MORLEY T. FEINSTEIN – 14/03/2004
Hace trescientos cincuenta años, un barco con refugiados procedentes de Recife (Brasil) atracó en el puerto de la colonia holandesa de Nueva Amsterdam. Entre quienes desembarcaron había 23 colonos que fueron los primeros judíos en llegar a Norteamérica. Por desgracia, se produjo cierto embrollo legal a propósito del pago de la travesía; el resultado de la disputa fue la subasta de propiedades y la cárcel para dos judíos. Peter Stuyvesant, el gobernador de la ciudad, quería que los refugiados abandonaran sus costas. Sin embargo, la Compañía de las Indias Occidentales ordenó que se permitiera la presencia de los recién llegados. La experiencia judía en Norteamérica no tuvo un inicio demasiado prometedor.
Desde 1654, la comunidad judía ha crecido en cantidad y calidad. Ahora bien, ¿cuántos judíos hay? Si su número se subestima, no será posible aprovechar bien los servicios de salud, enseñanza y asistencia social. Además, el voto judío es tomado muy en serio por los políticos, pues saben que a los judíos les preocupa muchísimo la democracia y que participan en las elecciones como si se tratara de un deber religioso. Los dirigentes sionistas desean saber quiénes son nuestros amigos y con quién puede contar Israel.
En EE.UU., según el Estudio Nacional sobre población judía hay 5,2 millones de judíos; un 5 por ciento menos de los 5,5 millones contabilizados en el estudio demográfico de 1990; un 20 por ciento son niños. De ellos, 4,3 millones poseen «fuertes vínculos judíos», lo que significa que celebran el séder de Pascua, encienden velas en la fiesta de Januká, asisten con regularidad a la sinagoga, van a escuelas judías y pertenecen al menos a una organización judía. Los matrimonios mixtos crecen con ritmo firme, un 47 por ciento en los últimos cinco años; de todos los judíos actualmente casados, un tercio forma parte de matrimonios mixtos. Se calcula que 350.000 personas (272.000 adultos y 81.000 niños) viven en hogares con ingresos por debajo del límite de pobreza. La edad media es de 42 años, en comparación con los 35 años de los estadounidenses en conjunto; y la tasa de natalidad es de 1,8 frente al 1,9 de las estadounidenses.
Los judíos viven en 2,9 millones de hogares, en los que habitan 6,7 millones de personas; dos de cada nueve habitantes de hogares con judíos no son judíos (como cónyuges y descendencia no judía). Según pregunta J. J. Goldberg, ¿por qué preocuparnos en contar a los no judíos de los «hogares judíos»? Por una sencilla razón: son candidatos potenciales a trasladarse a Israel de acuerdo con la ley de Regreso. Y representan posibles «votos judíos», son personas que viven con preocupaciones judías y que podrían «votar judío». Sin embargo, hay razones más importantes para tener en cuenta a los no judíos de los hogares judíos. Con el auge de las conversiones en los últimos veinte años, se han unido al pueblo judío individuos procedentes de familias gentiles. Debido a los matrimonios mixtos, puede haber no judíos en un hogar que se identifique como judío, con un compromiso y una afiliación judíos.
Los judíos podemos estar orgullosos del patrimonio creado en EE.UU. Aunque los principios fueron difíciles, hemos forjado grandes lazos con la hermosa tierra en la que vivimos. Los judíos hemos servido a este país de manera destacada, hemos vertido sangre por su libertad y contribuido a construir sus numerosas instituciones representativas. Por encima de todo ello se alza la contribución judío-estadounidense a la justicia, cuya base se encuentra en la experiencia de Moisés, quien se presentó ante el faraón para conseguir la liberación de sus hermanos oprimidos. Y, del mismo modo que buscamos la justicia para los esclavizados, seguimos encendiendo luces de libertad y dignidad mediante la ley para cuantos viven en la oscuridad.
MORLEY T. FEINSTEIN, rabino de la sinagoga Universitaria de Los Ángeles. Traducción: Juan Gabriel López Guix
Fte L.V.D

