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“Palestina” en América Central y el Caribe: una mirada a la política de los sub-bloques en las Naciones Unidas

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Por Shimon Samuels y Sergio Widder*.

Durante la reciente Asamblea General de la Organización de los Estados Americanos (OEA), celebrada en junio pasado en El Salvador, alguien nos dijo que “en las Naciones Unidas, el Estado insular más pequeño tiene un voto equivalente al tamaño de China”.
Allí expusimos ante distintas delegaciones la preocupación de la diáspora judía ante la votación acerca del status palestino, que tendrá lugar en septiembre en la ONU. Su respuesta fue invitarnos a conversar con los Jefes de Estado y Cancilleres de esos países en sus respectivas capitales.
Los 15 miembros de la Comunidad del Caribe (CARICOM) y los 8 del Sistema para la Integración Centroamericana (SICA) son sub-bloques dentro del Grupo de América Latina y el Caribe (GRULAC, compuesto por 33 Estados). Éste nuclea un 17% de los votos de la ONU y cuenta con 2 asientos en el Consejo de Seguridad.
Esta región fue vital para la resolución sobre la soberanía judía, en 1947.
Para contener los intentos de revertir la historia, el Centro Simon Wiesenthal acaba de completar una gira por diez países (6 de CARICOM y 4 de SICA). Nuestro objetivo fue generar un núcleo de apoyo para la próxima Asamblea General de la ONU en Nueva York, comenzando por ponderar y reforzar la voluntad política de aquellos países que comparten intereses con Israel, y ofreciendo argumentos a aquellos que, aún cuando apoyan la declaración independentista unilateral palestina, se oponen a que el texto promueva definiciones en relación con el status final de la disputa (por ejemplo, las fronteras).
También expusimos acerca de las repercusiones negativas de la votación a aquellos cabalmente convencidos de apoyar la resolución, cualquiera sea su lenguaje final. Y señalamos que compartirán la responsabilidad por esas resonancias. En nombre de las 400.000 familias que integran el Centro Simon Wiesenthal, y que representan un porcentaje importante de la diáspora judía, hicimos hincapié en el riesgo de una ola global de violencia antisemita como consecuencia de una votación que impulsaría a los elementos radicalizados en la región y a sus simpatizantes en el resto del planeta.
Explicamos que el endoso hacia una soberanía palestina virtual, expuesta a una toma de control violenta por parte de Hamas, sería un premio al terrorismo y a la intimidación, y en consecuencia una amenaza contra la paz mundial. También dijimos que un reconocimiento no negociado y unilateral de Palestina como “Estado no miembro de la ONU” – aún cuando no mantiene el gobierno efectivo en todo su territorio – establece un precedente legal que podría crear un efecto de “bola de nieve” para otros conflictos regionales en los que entidades no estatales reclaman soberanía, como el pueblo kurdo, la ETA en España, Chechenia, la República Turca del Norte de Chipre, la República del Sahara, y el status de Taiwan y de Belice.
De hecho, Belice (que integra tanto el grupo del Caribe como el de Centroamérica) constituye un buen ejemplo. Una fuente guatemalteca nos dijo: “Gran Bretaña nos impuso las fronteras con Belice. No podemos permitir que las Naciones Unidas impongan a Israel cuáles deben ser sus fronteras”. En Belice obtuvimos una respuesta interesante: se nos mostró la imagen invertida del mapa de ese país, enfatizando la similitud con Israel – si bien con una diferencia de superficie – y se nos dijo que “ambos pueblos tienen el mar a sus espaldas”. Las políticas regionales en relación con Israel están en función de las afinidades políticas, comerciales o ideológicas con la Venezuela de Hugo Chávez.
La presencia de comunidades musulmanas cada vez más numerosas y la disminución de comunidades judías son factores que pesan en las decisiones; también la aparición de grupos de apoyo al jihadismo.    
Guyana y Surinam fueron los primeros miembros de CARICOM que reconocieron a Palestina. La población de la exGuyana Británica tiene un origen predominantemente pakistaní, en tanto en la exholandesa Surinam hay comunidades malayas e indonesias.
Más allá de todo, las reglas de la negociación se fijan a partir de los deseos de arribar a un consenso dentro de los bloques y de las aspiraciones para conseguir designaciones destacadas en Comités de la ONU.
Durante nuestro paso por la República Dominicana, nos cruzamos con el veterano embajador de Qatar ante las Naciones Unidas – y flamante Presidente entrante para la próxima Asamblea General – Nasser Abdulaziz al Nasser, quien se encontraba haciendo lobby a favor de la declaración unilateral de independencia palestina y será el encargado de dirigir la votación. Con total desparpajo, nos comentó que su siguiente destino sería la reunión de Cancilleres de la Unión Europea en Polonia, donde se abordaría este asunto.
Compartimos con nuestros anfitriones los detalles acerca de la instalación de la plataforma iraní para misiles Shahab 3, actualmente en construcción en territorio venezolano. Esos países se encuentran en la línea de fuego de los cohetes, que tienen un alcance de más de 2.000 kilómetros. Esta situación provocó, en República Dominicana, comentarios tales como “Chávez tiene ideas trasnochadas… Israel no puede perder una sola batalla. El reconocimiento de Palestina debe estar ligado al reconocimiento de Israel como Estado judío por parte de los palestinos”. En Trinidad y Tobago observaron: “tenemos presencia de grupos sirios radicalizados”.  En Guatemala: “nuestro silencio en torno al tema es una toma de posición a favor de Israel”. En Belice: “hay gente en nuestro país que sostiene que Israel apoya a Guatemala; pero Israel está en la misma situación que nosotros, luchando por su supervivencia”. En México: “la iniciativa palestina se sostiene en las sobre-expectativas creadas por el presidente Obama cuando declaró que desearía dar la bienvenida a un estado palestino en las Naciones Unidas en 2011. A cambio, los palestinos han prometido no comprometer a Obama, forzando un veto de Estados Unidos en el Consejo de Seguridad. Pero a los diplomáticos palestinos les gustan las sorpresas”.
Un importante funcionario de una de las islas más pequeñas nos dijo: “el Estado judío ya fue reconocido por la comunidad internacional en 1947, eso es un hecho. No puede haber un retroceso. No daremos nuestro apoyo a una resolución sesgada, o que bloquee un relanzamiento del proceso de paz… Dicho esto, ¿contribuirá esta votación a la paz, o se convertirá en un nuevo obstáculo para poder poner fin al conflicto?”.
La negociación está a punto de comenzar en Nueva York. Los sub-bloques de Centroamérica y el Caribe son un modelo para toda la Asamblea General de Naciones Unidas.
Compartiendo la perspectiva judía, identificamos algunas voces amigas. Si son silenciadas o sobornadas en la votación sobre el status palestino, o en la parodia de “Durban III” que tendrá lugar en Nueva York, las Naciones Unidas quedarán expuestas, una vez más, como un instrumento para socavar la soberanía judía y colocar a Israel en el rol de chivo expiatorio.
En cada destino de nuestro recorrido, repetimos ante nuestro eventual interlocutor la memorable sentencia de Simon Wiesenthal: “aquello que empieza con los judíos no culmina allí. Se extiende como un flagelo contra toda la sociedad”. Así ocurrió con el nazismo, así sucede con el terrorismo jihadista.
La votación sobre Palestina será, del mismo modo, una señal de precaución y peligro para otras disputas y conflictos en todo el sistema internacional.
 
* Shimon Samuels es el Director de Relaciones Internacionales y Sergio Widder el Director para América Latina del Centro Simon Wiesenthal

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