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Es fiable la Encarta de Microsoft?

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La popular Enciclopedia Encarta de Microsoft, disponible en Internet y en forma ampliada en CD, es una mezcla de información sólida, parcialidad y error. Mientras que una sección, de 22 páginas, acerca del pueblo, la geografía y la historia de Israel, de Bernard Reich, por ejemplo, es fiel a lo sucedido, otras partes son estropeadas por distorsiones e inexactitudes. Un número de éstas «fue contribución de» Shaul Cohen de la University of Oregon. Entre ellos está una sección titulada «conflicto Árabe-Israelí», responsable de que la agresión árabe contra los judíos esté seriamente velada a partir del período del Mandato Británico hasta el presente, comparando en varias ocasiones la violencia entre las partes. De los años posteriores a 1922, Cohen escribe: «Judíos y árabes llevaron a cabo ataques terroristas y guerra intermitente, de bajo nivel». Cohen piensa que ese lenguaje abarca las barricadas anti-judías de 1929 en los cuales los árabes, incitados por presunciones salvajes y falsas de los judíos, mataron a 133 judíos. Según el historiador Martin Gilbert, de los 116 muertos en el lado árabe, todos excepto seis fueron asesinados por la policía británica. El mismo patrón prevaleció en las manifestaciones árabes de 1936, en las cuales los judíos fueron víctimas de la violencia y no sus autores. En el primer mes, por ejemplo, 21 judíos fueron asesinados por árabes, y ningún árabe por judíos. La Comisión Peel (1937) observa: «Es verdad que, en períodos de disturbios, los judíos, con respecto a los árabes, son la parte de la población que respeta la Ley, y de hecho, a través de la serie entera de ataques, y bajo enorme provocación, demostraron una capacidad notable para la disciplina y el dominio de sí mismos». Cohen ni siquiera menciona que la Comisión Peel fue la que pidió la partición de Palestina entre judíos y árabes, la cual fue aprobada por los judíos y rechazada por los árabes. La comparación de Cohen sobre la conducta judía y la árabe se extiende a su falsificación de fundamentos tales como el contenido de y la respuesta de las partes a la Resolución 242 de Naciones Unidas. Asevera: «Tanto los árabes como israelíes rechazaron la Resolución 242. Los estados árabes continuaron pidiendo la destrucción de Israel, mientras que Israel rechazó retirarse de los territorios que ocupó». Israel explícitamente y en varias ocasiones aceptó la Resolución, como el informe de Naciones Unidas (1974) divulga en subrayado.

Entre las declaraciones de apoyo citadas estaban las numerosas de Abba Eban, ex Canciller de Israel, incluyendo: «El Gobierno de Israel, respetando la Resolución del Consejo de Seguridad del 22 de Noviembre de 1967 (O.N.U Resolution 242) y respondiendo afirmativamente además, asegura su total cooperación en sus esfuerzos con los Estados referidos para promover el acuerdo y alcanzar un pacto aceptado para el establecimiento de una paz justa y duradera, de acuerdo con su mandato bajo Resolución»

La comparación de Cohen de que los árabes pidan destruir Israel porque Israel «no se retira de los territorios que ocupó» falsifica el contenido de la 242. Se requirió a los estados árabes que cesaran «la beligerancia» y reconocieran «la soberanía» y el derecho de cada estado a «vivir en paz dentro de límites seguros y reconocidos libremente de amenazas o de actos de la fuerza». Israel no fue obligado explícitamente a retirarse de «los» territorios que ocupó. Fue asumido por razones de autodefensa israelí que no toda la tierra se podría ceder. El lenguaje fue retocado para omitir el artículo definido «los» que Cohen desorientadoramente inserta. Ni era requerida cualquier retirada en ausencia de un acuerdo negociado.

Cohen no es menos engañoso en cuanto a a Oslo. Escribe: «A pesar de estos logros (creación de la Autoridad Palestina, un tratado con Jordania y de relaciones diplomáticas con varios estados árabes) cierto terrorismo y los baños de sangre continuaron. Los palestinos condujeron atentados contra ciudadanos israelíes y, en un número de ocasiones, los extremistas israelíes respondieron en consonancia».

La insinuación de Cohen de múltiples respuestas «en consonancia» al terrorismo palestino sugiere que los israelíes detonaron autobuses, cafeterías palestinas y llenaron alamedas de hombres, mujeres y niños inocentes, y lo hicieron con la implicancia, financiación y aprobación de su dirección y público. Pero Baruch Goldstein, actuando en solitario, fue el único asesino de masas judío. Y fue repudiado de forma aplastante tanto por el funcionariado israelí í como por el pueblo.

Ficciones similares caracterizan la interrupción de las negociaciones de Camp David del 2000, que las que Cohen dice «se derrumbaron por la extensión de asentamientos israelíes en Judea, Samaria y la Franja de Gaza y el asunto de cómo israelíes y palestinos podrían compartir la ciudad de Jerusalén». Lejos de exigir la «extensión» de asentamientos, Israel acordó consolidar y retirarlos.

No es sorprendente, los perfiles del escritor sobre Ariel Sharon y Yasser Arafat. Mientras que Sharon es presentado peyorativamente como «polémico», «de línea dura», desobediente, engañoso e «imprudente», Arafat aparece como «laureado Nobel» a quién «se acusa a veces» de no poder prevenir terrorismo.

La distorsiones son habituales en la Encarta que, por el buen nombre de Microsoft y el interés público, deberían ser, con rapidez, corregidas.

Levin es Executive Director de CAMERA, Committee for Accuracy in Middle – East Reporting in América.
Fte Cidipal

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