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Bergman/Haaretz/Entrevista. Críticas al gobierno de Cristina Kirchner y antisemitismo en la región

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Itongadol.- Hace dos años, un tribunal de la Argentina debió lidiar con una pregunta sin precedentes en la historia jurídica y política del país: ¿podía aparecer el título “rabino” en una boleta de votación oficial? El asunto llegó ante el tribunal cuando el rabino Sergio Bergman decidió postularse para un puesto en el Concejo de la Ciudad de Buenos Aires.
Desde entonces, Bergman ha dado el gran salto directamente a la política nacional. La semana pasada fue elegido para el primer lugar de la lista del partido PRO para la importante elección parlamentaria prevista para octubre. El partido de centro-derecha se está posicionando como una alternativa viable al gobierno de la presidenta Cristina Kirchner, que enfrenta una creciente insatisfacción. Pero incluso si el PRO no toma las riendas del gobierno en esta ocasión, Bergman seguramente se convertirá en el primer rabino en desempañarse en la Legislatura Nacional argentina.
Bergman, de 51 años, nació en la Argentina y se graduó en Farmacia y Bioquímica en la Universidad de Buenos Aires. Pero luego se pasó a un campo totalmente diferente. Después de estudiar en un seminario rabínico en Buenos Aires llegó a Jerusalem, donde cursó Educación en la Universidad Hebrea y fue ordenado rabino por el Hebrew Union College. Posteriormente retornó a la Argentina para ser rabino de la legendaria Sinagoga de Libertad, la primera fundada en Buenos Aires, que data de 1897.
En 2011 decidió postularse a la cabeza de una lista independiente para el Concejo de la Ciudad de Buenos Aires, pero terminó uniéndose al partido PRO, encabezado por el entonces alcalde, Mauricio Macri, quien planea candidatearse para presidente en 2015 y espera que le vaya bien. Bergman, uno de los más duros críticos de la presidenta Kirchner, puede algún día encontrarse entre los máximos dirigentes de un importante país latinoamericano. Esta semana, en una entrevista con Haaretz, se refirió a éste y otros temas.

– ¿Qué significa para usted la elección para la primera posición en la lista del partido? ¿Lo ve como un primer paso hacia el máximo nivel de liderazgo en la Argentina?
– Es un gran honor para mí, un gran desafío y responsabilidad. Participar en la política a nivel nacional es formar parte de la historia argentina, al igual que de la historia judía, de la integración en la sociedad -con nuestra singularidad- y llevar nuestros valores espirituales a lo que ofrece la Constitución Nacional Argentina, que invitó a nuestros abuelos, los inmigrantes, así como a todos los hombres y mujeres de buena voluntad, a radicarse en la bendita tierra de este país.
El movimiento que integro, PRO, es un marco variado que representa en la política partidaria la integración cultural de las religiones y tradiciones que conforman la identidad argentina.
– Para el lector de Haaretz, que no está tan familiarizado con los vericuetos del sistema político de la Argentina, ¿cuán significativa es su elección para el primer lugar de la lista del partido?
– Es una parada muy importante en estos trascendentales tiempos para la Argentina. El Congreso Nacional será la sede del debate en torno al deseo de hacer reformas constitucionales y de la capacidad para ponerles un límite a las injustificadas ambiciones de la presidenta Cristina de continuar manteniéndose en el poder y dañar a la democracia de la República por medio de la demagogia popular.
También será la primera vez en la historia del país en que un rabino es elegido para el Parlamento nacional. Será un logro para la integración y la coexistencia pacífica entre los diferentes grupos religiosos que componen la sociedad argentina.
– El movimiento al cual pertenece actualmente está luchando contra la política de Kirchner desde las bancas de la oposición. ¿Ve una posibilidad a futuro de convertirse en partido gobernante?
