Como es tradición desde hace una década, el concierto de los ganadores (que reúne a estrellas del mundo clásico) y la ceremonia de entrega de premios (en esta oportunidad en el recientemente inaugurado Konzerthaus de Dortmund, al oeste de Alemania), fueron transmitidos por la cadena de televisión ZDF y grabado para una posproducción en disco; contó con la presencia de la actriz Senta Berger como moderadora y un público de notables, entre ellos, el presidente de la república, el doctor Johannes Rau, acompañado por la primera dama.
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Entregas anteriores
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Los premiados de la edición fueron Daniel Barenboim, por su grabación de la segunda sinfonía de FurtwŠngler con la Sinfónica de Chicago (ausente con aviso); el chelista Mischa Maisky (acompañado por el argentino Sergio Tiempo al piano); el tenor siciliano Salvatore Licitra (compañero de Marcelo Alvarez en su reciente disco «Duetto»); el violinista Maxim Vengerov, y la nueva sensación pianística de China, el jovencísimo Yundi Li, entre otros nombres de reconocida trayectoria. En anteriores ediciones, el premio fue recibido por Argerich, en música de cámara; Barenboim, en dirección orquestal, y en dos oportunidades, por el tenor Marcelo Alvarez, como cantante del año.
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«El rey del klezmer»
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Popularmente conocido como «el rey del klezmer» (música popular judía), para su aparición en el prestigioso escenario del Echo-Preis, el carismático Feidman eligió, sin embargo, hacer honor a su origen y a otro de sus difundidos motes: el de «Gardel del clarinete», al ofrecerle al público ese entrañable tono porteño de un Piazzolla en la voz de su virtuoso clarinete.
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Carrera profesional
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Feidman nació en Buenos Aires en 1936 e inició su carrera profesional como clarinetista en el Teatro Colón; emigró más tarde a Israel para ingresar en su famosa Filarmónica. El éxito lo llevó a conocer el mundo como incansable solista; luego, el recorrido de su personal y ecléctico repertorio (una mixtura que abarca desde Mozart hasta el tango y desde la música del klezmer hasta el jazz), le dio la fama y el sello que lo distingue como verdadera individualidad artística. Su música es la síntesis sonora de su propia biografía, el resultado de un artista que no conoce de fronteras entre géneros ni culturas. Desde la condecoración que recibió del Parlamento germano (la Cruz del Mérito, año 2000), en homenaje a «su valioso aporte a la reconciliación entre alemanes y judíos», hasta el Oscar por su participación (junto a Itzhak Perlman) en la banda sonora del film «La lista de Schindler», de Steven Spielberg, los éxitos de Giora resultan tan numerosos como sus conciertos.
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Por Cecilia Scalisi
Para LA NACION
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