Itongadol/AJN.- Lo amen o lo odien, lo respeten o lo desdeñen, pocos pueden negar que el primer ministro Benjamín Netanyahu sea un efectivo y poderoso orador. Y uno de los elementos que lo hacen así es su capacidad para simplificar.
En la reunión de la Asamblea General de la ONU del año pasado, Netanyahu sacó un cartel con una bomba dibujada para trazarle una línea roja al programa nuclear iraní que todo el mundo pudiera entender. Al principio se burlaron de él, sin embargo -como editorializó The Washington Post meses después- los iraníes tomaron nota y no han cruzado esa línea.
El martes también hizo las cosas muy simples.
“Deseo que no haya confusión sobre este punto”, dijo Netanyahu hacia el final de un discurso de 30 minutos dedicado mayoritariamente a la cuestión nuclear iraní. “Israel no permitirá que Irán consiga armas nucleares. Si Israel se ve obligado a estar solo, Israel estará solo.”
No se puede ser más simple o más claro.
“Señoras y señores: Israel nunca consentirá armas nucleares en manos de un régimen inescrupuloso que reiteradamente promete borrarnos del mapa”, dijo. “Ante tal amenaza, Israel no tendrá otra alternativa que defenderse.”
Esas palabras estaban menos destinadas a los líderes iraníes que a los jefes de los países que van a involucrarse con el sonriente, de aspecto benévolo y voz suave presidente iraní Hassan Rouhani.
Con estas palabras, Netanyahu los puso sobre aviso de que si caen presa de los trucos de Rouhani, si lo dejan salir de las cuerdas contra las cuales lo han puesto las sanciones, entonces Israel -aun si tiene que actuar solo- actuará.
¿Está fingiendo? Tal vez, pero Israel ya ha probado en el pasado -en particular con su ataque al reactor nuclear iraquí en 1981 y supuestamente de nuevo contra una instalación nuclear siria en 2007- que cuando sienta la espalda contra la pared actuará como lo considere conveniente, incluso en contra de la opinión mundial.
Uno de los supuestos que rigen en Jerusalem en los últimos meses es que el mundo finalmente aplicará duras sanciones contra Irán, en gran parte porque teme una acción militar israelí. No fue una coincidencia que las sanciones más duras fueron adoptadas en 2012, después de un debate muy público en Israel sobre si atacar Teherán, cuándo y cómo.
Sólo cuando el mundo se convenció de que Netanyahu hablaba en serio y de que, de hecho, podría emprender una acción militar Europa implementó sanciones que incluso Netanyahu admitió que han paralizado la economía iraní. Y a primera vista estas sanciones eran contraproducentes porque también dañaban las economías europeas en un momento en que ya estaban sufriendo bastante.
El temor a una acción militar israelí y a cómo ella podría devastar la economía mundial superó la preocupación de Europa acerca de cómo les impactarían las sanciones.
Netanyahu quiere que la idea de un posible ataque israelí también esté firmemente en la mente del mundo ahora que se sienta a hablar con Irán.
Es claro lo que Netanyahu no dijo en su discurso. No le dijo que no a negociar. No descartó y ni siquiera se opuso a la diplomacia.
Negociar, dijo, pero hacerlo manteniendo las sanciones en su lugar y con un sentido claro de cómo debe ser el final del juego: el completo desmantelamiento del programa nuclear de Irán.
Así como no se puede estar parcialmente embarazada, tampoco se puede tener parte de un programa de armas nucleares.
Como probó en base a los propios comentarios de Rouhani en 2005, tener la capacidad del ciclo de combustible para enriquecer uranio al 3,5 por ciento significa que un país posee la capacidad de producir armas nucleares.
“Todos queremos darle una oportunidad de éxito a la diplomacia con Irán, pero cuando se trata de Irán, cuanta mayor es la presión, mayor es la oportunidad. Hace tres décadas, el presidente Ronald Reagan dio un famoso consejo: ‘confiá, pero verificá’. Cuando se trata del programa de armas nucleares de Irán, este es mi consejo: desconfíen, desmantelen y verifiquen”, dijo.
Más que ningún otro primer ministro israelí, quizá desde Menachem Begin, Netanyahu recurre descaradamente a imágenes históricas para fortalecer sus argumentos a favor de Israel. No rehúye a invocar la Biblia para demostrar la conexión del pueblo judío con la Tierra (de Israel), ni el Holocausto o el pasado trágico de los judíos para explicar lo que anima las percepciones de seguridad del país.
Algunos lo critican por eso, tanto dentro como fuera del país, diciendo que está viviendo en el pasado y que ya es hora de seguir adelante. Él está fuertemente en desacuerdo.
“Ahora bien, sé que algunos en la comunidad internacional piensan que estoy exagerando esta amenaza”, dijo. “El siglo pasado nos ha enseñado que cuando un régimen radical con ambiciones globales tiene un impresionante poder, tarde o temprano su apetito de agresión no conoce límites. Esa es la lección principal del siglo XX. Y no podemos olvidarla. El mundo puede haber olvidado esta lección, el pueblo judío no.”
Demasiada gente en el mundo subestima el grado en que el pasado judío continúa animando el presente de Israel y sus esperanzas y temores para el futuro. Netanyahu lo expone directamente.
“En nuestro tiempo se están cumpliendo las profecías bíblicas”, dijo Netanyahu en una declaración políticamente muy incorrecta con la cual concluyó su discurso. “Como dijo el profeta Amós: ‘Reconstruirán ciudades ruinosas y las habitarán. Plantarán viñedos y beberán su vino. Cultivarán huertos y comerán sus frutos. Y Yo los plantaré en su suelo y nunca serán arrancados de nuevo’.” Esa es una cara de la moneda.
La otra fue la historia que contó justo antes de la cita de Amós acerca de su abuelo, quien fue golpeado hasta quedar inconsciente por un grupo de matones antisemitas en la Europa del siglo XIX.
“Lo golpearon hasta dejarlo inconsciente, lo dieron por muerto, y antes de perder el conocimiento, cubierto con su propia sangre, se dijo: ‘¡Qué deshonra! ¡Qué deshonra! Los descendientes de los macabeos yacen en el barro sin poder defenderse’.” No es casualidad que Netanyahu haya contado esa historia al final de un discurso dedicado principalmente a Irán. Si bien gran parte del mundo podría pensar que la historia ha pasado y que eso es retórica melodramática, para Netanyahu la historia judía -tanto los gloriosos días de los profetas como los días más oscuros de los pogromos- está viva y es real.
Quienes deseen entender el punto de lo que hace Netanyahu, y qué puede o no hacer, harían bien en estudiar cuidadosamente su último discurso en la ONU, que no tiene trucos, sino un mensaje simple y poderoso: Israel actuará si lo necesita, aunque deba hacerlo por sí mismo.
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