«Durante las conversaciones se ha abierto la puerta a nuevas visiones que asegurarán el futuro de los árabes», dijo el ministro de Asuntos Exteriores marroquí, Mohamed Benaisa, presidente de turno del Consejo Ministerial.
Pero Benaisa, que dirigió un discurso a la prensa acompañado del secretario general de la Liga Arabe, Amro Musa, rehusó facilitar el contenido del programa.
«Vinimos con una misión común que ha quedado plasmada en un documento y que pasará a ser tema de discusión de los líderes árabes durante la próxima cumbre árabe», explicó el jefe de la diplomacia marroquí.
Los 21 jefes de Estado de la Liga Arabe -a excepción del presidente palestino, Yaser Arafat, confinado en Ramala- se reunirán el próximo 29 de marzo bajo la atenta mirada de Estados Unidos, que prepara un plan propio para la «democratización» de los Gobiernos y las instituciones de Oriente Medio.
«No vamos a revelar el contenido del texto hasta que sea aprobado por los líderes árabes. Este documento versa sobre las futuras reformas de Oriente Medio», aseguró Benaisa.
Las deliberaciones de los ministros de Exteriores árabes pusieron de relieve, una vez más, las diferencias que separan a los países de la zona respecto a las ambiciones de Washington en la región.
Países como Kuwait y Qatar han pedido a sus colegas que no se opongan al plan de EEUU antes de conocer su contenido, que la Casa Blanca tiene previsto revelar en la cumbre del G-8.
«No nos vamos a oponer a los planes de EEUU antes de estudiar la propuesta», dijo el ministro de Exteriores qatarí, Seij Yassim bin Hamad al Zani.
Arabia Saudí, Egipto, Jordania y Bahrein, principales aliados de Washington en Oriente Medio, mostraron su rechazo a los planes de EEUU, así como Siria, Sudán y Marruecos, que insisten en que toda reforma debe provenir de los propios estados árabes. EFE nq-pt/jm/vh
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