Inicio NOTICIAS Los colonos judíos de Gaza se resisten a dejar las tierras

Los colonos judíos de Gaza se resisten a dejar las tierras

Por
0 Comentarios

ASENTAMIENTOS DE GUSH KATIF, Gaza.- «Tengan cuidado, hay francotiradores», dice Kobie, uno de los 8000 colonos de los asentamientos judíos que hay en el sur de Gaza, que en unos meses podrían ser desmantelados si prospera un controvertido plan de retirada unilateral, propuesto recientemente por el premier israelí, Ariel Sharon.
.
Kobie, responsable de la seguridad de Rafiah Yam, un asentamiento pegado a la empobrecida ciudad palestina de Rafah -desde donde francotiradores suelen disparar contra los colonos- y a 200 metros de la frontera con Egipto, no está preocupado por el denominado «plan de desconexión» de Sharon.
.
Como la mayoría de los colonos que viven aquí, que aseguran que jamás se irán de esta tierra «porque es nuestra», no cree que vaya a ocurrir la tan mentada retirada unilateral de Gaza.
.
«¿Sabe cuántas veces oímos esto y quedó todo en la nada? ¡Son sólo palabras, parte del juego sucio de la política!», dice Kobie a LA NACION, mientras se oye el canto del muezzín de una mezquita de la fronteriza ciudad de Rafah, que de un lado es palestina y del otro, egipcia.
.
«Nadie puede sacarnos de aquí y menos un plan que dejaría sin ningún control esta frontera, por lo que entrarían toneladas de armas en Gaza, y que significaría una victoria para Hamas. Hasta los egipcios no desean que nos vayamos porque no quieren dolores de cabeza con la cuestión palestina», agrega este hombre, que hace un año mató a dos terroristas palestinos que encontró en uno de los viveros que se levantan en este virtual oasis de cultivos intensivos, en medio del desierto.
.
Si no fuera porque se ven torretas de vigilancia, jeeps del ejército israelí, bloques de cemento, rollos de alambre de púa y bolsas de arena, Gush Katif, como se llaman los 21 asentamientos de Gaza -que aquí prefieren denominar «comunidades»-, podría parecerse a una zona de barrios cerrados de un lugar tipo Pinamar, pero con palmeras.
.
A unos 150 kilómetros al sudoeste de Jerusalén los asentamientos se parecen a poblados turísticos, de grupos de casas con techos rojos y pulcros jardines, construidos sobre bellas dunas con vista al mar.
.
Para llegar hasta aquí desde Israel es necesario pasar por el cruce de Kissufim y recorrer un camino blindadísimo de asfalto que, a través de un puente rodeado de planchas de cemento, evita cualquier tipo de contacto con el camino que une a los poblados palestinos.
.
Aunque el paisaje resulta paradisíaco, los 8000 colonos de Gaza viven bajo el terror desde que estalló lo que ellos denominan «la guerra de Oslo», en septiembre de 2000.
.
«Desde los poblados de Khan Junis y Rafah nos disparan permanentemente y hemos tenido decenas de víctimas inocentes», explica Amid, responsable de la seguridad civil del asentamiento de Neve Dekalim, que con 600 familias es el más grande de la zona. En su oficina de la Gaza Beach Municipality, Amid muestra una colección de resabios de cohetes.
.
«Si guardara lo que nos tiran los árabes todos los días no me alcanzaría el espacio», asegura.
.
«A los 12 años los chicos palestinos ya saben fabricar explosivos y mejoran todos los días. Pero nosotros no respondemos porque sabemos que los ataques vienen de mezquitas o escuelas, es decir, zonas llenas de gente», explica, con su M-16 listo.
.
Como muchos otros, Amid toma con calma el plan de retirada unilateral de Sharon: «Desde que vine a esta zona, hace 17 años, escucho eso, pero nunca pasó nada. Nuestra suerte es que nadie quiere Gaza, salvo nosotros», bromea.
.
Aunque tampoco cree que pueda haber una evacuación, Debbie Rosen, una mujer de 40 años, seis hijos y responsable de relaciones públicas de Gush Katif, no oculta su preocupación.
.
«Aquí hay tres generaciones, y no vamos a permitir que jueguen con nosotros», dice. «Nosotros rezamos tres veces por día por la paz y a mis hijos los educo para la paz. Los chicos palestinos, en cambio, están educados para el terrorismo», denuncia.
.
«Un sueño de paz»
.
Al contrario de lo que ocurre en Gaza, donde la pobreza es extrema, en Gush Katif todo funciona perfectamente y la prosperidad salta a la vista. En Neve Dekalim, por ejemplo, hay varios colegios, guarderías, 8 sinagogas, dos yeshiva (institutos para estudios religiosos), tiendas y hasta un pequeño zoológico.
.
A diferencia de los asentamientos de Cisjordania, donde por lo general viven personas más fanáticas, agresivas y extremistas de derecha, en los de Gaza se respira una atmósfera diferente.
.
«Dos mil palestinos trabajan con nosotros y hasta ellos no quieren que nos retiremos», afirma Debbie, que recuerda que antes de los Acuerdos de Oslo solía ir a hacer compras a Ciudad de Gaza o a Rafah, y que hasta tenía amigos en los poblados árabes.
.
«Tuvimos un sueño de paz, pero terminó cuando los palestinos empezaron a comprarse armas con el dinero de la comunidad internacional y comenzaron los ataques y emboscadas», lamenta Debbie, que no cree que sea posible un acuerdo.
.
Ariel Porad, un francés que se radicó aquí en 1980, que tiene 6 hijos y está al frente de una fábrica de verduras, piensa lo mismo.
.
«Lo máximo que podemos obtener es un acuerdo de no beligerancia, porque a los palestinos los mueve la jihad, la guerra santa», dice.
.
«Pero no tenemos miedo. Estamos aquí porque ésta es la tierra del pueblo judío que Dios le dio a Abraham, y como nos oponemos a cualquier forma de violencia expresaremos nuestro desacuerdo con Sharon e intentaremos convencer a la opinión pública de nuestro derecho a la tierra.»
.
Por Elisabetta Piqué
Enviada especial
Fte La Nacion

También te puede interesar

Este sitio utiliza cookies para mejorar la experiencia de usuario. Aceptar Ver más