El asado de los domingos, aquel que ritualmente suele reunir a los argentinos alrededor de la mesa para discutir de política, fútbol y otras hierbas, también se convirtió en la “estrella” de los festejos de Iom Haatzmaut (Día de la Independencia), sobre todo en aquellas ciudades de Israel donde abundan sudamericanos.
La tendencia no sólo es confirmada por destacados artículos periodísticos que alertan sobre un fuerte consumo de carne para vísperas del Día de la Independencia sino también por Bernardo Kaufman, un carnicero argentino que empujado por la traumática crisis de 2001 que sacudió a la Argentina decidió hacer aliá para instalarse en la ciudad Raananá.
Pese a que aclara que ya está jubilado, Kaufman, quien supo tener una carnicería y pollería en Buenos Aires, aún atiende a sus vecinas israelíes desde el mostrador de una importante cadena de supermercados e incluso suele hacer recomendaciones a sus clientas para preparar las tradiciones milanesas de carne, algo que se desconocía en esta parte del planeta.
Don Bernardo aclara que si bien los israelíes se inclinan por el “parguit” (muslo de pollo sin hueso) para tirar a la parrilla en Iom Haatzmaut, los argentinos y los uruguayos recurren al carnicero en busca del llamado “asado del medio”, una delicia rioplatense que parece no tener fronteras y que ya está instalado en Medio Oriente.
A diferencia de lo que ocurre en la Argentina, donde la parrilla es limpiada con grasa antes de colocar la carne, en Israel se pasa una cebolla y para evitar contratiempos con el humo, los israelíes, que prefieren la carne punto corazón o media cruda, recurren a la ayuda del combustible para prender el fuego.
“En esta época del año hay cierta mercadería como el parguit y el asado que hay un poco más de demanda y puede faltar, pero en Raananá como Kfar Saba comen asado del bueno, el asado del medio. Tengo muchos clientes argentinos que me vienen a comprar y compran milanesas y otros cortes”, comenta Bernardo.
Aunque para este día de festejos, los israelíes también apelan al kebabs o Mizrahi, a las brochetas de pollo o al kebab de pollo, al cordero con hueso o el tradicional entrecote, que según explica Bernardo es “la parte del medio entre bife de chorizo y el bife ancho”.
“Acá en Israel se usa mucho lo que es parte trasera, hay trasero kosher, el lomo, el cuadril, la bola de lomo y el peceto. Hay una empresa que es la única del mundo que hace el trasero kosher. La gente empezó a conocer como también empezó a conocer la milanesa”, cuenta el carnicero.
Para Bernardo, “en los últimos años, los israelíes aprendieron a comer carne” y, en este sentido, destaca que en los últimos años se vende más carne fresca en Israel. “Acá la carne se la envuelve con celofán y todos los días se lo cambia para que no se sequen porque al ser kosher es salada”, agrega.
En cuanto a los precios de la carne en Israel hay una gran variedad. Por ejemplo el entrecote fresco sale unos 40 dólares el kilo, mientras que el Parguit oscila los 10 dólares el kilo, y el lomo por ser kosher cuesta unos 50 dólares el kilo.
Bernardo trabaja en el supermercado Mega que es la más grande que hay en Israel, con 230 sucursales en todo el país y 6500 empleados.
“En 2002 hice aliá, en la Argentina tenía pollería y carnicería, y la crisis fue lo que me llevó a dar el paso, pero yo ya tenía a mis dos hijas en Israel y a mis nietos. Acá mi señora tiene trabajo y yo también. Viajamos cada año y medio o dos a la Argentina porque tengo un hijo allá”, cuenta Bernardo.
El hombre agrega que cuando llegó a Israel comenzó a trabajar enseguida pese a que conocía poco el idioma, pero tenía un oficio. “Igualmente me las arregle bien, llegue a los 57 años y desde hace 9 años que atiendo al público. Me ayudó mucho trabajar en un lugar donde todos hablan hebreo”, relata.
“Ahora, cuando me jubile, me pidieron que siga trabajando así que atiendo seis horas por día. En Israel no importa la edad que tiene la gente, por eso hay un 6 por ciento de desempleo”, remata.
Más allá de precios y políticas, esta claro que en la Argentina como en Israel, el asado sigue siendo la mejor excusa de encuentro, sobre todo cuando viene con la compañía de un buen vino y amigos.
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