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Apoyo a la paz: Opónganse a la táctica palestina en la ONU

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Por David Harris (director ejecutivo del Comité Judío Americano). Una vez más los palestinos, con la ayuda de los facilitadores internacionales, están a punto de pegarse un tiro a sí mismos en el pie, o peor. Exceptuando circunstancias imprevistas, los líderes palestinos acudirán pronto a las Naciones Unidas para buscar apoyo para su reconocimiento unilateral de un estado.

Desde que Washington ha indicado que vetará cualquier esfuerzo en el Consejo de Seguridad, los palestinos irán a la Asamblea General. Ésta no puede admitir un nuevo estado a la ONU pero puede elevar el status actual de los palestinos a uno de estado observante no miembro. También puede ofrecer apoyo simbólico, por votación mayoritaria, para un estado palestino en las fronteras de 1967, con la parte este de Jerusalem como su capital.
Para aquellos interesados en un resultado de dos estados, la táctica palestina debería ser opuesta. La estrategia es autodestructiva. Y más rápido los palestinos entiendan el mensaje, especialmente de países democráticos clave cuyo apoyo anhelan, más posibilidades tienen de reconsiderar.
Primero lleva a un final de gestión de las conversaciones cara a cara. Los líderes políticos responsables deberían estar incentivando a los palestinos a volver a la mesa de negociaciones con Israel, no a subestimar el prospecto de las negociaciones directas. Ninguna paz duradera puede emerger al intentar forzar la mano de Israel a través de las resoluciones de la Asamblea General.
Y hablando de manos, la de Israel ha sido extendida en paz, a través de sucesivos gobiernos, y sin embargo los palestinos siempre han encontrado la manera de rechazarla, mientras cuentan con sus seguidores para armar cualquier excusa inimaginable.
Segundo, si un estado palestino es reconocido en las fronteras de 1947 (de hecho nada más que las líneas de armisticio de 1949), se minimizarían las resoluciones 242 y 338 del Consejo de Seguridad de la ONU y los Acuerdos Camp David, que piden un resultado negociado y no predeterminan fronteras finales.
De hecho piense en eso. Una vez que la Asamblea General endorse las fronteras de un estado palestino, entonces, en el mundo real, ¿cómo bajarán los palestinos de ese árbol para aceptar los ajustes diplomáticos territoriales que se necesitan para dirigirse a un mínimo de necesidades de ambos lados, no solo una parte, para alcanzar un acuerdo?
Tercero, los países que apoyan la estrategia palestina podrían contribuir con un resurgimiento de violencia. Después de todo, cuando los palestinos en las calles se den cuenta de que ningún voto de la Asamblea General de la ONU les produciría un estado, ¿cuánto pasará antes de que la decepción se convierta en protesta y más? Y cuando se den cuenta de que la ayuda americana anual de cerca de $500 millones podría suspenderse, como el Congreso ya ha indicado, ¿que pasara?
Cuarto, ser un estado requiere ciertos criterios, incluyendo el control de fronteras definidas. ¿Puede el presidente de la Autoridad Palestina, Mahmoud Abbas, pedir el control de Cisjordania, donde todavía hay temas no resueltos con Israel, y Gaza?
Si dice que sí a esto último, por ejemplo, acepta un acuerdo con Hamas, la autoridad gobernante en Gaza. Pero Hamas es una organización terrorista que todavía no ha cumplido con ninguna de las condiciones para el compromiso organizado por el Cuarteto, notablemente en la ONU. Si dice que no, entonces busca incluir a Gaza en su visión de estado pero no tiene ningún control real sobre ella,  lo que es, de hecho, el caso actual.

David Harris (director ejecutivo del Comité Judío Americano)

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