“La muerte (del ex guardia del campo de exterminio nazi de Belzec) Samuel Kunz es una frustración porque estábamos cerca de que lo llevaran a juicio y pone fin a la posibilidad de que rindiera cuentas por su responsabilidad en crímenes contra la humanidad”, declaró a la Agencia Judía de Noticias (AJN) Sergio Widder, director para América Latina del Centro Simon Wiesenthal, quien admitió que su deceso “era esperable en una persona de su edad”.
Kunz tenía 89 años y figuraba tercero en la lista de los criminales nazis más buscados por este organismo. También se había desempeñado en el campo de entrenamiento de la SS de Trawniki.
El 29 de julio, el criminal declaró en el juicio que se lleva a cabo en Munich contra el guardia ucraniano John Demjanjuk y admitió haber actuado en ese campo polaco.
Desde ese momento, el fiscal Andreas Brendel, director de la Oficina para el Esclarecimiento de Crímenes Nazis de Dortmund, inició las actuaciones judiciales que conducirían a su propio enjuiciamiento, a partir de febrero de 2011, pero el jueves 18 de noviembre falleció en su domicilio de las afueras de Bonn, ex capital alemana.
Se lo acusaba del homicidio de numerosos prisioneros judíos en Belzec, entre enero de 1942 y julio de 1943, y otros dos asesinatos múltiples, en el mismo campo de exterminio, incluida la ejecución de 10 presos hebreos con sus propias manos.
Widder estimó en “algunas decenas” la cantidad de criminales de guerra nazis y colaboracionistas que permanecen con vida.
El director para América Latina del Centro Wiesenthal destacó que es “importante” que ellos sean juzgados “en la medida que estén en condiciones físicas y mentales de enfrentar a un tribunal, no sólo porque es una manera de reparar simbólicamente y en cierto modo el crimen que han cometido, sino también porque es un mensaje para las nuevas generaciones acerca de lo que una sociedad bajo ningún punto de vista puede aceptar”.
Según ese organismo, los criminales más buscados son el húngaro Sandor Kepiro, ex oficial de Gendarmería que participó en la organización del asesinato de al menos 1.200 civiles en Novi Sad (Serbia), el 23 de enero de 1942, y el austríaco Milivoj Asner, ex jefe de Policía en Slavonska Požega (Croacia), que tuvo un papel clave en la persecución, deportación y aniquilación de cientos de judíos, serbios y gitanos.
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