NUEVA YORK (Corriere Della Sera).- El 14 de abril, Steven Spielberg recibirá el premio a la trayectoria durante la entrega de los David de Donatello, el premio anual más importante de la cinematografía italiana. Pocas horas antes, el presidente italiano, Carlo Ciampi, distinguirá al gran realizador norteamericano con la Gran Cruz de la República.
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El viaje de Spielberg a Italia coincide con el décimo aniversario de la fundación educativa dedicada a la historia visual de los sobrevivientes de la Shoah que el propio realizador creó después del rodaje de «La lista de Schindler».
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Precisamente en estos días, a diez años de su estreno, este film es lanzado por primera vez en DVD. La historia del industrial nazi que salvó de la muerte a 1200 judíos alojados en campos de concentración obtuvo siete premios Oscar, entre ellos el de mejor film y mejor director. Nunca antes una película sobre el Holocausto recaudó tanto dinero: más de 350 millones de dólares, de los cuales ni siquiera un centavo terminó en los bolsillos del director de 57 años.
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«Se trata de dinero ensangrentado -explica Spielberg-. Durante el rodaje me prometí a mí mismo que cualquier ganancia producida por esta película no sería para mí o para mi familia, porque debe restituirse a la humanidad. Así nació la Shoah Foundation, desde la que tratamos de enseñar y poner luz sobre el pasado para que en el futuro no ocurra ningún otro Holocausto. Nuestra lista es inmortal: los sobrevivientes se transformaron en docentes y sus voces vivirán para siempre.
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-¿A qué edad se puede empezar a explicarle a un niño los horrores del Holocausto?
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-En Estados Unidos se comienza en la escuela media, entre los 12 y los 13 años. Pero la fundación está explorando la posibilidad de un plan de estudios apto para alumnos del nivel primario. Se puede hablar del Holocausto a un niño de siete años utilizando metáforas adecuadas.
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-¿En qué medida cambió el mundo en esta última década?
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-Hace diez años este planeta era un lugar muy diferente del actual. No estaban ni Sarajevo ni Ruanda, y el concepto de limpieza étnica no se aplicaba desde los tiempos del genocidio nazi. Todo lo que ocurre actualmente en el mundo hace que el mensaje de mi película sea todavía más urgente y actual. El Holocausto es apenas un punto de partida para hablar del odio racial que ha exterminado a tantas comunidades, desde los indios en América hasta los kosovares y el pueblo armenio.
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-Ustedes siguen en busca de los sobrevivientes del Holocausto antes de que sea demasiado tarde…
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-Hemos inmortalizado hasta ahora casi 52.000 voces. Nos faltan aún muchos sobrevivientes, pero de nuestros estudios surge que sólo el 50 por ciento de ellos está dispuesto a brindar su testimonio, mientras el otro 50 no quiere hablar nunca más de una experiencia de vida tan terrible. No sería justo de nuestra parte obligarlos a hacerlo.
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-De todo lo que dijeron los sobrevivientes, ¿qué fue lo que más fuertemente lo golpeó?
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-El optimismo y la actitud positiva de todos. No hay entre los sobrevivientes que he encontrado a lo largo de todos estos años el mínimo gesto de rabia o de odio dentro de ellos. En vez de buscar venganza, están felices de estar vivos y haber hecho nacer a nuevas generaciones. Consideran un milagro su propia supervivencia, si bien algunos enfrentan sentimientos de culpa porque han muerto algunos de sus parientes o amigos que, desde su visión, merecían vivir tanto o más que ellos.
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-Antes de «La lista de Schindler», usted no se había asomado tan públicamente a sus raíces judías.
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-Sin embargo, el antisemitismo marcó a fuego toda mi infancia e hizo que sólo me sintiera seguro detrás de la puerta de mi casa. En California, Arizona, Ohio y Nueva Jersey, donde he vivido, los judíos éramos minoría, y si bien el 90 por ciento de la gente era cordial con nosotros, había un 10 por ciento que nos discriminaba y esa actitud pesaba más fuerte que la de todo el resto.
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-¿Recuerda algún episodio particular de intolerancia?
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-Tenía miedo de ir a la escuela, de volver solo a casa y de encontrar nuevos coetáneos, porque temía a esas cabezas calientes que me seguían, me despreciaban y que al pasar a mi lado me gritaban «¡judío sucio!». Un día, un centenar de muchachos rodearon el banco en el que estaba sentado durante un examen y empezaron a arrojarme monedas de un centavo.
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-En estos días, ¿cuál es el alcance de este tipo de intolerancia?
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-Hoy, ser judío es mucho más fácil gracias a docentes iluminados, a padres más cultos y a los esfuerzos interreligiosos entre cristianos, judíos y musulmanes. Y también los medios de comunicación masiva cumplen un papel crucial al inculcar que discriminar a otros seres humanos es un crimen y un pecado. Pero no puedo disimular mi preocupación por cierto renacimiento del antisemitismo en Occidente, sobre todo en Francia.
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-¿Piensa que la muerte del líder de Hamas Ahmed Yassin puede llegar nuevamente a convertir a los judíos en chivos expiatorios?
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-Como religión, el islam es apasionadamente positivo y favorable a la tolerancia. Sin embargo, unos pocos extremistas hacen un daño enorme y se aseguran toda la atención de los medios. Pero estos fanáticos no sólo están en contra de los judíos, sino también de todos los cristianos y de los árabes moderados. La mayoría de los musulmanes no está con ellos.
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-¿Cómo ve el futuro de Israel?
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-Estoy convencido de que un día los israelíes y los palestinos vivirán en paz. Pero algo así sólo podrá ocurrir una vez que los extremistas de ambas partes entiendan que el «ojo por ojo» no es un principio válido y que es necesario apuntar a la coexistencia pacífica. Creo que los palestinos deben tener su propio Estado.
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-Si hiciera un balance de su carrera, ¿cuál es la película con la que se identifica más y por la cual querría ser recordado?
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-Sin duda, por «La lista de Schindler». Fue la película que cambió mi vida, mi mayor contribución a la posteridad y aquello por lo cual quisiera ser recordado por las futuras generaciones. A veces me escondo detrás de mis películas más fantásticas porque son un refugio muy cómodo y placentero. No niego que me divertí mucho más haciendo «E. T. el extraterrestre» o «Los cazadores del arca perdida». Pero el verdadero Steven Spielberg es el de «La lista de Schindler», que me hizo mezclar de nuevo completamente todas las cartas y me indujo a modificar mis prioridades existenciales. Tanto la película como la Fundación Shoah me llevaron de regreso a la casa paterna y familiar.
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Alessandra Farkas
La Nacion
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