– No tengo dudas de que PRO ofrece la mejor alternativa al actual gobierno en la persona de su líder, que será el candidato a presidente en las elecciones de 2015, Mauricio Macri. Su visión habla de acerca de una rehabilitación y un retorno a una vida normal de paz social en casa y de un renovado involucramiento en la política mundial, promoviendo una política progresista que permita un crecimiento económico y una reducción de las brechas sociales, y el abandono de los enfrentamientos sin sentido a fin de lograr una Argentina seria y respetuosa de la ley que sea escrupulosa respecto de la separación de poderes y fomente relaciones con los países más desarrollados del mundo, más que alianzas con lo peor de ellos, que es la situación actual.
– A propósito de la situación actual, ¿qué cree que realmente hay detrás del acuerdo entre la Argentina e Irán respecto de la investigación conjunta de los ataques terroristas en Buenos Aires en la década de 1990?
– Nadie puede explicar qué hay detrás de esto. Sin embargo, sí sabemos lo que tenemos delante: un movimiento completamente inaceptable de la Argentina, que firmó un acuerdo con un régimen terrorista fundamentalista que perpetró, como lo indica la investigación, dos ataques terroristas, en 1992 contra la embajada israelí y en 1994 contra el centro comunitario judío. Gracias al engaño del canciller (Héctor) Timerman, quien les mintió a las familias y al Parlamento, y a un cambio de política del gobierno de Cristina Kirchner, que afirma que desea avanzar en la investigación de los hechos, el tema se ha prestado a las manipulaciones de Irán, en detrimento de la soberanía argentina en la materia. La Cancillería siguió el juego iraní y el Parlamento de Buenos Aires votó aprobar el acuerdo, pero el Parlamento iraní no lo hizo. (El saliente presidente de Irán, Mahmoud) Ahmadinejad lo firmó solo.
Hay una teoría de que todo es una maniobra para aislar a Argentina, alejarla de los países desarrollados del mundo y empujarla al grupo de aliados de Teherán -Venezuela, Cuba, Ecuador y Bolivia-, así como para preparar el terreno para el comercio petrolero y también para obtener asistencia técnica y materiales para el programa nuclear de Irán a través de un tercero, Venezuela.
Este movimiento es imposible de entender: es una traición a la memoria de las víctimas.
– ¿Cómo describiría su relación con Israel?
– Mi compromiso con Israel está relacionada con preservar su centralidad en la memoria, el presente y el futuro del pueblo judío, a través de un diálogo creativo y simétrico con las comunidades judías del mundo. Israel siempre debe ser una opción para todo judío que elija convertirse en ciudadano israelí. Pero si decide vivir en otro país, su compromiso civil debe darse con el país en el cual vive, mientras continúa apoyando la existencia, soberanía y seguridad de Israel, especialmente teniendo en cuenta el gran desafío de la paz entre israelíes y palestinos y con los demás vecinos de la región.
– ¿Qué recuerdos tiene de su época en Jerusalem?
– Tengo los mejores recuerdos de la Ciudad de David, el lugar sagrado para nuestros profetas y sabios, y al mismo tiempo, la Ciudad Santa para las tres principales religiones. Jerusalem está en mi corazón y en mis plegarias para que pueda ser una ciudad de paz, como dice en los Salmos: “Rezad por la paz en Jerusalem”.
Tengo recuerdos inolvidables de mi época de alumno rabínico allí y de mis estudios de graduación en diferentes lugares de la ciudad; de la Universidad Hebrea, donde cursé Educación; del Hebrew Union College y del centro Beit Shmuel, donde fui ordenado rabino e hice una licenciatura en Literatura Rabínica; del centro de Becarios de Jerusalem en Rehavia, donde desarrollé programas educativos y sociales que implementé a mi regreso a Buenos Aires. Y por supuesto, recuerdo el Beit Midrash para Estudios Judaicos, donde complementé mis estudios sobre judaísmo; los paseos por la Ciudad Vieja, los colores y aromas de Mahane Yehuda y el barrio donde vivíamos: la calle Haetzel, en la Colina Francesa.
