«Esto es un progreso, aunque tardío», señala el editorial. «Mientras tanto, los funcionarios de alto nivel cuya captura recomendaron los fiscales no quedaron incluidos en el acta de acusación»
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Añade que «la sensación de impotencia se acrecentó debido a que el gobierno del presidente Eduardo Duhalde aparentemente tomó distancia de las órdenes de arresto, destacando la supuesta independencia del sistema judicial argentino».
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Un desertor iraní, Abdolghassem Messbahi, dijo a los investigadores argentinos que el atentado contra la sede de la mutual judía y el que destruyó la embajada israelí en Buenos Aires en 1992 fueron planificados y dirigidos por el líder supremo iraní, ayatola Jamenei.
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Messbahi implicó en el hecho al entonces presidente iraní Hashemi Rafsanjani, así como al entonces presidente argentino Carlos Menem, quien, dijo, recibió 10 millones de dólares de Teherán para encubrir su participación.
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Menem rechazó esos cargos, y algunos señalan que los atentados pudieron ser una represalia contra la Argentina por ser el único país latinoamericano que participó de la coalición dirigida por Estados Unidos en la Guerra del Golfo Pérsico en 1991.
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Duhalde y Menem «ahora son enconados rivales políticos dentro del peronismo gobernante», dice el editorial del Times. «Lamentablemente, una característica que parecen compartir es la falta de entusiasmo para perseguir el terrorismo hasta su fuente».
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Acceda desde aquí al texto completo de «Slow-Motion Justice in Argentina» , el editorial del New York Times
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La Nacion
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