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Tarbut: “Festejamos el 50º aniversario con agradecimientos”

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El colegio Tarbut celebra medio siglo de existencia con propuestas y desafíos, pero también con un gesto tan infrecuente como distintivo, que su protesorero 1º, Claudio Rusak, explicó a la Agencia Judía de Noticias.
Este directivo también integra las comisiones de Pedagogía y de Eventos por el cincuentenario de la Escuela, a la cual se incorporó hace 18 años, cuando el primero de sus 5 hijos, todos ex alumnos, entró al Jardín en Sala de 3.
 
CR- La Comisión Directiva quería festejar el 50º aniversario con agradecimientos, pero como era tanta la gente, no entraban todos en un solo lugar y momento, por lo cual decidimos dividir los festejos en 3 encuentros. En marzo se hizo una cena muy emotiva en honor de los socios fundadores y las comisiones directivas y consejos consultivos actuales y pasados por su trabajo ad honorem para el colegio, durante el cual se les entregó una placa a los primeros y a los ex presidentes, o sus hijos. Fue conmovedor escuchar los relatos y cómo fue hecho todo a pulmón. En agosto se realizó un acto académico de agradecimiento a graduados, docentes y no docentes y se entregaron placas a todos los directores y a un representante de cada área y nivel, con un profundo reconocimiento a la tarea educativa desarrollada por los dos últimos, enseñándoles a nuestros hijos. Todos estaban muy contentos. Asistieron autoridades educativas y deportivas nacionales, provinciales, municipales y comunitarias y representantes de clubes de la zona. Hubo placas alusivas y discursos de adhesión, como los del intendente de Vicente López, un representante del ministro de Educación de la Nación, que no pudo llegar por causas de fuerza mayor, y el embajador del Estado de Israel, con una salutación muy cálida. Y el broche de oro será el 22 de noviembre: se va a hacer un evento muy importante, para 3.000 personas, en un importante teatro de la Capital, donde van a actuar los chicos y les agradeceremos a los alumnos y a sus padres -o sea, a nosotros- por ser nuestros hijos el objetivo de nuestro esfuerzo por una educación de excelencia en el competitivo mundo de hoy, en el cual los valores no sólo sean los exitistas del mercado, sino la continuidad, el respeto, el tiempo y la gratitud a nuestros mayores, para que ellos -a su vez- se los trasmitan a sus hijos y nietos.
P- ¿Cómo describirías qué es Tarbut?
CR- Es el colegio judío de Zona Norte, incluidos Pilar y Tigre abierto a la comunidad toda. Generalmente, la colectividad va a un colegio por cercanía, pero además, éste tiene fama de ser muy bueno. Mi señora es ex alumna, desde el Jardín hasta el Secundario, y mandar a mis hijos a Tarbut también fue un mandato. Cuando nos casamos fue una cosa ya charlada, no cabía duda. El colegio también tiene fama de ser para un alto poder adquisitivo y no es así: el 25 por ciento del presupuesto es para becas, de acuerdo a la necesidad.
P- ¿Cómo fue la experiencia de absorber a los chicos del desaparecido Scholem Aleijem de Florida?
CR- Los años en que mis hijos mayores estaban en el Colegio fueron los que los absorbieron. Fue muy positivo porque aumentó la cantidad de gente y la convivencia.
P- ¿Por qué se toma la decisión de emprender el desafío de abrir una nueva sede en Capital?
CR- Tiene que ver con el aumento de la matrícula. El Colegio quedo increíblemente chico, a pesar de lo grande que es. A su vez, el efecto multiplicador es muy grande porque las generaciones que egresaron desde la década de 1980 a la de 2010 y hoy son padres quieren mandar a sus chicos a Tarbut. Es que tuvieron una buena experiencia en el Colegio. En este momento tienen prioridad los hermanos de los que están o los hijos de ex alumnos y no pueden entrar familias nuevas.
P- ¿Tienen una gran cantidad de padres que son ex alumnos?
CR- Ya hay familias de tercera generación, que los abuelos estudiaron en el Tarbut. En 1993 había 700 alumnos y hoy son 1.500.
P- ¿Cuál fue el disparador de la decisión de construir un edificio nuevo? ¿Cuándo se inaugurará?
CR- En primer grado siempre hubo 80 chicos, pero actualmente tenemos 5 primeros grados de 25 alumnos y dentro de poco vamos a tener 6 grados; o sea, 150 personas. Así, los del Secundario no entran. Y hay una realidad: los chicos del Secundario empiezan a interactuar y a tener su mundo en Capital. Empezamos a ver que no sólo que ellos quieren moverse en Capital, sino que alumnos de otros colegios no quieren irse hasta Olivos y la única opción es la ORT, que es un colegio técnico y no tiene capacidad para albergar a toda esa gente que quiere quedarse en Capital. A pesar de ser un colegio de Zona Norte, nos pareció muy bueno tener la posibilidad de tener un espacio grande y tuvimos la suerte de encontrar un edificio de casi una manzana, en Crámer al 3500, con salida también a Conesa. Cuenta con un polideportivo enfrente y va a permitir albergar a 800 alumnos, que es la demanda que vamos a tener en el Secundario. No estamos pensando en seguir creciendo en esa zona, sino en darle otra opción a la gente que quiere estudiar en un Secundario de Capital. La realidad es que están Tarbut, ORT, Buber y Scholem y no hay lugar, entonces hay que crearlo. Están entrando familias nuevas por un programa de becas que estamos dando a los chicos que terminan el Primario. Les proponemos que vengan al colegio y lo conozcan.
P- ¿Por qué los padres eligen o elegirían Tarbut?
CR- Tiene que ver con los cambios sociales que hay, con los valores de familia, respeto, continuidad y gratitud y con el tiempo que les dedicamos a los chicos. Todo eso se transmite en el colegio, y la gente lo valora. Me gusta que mis chicos aprendan eso y no piensen que tienen que ser el más exitoso o el más profesional. Cuando uno se identifica como judío y quiere transmitir los valores judaicos los prioriza a un colegio inglés. Tiene que ver con la tradición, con aprender hebreo para el ocio, para entender las palabras, para saber de qué se trata Pésaj, Rosh Hashaná o Iom Kipur y poder festejarlos con más o menos intensidad. En este sentido, Tarbut es un colegio pluralista y muy respetuoso, en un abanico de opciones. En las clases se da esa interacción todos los días, con familias que no piensan festejar Shabat, pero lo pueden tener como opción. Y como padre contesto que mis dos hijos mayores tiene un diploma IB (de bachillerato internacional), que les permite acceder a una universidad del exterior. Hablan perfectamente inglés y hebreo, estudian una carrera social y tienen una preparación que les permite una salida laboral en este mundo tan competitivo. Creo que es porque invertí para darles lo mejor que le puede dar un padre: educación. En la Comisión Directiva somos hombres y mujeres de entre 30 y 50 años, todos padres del Colegio. Éste es un requisito para estar en la Comisión Directiva.
P- ¿Qué consejo les darías a los padres que lean esta nota?
CR- Los padres no tienen que elegir el Colegio en base a los amigos de sus hijos porque el padre puede orientar a su hijo, no sus amigos. A los 18 años tienen otra capacidad para elegir la carrera universitaria, pero al momento de elegir el secundario es necesario que los padres participen en la decisión.

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