También recuerdo los momentos difíciles -la época de la Guerra del Golfo (1991), con las máscaras antigás y la cuna con protección que teníamos que usar para nuestra hija mayor, Maya, que tenía solo dos años- y los momentos de alegría: cuando nuestro hijo Yonatan nació en el hospital Hadassah, la ceremonia de graduación en la Universidad Hebrea, donde me gradué con honores, y la ordenación rabínica en el Hebrew Union College, frente a las murallas de la Ciudad Vieja…
– ¿Sigue la política israelí?
– ¡Por supuesto! Presto mucha atención a lo que está sucediendo en la vida política, cultural y social de Israel. Siempre estoy preocupado por su seguridad, y al mismo tiempo, también admiro todo su progreso y desarrollo en ciencia y tecnología, en lo cual es bastante ejemplar.
– ¿Cuál es su opinión sobre la forma en que el gobierno israelí y el Gran Rabinato de Israel tratan a los movimientos reformista y conservador en Israel y otros países?
– El gobierno israelí no puede mantener sus posiciones actuales de negar o postergar el reconocimiento pleno de los movimientos conservador y reformista. Ha habido un progreso, pero no es suficiente. La ortodoxia tiene que preservar sus derechos, pero no tiene derecho a imponerle cualquier cosa a la libertad de los demás. El pluralismo es una meta que debe alcanzarse, una posición que debe desarrollarse hasta el reconocimiento total y completo de la variedad y multitud de corrientes -que siempre existieron en el judaísmo-, sin acciones extorsivas por coaliciones con la ultraortodoxia.
Debemos seguir trabajando para apoyar una separación total de las cuestiones de libertad de conciencia y religión con el Estado. Del mismo modo que estamos protegidos al respecto en lugares donde somos una minoría, existe la misma necesidad de respetarlo en el lugar donde somos la mayoría…
– ¿Cómo evaluaría el nivel del antisemitismo en Latinoamérica? ¿La situación ha mejorado o empeorado? En la reciente elección presidencial en Venezuela hubo ataques antisemitas contra el candidato opositor Henrique Capirles Radonski, quien es de origen judío.
– En Latinoamérica no se encuentra al antisemitismo como un fenómeno ideológico o cultural, pero hay muchos antisemitas que siguen intentando y fracasando a la hora de introducir el odio y el prejuicio. También hay un antisemitismo que se manifiesta como antisionismo, e Irán, a través de su “embajador” en Latinoamérica, que es Venezuela, está tratando de “conquistar” el continente con sus perversas ideas de negación del Holocausto y su ideología para la destrucción de Israel.
Al operar con total impunidad, las embajadas de Irán en la región, junto con células de Hezbollah y otros grupos islámicos, están ocupados recaudando fondos, reuniendo apoyo y promoviendo el islam fundamentalista, el antisionismo, el odio a los judíos y la negación del Holocausto. Lamentablemente, la Argentina ahora es socio de Venezuela e Irán y la diplomacia israelí no está haciendo lo suficiente para denunciar estas cosas.
Cuando ganemos las elecciones, llevaremos a cabo una revolución en estos temas. Y cuando llegue el momento, habrá una necesidad en la comunidad judía de hacerle un juicio ético al actual canciller Héctor Timerman, quien a pesar de que ser judío firmó el acuerdo con Irán y traicionó la memoria y la dignidad de las víctimas del terrorismo.

En las próximas elecciones parlamentarias, así como en los comicios municipales de 2011, la boleta presentará el nombre de Bergman, pero no su título. Entonces, el tribunal dictaminó que si bien el candidato era más conocido por el público como el rabino Bergman que como Sergio Bergman, agregar el título de “rabino” le impartiría al postulante un “peso positivo adicional” que no está permitido en las boletas electorales. Bueno, al menos el tribunal le dio un halago.

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