgullo su remera de Bnei Akiva, un movimiento juvenil ortodoxo. Es poco habitual en Israel que niños ortodoxos participen de campamentos y actividades con niños seculares, pero el terrorismo no distingue entre unos y otros. Por ello, este campamento tampoco. Sus participantes provienen de una variedad de movimientos y corrientes religiosas, tanto ortodoxas como no ortodoxas.
El director del campamento, Eran Shavit, comentó que en el primer día del viaje llevó en su auto a Shira, una niña de 6 años de Kiriat Malaji, y su hermano mayor, ya que no tenían cómo llegar hasta el autobús. Su padre fue atropellado por un camión durante la Operación Pilar Defensivo, en el año 2012, cuando intentaba llegar a un refugio ante la inminente caída de un misil. Falleció apenas tres meses atrás, luego de luchar por su vida durante los últimos dos años.
Shira lloró camino al autobús, comentó Eran, quejándose de que estaba aburrida y que no iba a conocer a nadie en el campamento además de su hermano.
“Tan solo espera”, le respondió Eran. “Conocerás a otros niños en el autobús, y verás que te divertirás mucho a partir de ese momento”.
Efectivamente Shira, la más pequeña del campamento, es la consentida del grupo. “Es como si tuviera 300 madres”, comentó uno de los consejeros del grupo. En los alrededores, Shira –vestida enteramente de color rosa- se ríe mientras juega con otros niños.
El campamento de 10 días fue totalmente gratuito para los participantes. El programa fue financiado por los Dres. Harold Marder y Jewel Slesnick y el Dr. Jay y Caryl Feingold, a través de la Federación Judía del Condado de Palm Beach; la Federación Judía de St. Louis; UIA Canadá y la Federación Judía de Miami.
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