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El norte de Israel enfrenta los peores ataques desde la Guerra del Yom Kipur

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Israel seguirá adelante con los bombardeos aéreos y con el asedio marítimo a Líbano porque la opción de una operación terrestre puede ser demasiado costosa en vidas humanas, mientras la población del norte del país vive los peores ataques registrados desde la Guerra del Yom Kipur (1973).

‘Desde el principio decidimos operar fundamentalmente desde el aire’, explicó a Efe un destacado oficial de la Inteligencia Militar israelí, quien habló bajo condición de anonimato.

Agregó que las Fuerzas Armadas se ‘preparan para una operación larga’ y que, de momento, se descartan operaciones terrestres.

A lo largo de la jornada la artillería israelí ha bombardeado con cientos de proyectiles posiciones de Hizbulá en el sur del Líbano, mientras aviones se dirigían hacia el norte en misiones de reconocimiento y para bombardear los lugares desde los que las milicias disparan sus cohetes.

En una posición de baterías de la artillería israelí, junto al kibutz Tzivón, medio centenar de soldados cargan sus cañones de 155 milímetros y apuntan al interior del Líbano -con la ayuda de los servicios de información del Ejército- para impedir que los milicianos se aproximen a la frontera.

‘A nosotros la información nos la dan otros cuerpos que nos fijan el blanco y nosotros disparamos las veces que se nos pida’, dijo a Efe un oficial de artilleros, en dicha posición.

Según el militar, durante las últimas 72 horas sus soldados casi no han dormido y no pasa hora y media sin que se requiera su intervención.

Junto a los tanques, decenas de proyectiles apilados en el suelo dejaban patente la frenética intensidad de los combates.

En toda la zona fronteriza con Líbano, se oyen permanentemente las explosiones de los cohetes Katyusha disparados por Hizbulá y de tanto en tanto se avistan columnas de humo que se alzan tras las explosiones, muchas de las cuales, han generado incendios forestales.

Efe fue testigo del impacto de uno de esos cohetes a 75 metros de la posición militar, al que siguió una orden del comandante de la unidad de artillería a todos los presentes de meterse de inmediato en los vehículos blindados, por temor a la caída de más cohetes.

A lo largo de la jornada han caído decenas de misiles en suelo israelí, y, por primera vez en más de 35 años, varios proyectiles alcanzaron la ciudad de Tiberíades, situada a más de 40 kilómetros de la frontera con Líbano.

La ciudad de Kiriat Shmoná, a menos de dos kilómetros de la frontera, aparecía hoy desierta y la mayor parte de los vehículos que circulaban por sus calles eran militares y camiones de abastecimiento con destino a la localidad de Metula, en la misma frontera con Líbano.

Moshé Dahán, de 58 años, y su hijo Itzik, fueron unos de los pocos civiles que hoy se atrevieron a salir a las calles de Kiriat Shmoná en su coche, para llevar comida a los vecinos más necesitados.

Dos tercios de esta localidad, de más de 22.000 habitantes, ha abandonado la ciudad, a pesar de que no ha sido de las más castigadas en los últimos días a raíz de la crisis desatada por el secuestro de dos soldados israelíes el pasado miércoles por Hizbulá.

En sus alrededores han caído únicamente una veintena de proyectiles, en comparación con los 50 de Naharía o Safed.

Aún así, sus habitantes no pueden olvidar la pesadilla que tuvieron con estos misiles durante 20 años.

‘Nosotros ya estamos acostumbrados, hemos tenido que vivir con esto desde 1985, pero la gente ha preferido marcharse esta vez’, agregó Dahán.

Toda la franja del territorio israelí que colinda con la frontera libanesa, unos 70 kilómetros desde el Mediterráneo hasta la Meseta del Golán, ha sido declarada por el Ejército ‘zona de emergencia’, hasta la ciudad costera de San Juan de Acre, a unos 30 kilómetros.

En sus carreteras también es frecuente ver grandes remolcadores con tanques y artillería autopropulsada dirigirse a la frontera.

Israel considera que el número de víctimas en una operación por tierra en Líbano sería excesivamente alto y no le ayudaría a conseguir su objetivo, que es sacar a Hizbulá del sur del Líbano.

El peso de la ofensiva lo lleva la Fuerza Aérea, una vía mucho más segura y con capacidad de extender el poderío militar israelí hasta Beirut y otras ciudades lejos de la frontera.

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