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En Israel, bailar Flamenco ayuda a liberar pasiones y evadirse de guerra

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(EFE).- Cientos de judíos bailan y aprenden en Israel el arte del flamenco que les ayuda a liberar sus emociones, sus pasiones, muchas veces, enquistadas por la propia cerrazón de la sociedad israelí y a evadirse de un estado de guerra permanente.

La Escuela de Flamenco de Jerusalén «Duende» acoge a 150 alumnos que reciben clases de baile, cajón y guitarra. Se trata de una de las alrededor de 20 escuelas de flamenco abiertas en Israel.

La directora artística de la academia, Sharon Saguy, imparte las clases en hebreo y tan solo utiliza el español para contar los pasos.

La bailaora asegura que uno de los motivos que une a Israel con el flamenco es la cantidad de judíos sefardíes provenientes de España, aunque «hay judíos de todos los orígenes que aman este arte porque es su belleza, su temperamento y su pasión lo que cautiva a la persona independientemente de dónde provenga».

«El éxito que tiene el flamenco en todo el mundo hace que nos preguntemos por qué en España no existe ese amor. Sois vosotros los raros deberías mirar hacia fuera y ver la pasión que levanta», inquiere.

En Israel esta pasión se convierte para muchos en un amor irracional e incomprensible y muestra de ello es la historia de Shuki Shviaqu, de 22 años.

Shviaqu es uno de los pocos cantaores que hay en Israel que sin saber español, demuestra en los tablaos tal destreza con el cante que podría confundirse con la de cualquier maestro español.

«No hablo español pero entiendo el significado de las canciones.

Escucho todo tipo de música flamenca y así he logrado aprender a cantar», asegura Shviaqu.

Los caminos transitados por estos judíos enamorados del mundo andaluz son muchos y diversos. Un CD que cayó en sus manos, la fuerza de un espectáculo o un viaje turístico a España.

La joven Inbal Cohen, de 28 años, eligió ir a España tras finalizar el servicio militar.

«Llegue a un pueblo cercano a Cádiz y me topé con unas mujeres que estaban bailando flamenco. Inmediatamente me sentí identificada», explica.

Para Cohen el flamenco es una evasión. «Cuando bailo no pienso en los problemas que tengo. La vida aquí es muy rápida, este país es un estado de guerra permanente, sientes una inseguridad constante, debemos esforzarnos por vivir lo mejor que podamos y el baile es una forma de olvidar».

Según Cohen, el flamenco tiene ciertos componentes que «enganchan» al ser humano y asegura que sobre todo es una manera de comunicarse con otras personas a través del cuerpo, de las miradas y de la música.

Lo mismo opina Tomer Elmalah, un joven guitarrista israelí que descubrió el flamenco en un kibutz cuando una amiga le paso un CD.

«Me enamoré de su textura armónica, de su agresividad».

«El flamenco -continúa- entre otras cosas, es una manera de intentar aceptar el mundo emocional. El flamenco expresa al máximo la emoción. Nosotros los israelíes somos gente muy reservada y este arte nos ayuda a desahogarnos».

Pero los israelíes amantes del flamenco no se quedan únicamente con el arte, cada año un gran número de ellos viajan a España con el propósito de estudiar la cultura, la esencia, la lengua y las sensaciones del país para poder perfeccionar su técnica.

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