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Israel prohíbe a sus empleados unirse a las protestas de los indignados

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El servicio secreto interior israelí (Shin Bet) ha prohibido a sus empleados que se unan a las protestas contra el alto precio de las viviendas y de la vida en el país, que tienen lugar desde hace más de dos semanas y cuentan con 40 campamentos en distintas ciudades.

En una orden distribuida a sus empleados por correo electrónico, el Shin Bet instruye a sus empleados a no participar en las protestas sociales por trabajar para un organismo público, informó el jueves el diario israelí ‘Yediot Aharonot’ en su versión digital.

"Como miembros de una organización estatal, el personal del Shin Bet siempre ha recibido instrucciones de evitar las protestas que se dirijan contra la política gubernamental. Estas instrucciones se han repetido a la luz de preguntas de los empleados por las recientes protestas", asegura el ente en un comunicado.

Algunos trabajadores de la organización han recibido instrucciones de sus superiores de ni siquiera acercarse a los campamentos de indignados, para evitar ser reprendidos por ello.

Algunas demandas ‘son razonables’
Tras la aprobación el miércoles de una ley que trata de agilizar la concesión de licencias de construcción y que los activistas rechazan, el movimiento social de protesta ha vuelto a convocar para este sábado manifestaciones en todo el país.

Este jueves serán los padres de bebés quienes protagonicen las manifestaciones del día. Reclaman bajas de maternidad más largas (en la actualidad de tres meses), educación gratuita desde el momento en que se acaba la baja a la madre, desgravaciones de impuestos por los gastos de guardería y control de los precios de los productos de consumo básico para bebés.

El jueves por la noche, el sector de los trabajadores sociales también se unió a la protesta en el campamento levantado en el Bulevar Rotchill de Tel Aviv y anunció para este jueves una manifestación frente al Ministerio de Asuntos Sociales en Jerusalén.

El movimiento de indignación popular en Israel se inició hace dos semanas y media, después de que una estudiante fuese expulsada del piso que alquilaba por reformas en el edificio, y rápidamente ha crecido y se ha extendido por todo el país.

El primer ministro, Benjamín Netanyahu, ha reconocido que "algunas de las demandas" de los indignados son razonables, aunque cree que otras no lo son y les acusa de tener una actitud "populista".

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