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Recientemente hemos sido testigos de algunas declaraciones de “Acción Plural Comunitaria”publicadas en Iton Gadol (1) que objetan el hecho de que A.M.I.A. haya apoyado a un candidato específico en las últimas elecciones de D.A.I.A. imputando, a quienes tomaron esta resolución, la acusación de separar y dividir la comunidad y, al mismo tiempo, reclamando por una pretendida tradición de neutralidad que se aplicaría en casos semejantes.
Lo que resulta extremadamente sorprendente es que, aquellos que reclaman tal tradicional imparcialidad fueron los mismos que, en el año 2006, determinaron que los votos de A.M.I.A en la elección de D.A.I.A. fueran para apoyar al candidato Abraham Kaul en contra de Aldo Donzis; lo cual, digámoslo de paso, provocó entonces una importante fractura en las instancias políticas comunitarias.
Mientras escribimos estos párrafos tenemos delante de nosotros el Acta de Comisión Directiva de A.M.I.A. Nro 1791 del 10/10/2006 que concluye de este modo: «Como resultado de la votación queda determinado que la AMIA votará en la Elección de DAIA del 6 de noviembre para Presidente, al Lic. Abraham Kaul. Sin mas asuntos que tratar y siendo las 21.10 hs, el Presidente levanta la sesión». En dicha acta se indica además que, entre los que decidieron que A.M.I.A. apoyara a Kaul, (casualmente miembro de Avodá), se encuentran algunos de los que ahora cuestionan que se haya tomado una decisión análoga: Julio Schlosser; José Adasko; Luis Grynwald; todos ellos practicantes de la desaprensiva táctica que proclama “Haz lo que yo digo pero no lo que yo hago”.
En otras palabras, si el candidato a la presidencia de D.A.I.A. es del agrado de ellos, entonces las tradiciones no importan y la neutralidad menos aún; pero si dicho candidato no resulta de su gusto, entonces la neutralidad y la tradición entran en juego como excusa de sus propósitos políticos. No es la primera vez que actúan de este modo, por el contrario, casi podríamos decir que esta conducta es una constante: Por ejemplo, cuando Luis Grynwald declaró en el diario “La Nación”, (mientras su partido iba ganando las elecciones), que en A.M.I.A. es “tradición que gobierne la primera minoría” para luego desdecirse cuando se enteró de que en realidad estaban perdiendo. Lo que en verdad ellos piensan al respecto puede ser resumido de este modo:” Es tradición que gobierne la primera minoría, SIEMPRE Y CUANDO, la primera minoría seamos nosotros”.
La lengua española tiene un término que define muy exactamente de lo que se trata: Cinismo: «Desvergüenza en el mentir o en la defensa y práctica de acciones o doctrinas vituperables». En efecto, se trata de aquellos que fingen un espíritu democrático cuando en la práctica siempre han sido despóticos; de aquellos que predican un supuesto pluralismo cuando en los hechos no tienen reparos en menoscabar a quienes, por definición, están excluidos de tal presunto pluralismo: Si hasta llegaron al extremo de comparar a los jóvenes ortodoxos con las “juventudes hitlerianas” para luego rasgarse la vestiduras hablando de “banalización de la Shoá”. Que después de dos años, semejante afirmación antisemita siga estando en la página Web de “Plural Jai” (2) debería llamar la atención sobre la esencia discriminatoria del “pluralismo” que profesan tan singulares pluralistas.
Ya para terminar, digamos que la naturaleza del “doble discurso” implica la ausencia radical de valores y principios en aquello que se expresa; las palabras pierden su significación, y la legítima discusión política deviene un juego en el que “todo vale”. Las ideas dejan su lugar a los “slogans”; la convocatoria a la participación es reemplazada por el “marketing electoral” y todo queda subordinado a la “voluntad de poder”.. pero de un poder tan vacío de contenidos que debe ser disimulado en el marco de una tan cómoda, como indefinida pluralidad. Tal vez, cincuenta años de decadencia, de asimilación, de cierre de instituciones, de relativismo, de apatía, encuentren su explicación en un hecho tan simple, y complejo a la vez, como el que acabamos de describir.

