El primer ministro israelí, Ariel Sharon, ha conseguido paliar el descenso en los sondeos de su formación, el Likud, provocada por las revelaciones sobre los escándalos que le salpicaban a él, a sus dos hijos y a su partido. La derecha nacionalista israelí, y particularmente el Likud, sigue muy por delante del Partido Laborista, que se ha estancado en la intención de voto cuando sólo faltan menos de dos semanas para la celebración de las elecciones legislativas del 28 de enero, según revelan las encuestas.
Los sondeos indican que el ‘número uno’ laborista, Amram Mitzna, no ha conseguido dar un impulso a su formación con la promesa del pasado martes de que no participará en ningún caso en una coalición gubernamental dirigida por Sharon.
Mitzna espera reducir la amplitud de la victoria de la derecha en las legislativas y prepara la revancha de la izquierda al intentar forzar a Sharon, después de las elecciones, a gobernar con una mayoría frágil basada en la alianza de partidos religiosos y de la extrema derecha.
Mitzna hizo una promesa pública en este sentido a los otros dirigentes de su partido, que aseguraron que no participarán en un Gobierno de Sharon y obtuvo el apoyo del ex ministro de Asuntos Exteriores Simón Peres.
Según los sondeos, cerca de dos tercios de los miembros de su partido le apoyan en esta estrategia, pero más de un 50 por ciento de los israelíes creen que a pesar de sus promesas, los laboristas acabarán por unirse al gobierno de unión nacional.
Una encuesta publicada por el rotativo ‘Yediot Aharonot’ revela que el Likud obtendría 34 escaños, mientras que los laboristas sólo conseguirían 20. Otros sondeos dan una ventaja menos importante del Likud sobre los laboristas (diez escaños), pero suficiente para garantizar su victoria.
Un bloque formado por el Likud, la extrema derecha y los partidos religiosos ortodoxos podría conseguir una mayoría de 65 escaños sobre un total de 120 en el Parlamento, frente a 38 para las formaciones de izquierda y 17 para las de centro, según estas encuestas.

