Lo que cuenta no son, sin embargo, sólo Sharon y Mitzna, sino también los respectivos bloques que en cierta medida, encabezan.
A la derecha de Sharon hay por lo menos tres partidos de posiciones mucho más duras que las suyas en el tema palestino, pero que al mismo tiempo se ven como sus socios más naturales en el momento de formar gobierno.
Algunos de ellos -como la Unión Nacional, Herut y el Partido Nacional Religioso- ya se encuentran actualmente en el Parlamento o Kneset.
A la izquierda del laborista Mitzna está el partido «Meretz», también hoy en la oposición, así como los partidos formados mayormente por ciudadanos árabes, aunque ellos no está claro que apoyarían su gobierno como parte integral del mismo, sino sólo «desde afuera».
La izquierda destaca tanto el tema palestino -la necesidad de solucionar el conflicto mediante retiradas de los territorios ocupados, desmantelamiento de asentamientos y negociaciones de paz-, como el tema socioeconómico.
Los partidos árabes -cinco en total- recalcan la urgencia de garantizar plena igualdad de derechos, pidiendo la lista «Balad» que Israel se declare oficialmente «Estado de todos sus ciudadanos» y no «Estado judío».
Religión
Yosef «Tommy» Lapid, del partido Shinui, amenaza con desplazar al laborismo.
En medio del no siempre sencillo mosaico de la política israelí, la fuerza más ascendente es el partido «Shinui», considerado de centro, aunque es bastante monotemático.
Se perfila como el tercer partido de Israel e incluso -de acuerdo a las encuestas- amenaza con quitar el segundo lugar al laborismo.
Su líder, Iosef Tommy Lapid -un diputado periodista de lengua aguda y punzante- destaca sin cesar su línea anticlerical, en un llamado a limitar los beneficios a los religiosos ultraortodoxos de modo que haya igualdad de deberes y derechos para todos.
Su argumento central es que la sociedad media es la que carga con el mayor peso de impuestos y reserva en el ejército, en forma injusta y desproporcionada.
Lapid asegura que no participará en ningún gobierno que incluya diputados ultraortodoxos. El contrapeso de «Shinui» son cinco partidos religiosos.
También están los partidos «diferentes» que vuelven a intentar entrar al Parlamento:
«Alé Iarok», que significa hoja verde y quiere legalizar el uso de las drogas livianas. «Los verdes» que hablan del medio ambiente.
Un partido descreído del sistema actual que incluye en su nombre una frase como «estamos hartos de los políticos» y otro que brega por «los derechos del hombre en la familia», afirmando que en todo divorcio, la mujer lleva las de ganar.
Como siempre, vuelven a participar partidos que pretenden representar a la gran cantidad de inmigrantes de la ex Unión Soviética, uno de ellos ya en funciones parlamentarias y gubernamentales desde hace varias elecciones.
En medio de esta variado mosaico, están los aproximadamente 4.500.000 israelíes con derecho a voto que intentarán ejercer su influencia en estos comicios. Unos para seguir igual. Otros para lograr un cambio.

