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No ha habido mayor tragedia en la diáspora judía después de la Shoá que el atentado a la sede de la AMIA donde cohabitaban la DAIA y el IWO, entre otras instituciones. Un atentado que es el segundo capitulo del terrorismo internacional en nuestro país y que tiene nada más y nada menos que al gobierno de Irán como acusado por la justicia argentina de ser el autor intelectual del mismo, más allá de las identidades de las personas imputadas. Un atentado que golpeó en el corazón de la vida judía, en el centro de la Republica, en su ciudad capital.
A lo largo de los años la actuación política comunitaria en defensa de sus principios y su dignidad buscando justicia y verdad ha sabido de encuentros y desencuentros con los gobiernos de turno. Los encuentros nos alinean con nuestros gobernantes porque si el bien común, que es el fin de las instituciones, se logra, el bienestar es de todos. Los desencuentros, por su parte, nos enfrentan, nos oponen. Fijar con firmeza posiciones fortalece a la institución y al liderazgo. "Autojustificarse" sobre lo que se hace o se dice, lejos de ser una virtud es un desmerito. Es síntoma de debilidad y de inseguridad.
La comunidad toda, aquí incluida la DAIA, "gracias a la fortaleza de su plenario de entidades adheridas" y en el mundo, se ha expresado fuertemente en contra del acuerdo porque la avasalla, porque irrespeta a las victimas y a sus deudos, porque desconoce a la justicia. El canciller, días atrás nos dijo en el Senado: "Por supuesto que desconfío de Irán". Y la pregunta que sigue es: ¿Quién firma un acuerdo con quien desconfía? Solo aquel que sabe que será engañado y estafado, solo aquel que a priori se vende para ser dominado.
Los pactos, enseñan los juristas, se firman para cumplirlos. Firmarlos sabiendo que no será así es inmoral e inconstitucional. Nuestro vergonzante canciller hoy dio un paso mayor, tan grave como profano: acusó a la AMIA y a su presidente (de estupenda y digna actuación desde que se inició el conflicto) de querer trabar la investigación. ¿Es diferente esto a la vieja acusación de la teoría de la implosión de la Embajada de Israel? ¿Es distinta al relato de la confabulación de dirigentes judíos con jueces y fiscales para trabar y desviar la causa? ¿Es distinta de la acusación de Irán sobre que Israel está detrás del atentado? No.
Si la presidente de la Nación no desestima estos dichos del canciller, ni tampoco ninguno de los ministros diputados, senadores y funcionarios hasta hace poco permanentes frecuentadores de las instituciones comunitarias, no hay duda de que lo expresado es posición del gobierno. Y si esto es así, las instituciones de la comunidad deben entender que en este punto, y con total agudeza, deben estar contra el gobierno. Y más aún cuando es el gobierno quien le da la espalda hoy, cuando las engaña, es miente, las maltrata (del mismo modo que las maltrata al financiarlas), las pone en el banquillo de los acusados y les endilga que no haya justicia.
Frente al agravio de la acusación del canciller, frente al "atentado al atentado" que significa esta entrega, se requiere de un "liderazgo seguro y firme" y q "se sepa asumir" en esta encrucijada en oposición al gobierno. Porque no se trata solo de un acuerdo, se trata de una toma de posición ideológica y de abrazar como socio a un estado terrorista, negacionista de la Shoá, promotor de la eliminación de Israel e irrespetuoso de los Derechos Humanos. Frente a esto como dirigentes de instituciones judías sin duda somos opositores.
La acusación a la AMIA y a su presidente debe ser tomada como acusación a todas las instituciones y a todos los dirigentes. Las instituciones políticas hacen política, y la política es siempre una toma de posición.
Lic. Claudio Avruj

